domingo, 8 de noviembre de 2015

30 Festival de Cine de Mar del Plata. Apunes 2. Ganadores.

Ya se conocieron los premios de la 30 edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y es grato saber que la película de la Competencia internacional El abrazo de la Serpiente de Ciro Guerra - una coproducción colombiana, argentina, venezolana- se quedó con el Astor de Oro a la Mejor película.


Teniendo en cuenta que entre los jurados se encontraba el Sr. Ricardo Aronovich (reconocido director de fotografía de títulos emblemáticos del cine local como Invasión de Hugo Santiago y que también trabajó con directores de la talla de Raúl Ruiz y Alan Resnais) el reconocimiento no sorprende. Es que si hay un aspecto que destaca de esta brillante película basada en los diarios de viaje de Theodor Koch- Grunberg  y Richard Evans Schultes, dos de los primeros científicos que recorrieron la amazonia colombiana en busca de una planta que creían medicinal, es el registro fotográfico en Super 35 mm.


La película alterna entre dos tiempos pasados: En uno un científico enfermo le exige a Karamakate que lo lleve al lugar donde se encuentra una supuesta planta sagrada. En el otro, nuevamente un científico, le exige a un solitario Karamakate que lo lleve al lugar donde se encuentra la misma planta sagrada. Filmada en riguroso blanco y negro, la película es una exploración sobre el encuentro de civilizaciones, pero también una meditación sobre el tiempo y la explotación de la naturaleza por manos de las corporaciones. Y a pesar de estar atravesada por referencias a otros relatos que abordaron el tema (Apocalipsis Now. Aguirre la Ira de Dios, El nuevo Mundo) el film de Guerra logra una voz absolutamente personal y de las más interesantes que ha dado el cine latinoamericano en los últimos años. Es que El abrazo de la serpiente es una película contemplativa (fiel a cierta tradición del cine de la región) pero al mismo tiempo bien construida en términos de trama. Es una aventura atrapante, local y folclórica pero no localista; es ideológica y sumamente política, pero sin maniqueísmos o declamaciones.


El resto del jurado estuvo integrado por el español Isaki Lacuesta (brillante director español  de títulos como La leyenda  del tiempo,  Los condenados, Los pasos dóciles entre otros), Marco Müller (director de festivales como Rotterdam, Roma y Venecia), Fiorella Moretti (directora de NDM, compañía especializada en ventas de cine de autor  de y hacia América Latina con sedes en México y Paris) y Elvio Gandolfo, ensayista y literato.

El director esloveno Iván Ostrochovsky se llevó el Astor al Mejor Director en la Competencia Internacional por Koza: un film austero, también sólidamente fotografiado, en colores, interpretado por un boxeador que hace de boxeador: Peter Koza Balaz antiguo luchador olímpico. Si hay algo que sorprende de este relato enjuto, de pocas palabras y rigurosa cámara fija es que ninguna de las peleas está filmada con la “ideal” steady de un lado u otro de los contrincantes. Es más, la última pelea (definitoria) solo es representada desde el fuera de campo. Esta elección es un verdadero acierto y seguramente ese fue uno de los aspectos que tuvo en cuenta el jurado al momento evaluar: La decisión del director de quitarle a la, o las peleas, todo sesgo de espectacularidad para concentrarse en el día a día de un luchador de las  bajas ligas que casi compite por el plato de comida, incluso arriesgando su propia vida, que tiene como manager a un ventajero y debe, además, mantener a una familia. En el periplo de Koza y su manager también emerge una Eslovenia desintegrada, sórdida, oscura. No por casualidad en la espalda del buzo de Koza leemos ESLOVENIA.  

(izq. Atom Egoyan)

El Premio del  Público, como anticipó quien suscribe en algunas intervenciones radiales, quedó en manos del consagrado director armenio-canadiense Atom Egoyan. Recuerda es una película que indaga en la vida de unos sobrevivientes del Holocausto  y tiene en el magistral Christopher Plummer  y su composición de Zev a su principal aliado. Este, con una incipiente enfermedad mental, acude al llamado de uno de sus compañeros del geriátrico para ejecutar una promesa que le había hecho a su difunta esposa, Ruth.

Recuerda, seguramente será recordado como el trabajo más lineal del director canadiense. Sin embargo es un film bien llevado que va mutando y, sobre todo, hace mutar a su personaje principal y lo que sabemos sobre él de manera magistral. Escrita por el joven Benjamin August, que de vuelta de un viaje a los Estados Unidos sintió que ya nadie hablaba de la guerra de Vietnam y pensó hacer algo similar con el Holocausto, la trama está construida en torno a la omisión y la memoria suprimida. En este punto, no sorprende que el director de origen armenio se haya sentido atraído por una historia que dice lo que no dice: el eje de sus anteriores trabajos, de Exótica a El Dulce Porvenir, fue justamente ese.

Sin embargo, a diferencia de sus películas construidas en forma de collage informacional, aquí los espectadores no dejamos de seguir ni un momento al personaje principal y los indicios que este, de una manera absolutamente hitchcockiana, va dejando en el camino y se resignifican al final. Mychael Danna, el colaborador de Egoyan desde hace años, aporta lo suyo a este trabajo sobre lo siniestro. Como le confirmó el cineasta a quien suscribe, la hermana de esta película es El viaje de Felicia donde Bob Hoskins (Hitch valga el guiño) interpretaba a un asesino serial que era el perfecto vecino. 

A propósito de cómo fue mutando su grupo de actores a lo largo de los años y si eso tuvo implicancias para su trabajo, Egoyan sostuvo “me interesa el diálogo con el público y para eso tengo que recurrir a estrellas.”. Aún así en sus trabajos, como en Adoration, siguen apareciendo su familia fílmica y real: En este Arsineé Khanjian, su esposa, interpreta uno de los roles. Recuerda se estrenará en los próximos en la Argentina. 

(En un salón del Hotel Provincial de Mar del Plata. Izq. Atom Egoyan, derecha quien firma) 

Los premios restantes de la Competencia Internacional recayeron en Erica Rivas que por su trabajo en la peícula La luz Incidente del argentino Ariel Rotter se llevó el Astor a la Mejor Actriz, en los actores de El Clan, de, chileno Pablo Larraín que también se quedó con el Premio al Mejor Guión.




jueves, 5 de noviembre de 2015

30 Festival de Cine de Mar del Plata/Apuntes 1



Seguramente el 30 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata sea recordado como el que tuvo la mejor programación en años. Y eso se debe a la presencia de José Martinez Suarez que desde que empezó su gestión al frente del evento se preocupó por poner en el centro de la escena a las películas y no a las “figuras” como se lo demandan, incluso, personas de su propia familia. Y después de mucho luchar cual naufrago contra esos y otros vientos (imagino, especulo) este año logró una Competencia Internacional a la altura de un festival de clase A - aunque podamos discutir esta categorización – , una sólida Competencia Argentina, una interesante Competencia Latinoamericana y a su vez contar con los últimos trabajos de directores a esta altura incuestionados (por su obra y el legado que empiezan a dejar en muchos) en el mapa del cine global como el tailandés Apichatpong Weerasethakul, el japonés Kitano, el taiwanés Tsai- Ming Liang (la lista de cineastas asiáticos podría seguir) y europeos como Arnaud Desplechin que con la película que abrió el festival, Tres recuerdos de mi Juventud, mantiene vivo el espíritu de Truffaut. 

El hecho de elegir para la Apertura una película francesa es todo un gesto para un festival que en algún momento quiso ser el faro del cine latinoamericano, una meta en parte difícil de conseguir al 100 %. Por un lado, los directores de la región muchas veces prefieren mostrar primero sus películas en los festivales europeos de más renombre. Por otro lado, elegir una película como Tres recuerdos de mi juventud para la inauguración es un homenaje al pasado, un guiño a la Generación del ’60 (a la cual se asocia al mismo Martinez Suarez)  que se nutrió de la nouvelle vague. Un “movimiento”, que como sostenía el mismo Godard, se jactaba de haber contado con  “los primeros cineastas en saber que Griffith existió”.

Aún así, y valga las paradojas, la mejor película de la Competencia Internacional vista por quien suscribe fue la colombiana El abrazo de la Serpiente de Ciro Guerra. Filmada en Super 35 mm en medio de la selva amazónica en la película de Guerra confluyen relatos tan dispares como Aguirre, la ira de Dios de Herzog, El nuevo Mundo de Terrence Malick y Apocalipsis Now de Coppola. Sin embargo, Guerra se las ingenia y crea algo original, superador en varios aspectos que escapa a los maniqueísmos en su exploración sobre el contraste entre el hombre occidental  “civilizado” y el hombre de la selva atrapante en cada plano, en cada diálogo, en cada posta y vuelta de río. El resultado: una película perfecta.

Debo decir que no me gusta hablar mal de las películas,  hoy más que ayer soy conciente de lo dificultoso que es la realización, pero la película argentina Mecánica Popular de Alejandro Agresti me pareció poco lograda en algunos aspectos. El más importante es que se supone que es una película de tesis que discurre filosóficamente sobre distintos temas pero sus personajes gritan tanto y están tan exasperados que en varios pasajes no entendí bien lo que decían. Zavadikner (quizás el personaje más soberbio y desagradable del cine argentino reciente) es el jefe de una editorial al que una noche se le aparece una escritora, Silvia, que violentamente le demanda que lo publique, esa misma Silvia luego se transforma en la esposa del editor que también le demanda y reclama cosas. En el medio de una catarata de insultos, enojos, pensamientos sofisticados, autores, pensadores disímiles, alcohol y sexo (una suerte de relato salvaje pero con pretensiones intelectuales) ocurre una fatalidad que se resignifica a la mañana siguiente. Me gustaron otras películas de esta director, que ha mostrado un gran talento en muchas circunstancias, pero de esta quedé en todo sentido afuera.

Cementerio de Esplendor
 
 El director que no me defraudó es el querido Apichatpong Weerasethakul que con Cementerio de esplendor indaga en la mecánica popular de un hospital de provincias en Tailandia donde conviven una mujer con una diferencia de centímetros en sus piernas, una psíquica y un soldado que se despierta y se duerme cada tanto. Conectados a través de sus sueños y sus relatos los personajes transitan distintos escenarios cotidianos que, vistos desde el lente de Joe, parecen sacados de un cuento de hadas. La verdad es que a las películas del tailandés es mejor verlas que tratar de explicarlas pero hay aspectos comunes a su vasta filmografía en esta como las trasmutaciones, la presencia de deidades paganas y las lagunas informacionales. Un cine de preguntas más que de certezas que no se parece a nada, ni a nadie. 

sábado, 12 de septiembre de 2015

15 Festival de Cine Alemán

La 15 edición del Festival de Cine Alemán que se desarrolla en Buenos Aires hasta el miércoles 16 de septiembre en los Villages Recoleta y Caballito, muestra una variada e interesante selección de títulos recientes (la mayoría de 2014) que confirman que la alemana es una cinematografía pujante y no solo sostenida por incuestionables referencias como Christian Petzold o  Doris Dörrie.

Para empezar, la película de Apertura del festival Laberinto de Mentiras de Giulio Ricciarelli es un retrato contundente sobre el inicio del juicio a los criminales de Auswichtz mentado por el fiscal Bauer. Lineal, clásica en su estructura de película de investigación (con referencias a las películas de juicios) la ópera prima de Ricciarelli (otrora actor) atrapa en su seguimiento a un joven fiscal que va descubriendo que a su alrededor no solo no quieren ver qué hicieron los nazis sino que además fueron muchos, de alguna manera, cómplices.

(Laberinto de Mentiras)

Sin embargo, lejos de otros films que abordaron el Holocausto con un sesgo amarillista o espectacular (apelando por ejemplo a la identificación emotiva y por tanto catártica del espectador) el film de Ricciarelli da cuenta de los procesos subterráneos, los cimientos del nazismo y también de la resistencia para que lo ocurrido se conozca. En ese punto, a pesar de su descripto clasicismo, la película se vuelve brechtiana. De hecho, ninguno de los personajes es mostrado como héroe, aún cuando hay motivos más que suficientes para que los veamos así.

Siguiendo con esta línea, Auswichtz como espacio físico, solo aparece como una referencia simbólica, en ningún momento los personajes lo transitan, o caminan. En Buenos Aires Ricciarelli expresó que esta elección fue deliberada y pensada, como también lo fue el hecho de que no aparezcan imágenes del horror.  Por supuesto, esto no alivia pero sí permite un acercamiento más profundo al tema.

(Giulio Ricciarelli en Buenos Aires)

Otro film para destacar es Las Mentiras de los Vencedores de Christoph Hochhäusler. Aquí un joven periodista de una revista de denuncias políticas y corrupción se interesa en el caso de un hombre que se quita la vida arrojándose a la jaula de un león en un Zoo. A partir de allí se entrecruzarán la guerra en Afganistán (habría que dejar de decir la guerra de porque los pobres afganos tienen poco que ver con eso) con una corporación que en principio recicla elementos tóxicos.

A Soderbergh quizás se le hubiera complicado hacer coincidir narrativamente las piezas de este rompecabezas pero Hockhäusler sale airoso y atrapa con una propuesta con referencias a los films noir, por la presencia de la femme fatale y la cita a Bogarth, que recuerdo al mejor Abel Ferrara. El director es también fundador de la revista Revólver.

Otra película fascinante es Remake, remis, rip-off de Cem Kaya, un documental que haciendo honor a su título se sostiene prácticamente por el trabajo de montaje y compaginación de entrevistas a los hacedores de películas realizadas en los años setenta en Turquía que eran, a su vez, versiones de películas norteamericanas de la época como El exorcista, La Guerra de las Galaxias, Rambo, etc. Mucho antes del lema de la piratería como forma de arte, propio del Siglo XXI, los turcos se las ingeniaron para hacer miles de películas.

(Rambos)

Pero lo que comienza en tono casi jocoso (mostrando el vómito de pasta que parece dentífrico de la doble de Linda Blair, la cantidad de canciones que sacadas de contexto funcionaban en otras escenas, el travelling sobre jabones de lavar la ropa) se termina transformando en una reflexión sobre el ímpetu por hacer películas a toda costa para satisfacer la demanda, salteando leyes de todo tipo: sindicales e incluso de seguridad e higiene.

Sorprende que el país del laureado Nuri Bilge Ceylán (director de Cuento de Invierno entre otros títulos de cine arte) tenga una tradición tan fuerte en películas pop pero eso de alguna manera quizás explique los productos actuales como la aquí popular telenovela Las mil y una noches.






viernes, 19 de junio de 2015

INTENSA MENTE de Disney-Pixar

Intensa Mente, la última entrega de Disney-Pixar  es una apuesta inteligente, brillante, creativa y los elogios podrían seguir. Pero ¿qué es lo que hace que este film, que cuenta en sus créditos a John Lasseter (director y productor de varios trabajos de Pixar como Toy Story) y a Peter Docter (Toy Story, UP) una auténtica gema en la historia del cine comercial? Varios aspectos…


Uno, el diálogo entre arte y ciencia, específicamente entre arte y neurociencia. Si bien en los últimos años muchas películas han tomado la mente como escenario para desarrollar las tramas (Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos o Memento) pocas habían sido tan específicas al momento de mostrar que el cerebro humano y todo lo que atañe a nuestra memoria está compartimentado. Tampoco ninguna película había sido tan elocuente al momento de señalar que en el cerebro pasa constantemente de todo y que, incluso, los vaivenes emocionales también tienen lugar allí.

Sí, en el film, hay algo de ilustración de algunos conceptos como pensamientos centrales, memoria a largo o corto plazo que seguramente en el futuro (como en su momento lo fueron el inconciente y/o conciente) serán de uso corriente, cotidiano y que también, quizás, sirvan a los científicos para ilustrar algunos aspectos de sus clases, pero la película de Pixar no se queda allí. Intensa Mente no es manual sino que se las arregla para a partir de allí contar una historia que transcurre casi enteramente en la mente de su protagonista: Riley.

En este sentido, hay muchas tramas simultáneas en la película. Una es la interacción de Riley y el mundo exterior: la relación con sus padres y la mudanza que la lleva de una ciudad a otra, por un lado, otra es la historia de las emociones que la habitan (Furia, Alegría, Desagrado, Temor y Tristeza) y por último está la historia, el viaje alucinante, de Alegría y Tristeza por los recuerdos de Riley. Todas las tramas están entrelazadas con un  ritmo y una armonía dignos de admirar.

La trama más importante es el viaje de Alegría y Tristeza. Siguiendo las premisas del viaje de iniciación, los personajes viven una aventura que los lleva a conocer y descubrir cosas que no sabían. Una de ellas, por ejemplo, que Alegría también necesita a la Tristeza para armonizar la vida de Riley. Es que, lógicamente, Riley no puede vivir todo el tiempo contenta.


Este descubrimiento que se da en el desenlace de la película (y no develaré cómo ni por qué) es muy importante, si se quiere, como mensaje: para crecer hay cosas que debemos dejar atrás. A diferencia de muchas otras películas infantiles en Intensa Mente la pérdida la lleva a Riley a crecer, a fortalecer su personalidad.

Intensa Mente no es una película sin mensaje (o moraleja sino no sería un cuento infantil) pero su  mensaje es superador de otros alimentados por los cuentos infantiles u otras películas de Disney donde la pérdida condicionaba a los personajes, los hacía más débiles, como a Bambi y/o Cenicienta, y por tanto más proclives a los abusos.

También es superadora del asunto de las princesas. De hecho, en un momento las Emociones las descartan o se refieren a ellas como una etapa que hay que dejar atrás. Teniendo en cuenta los traumas que también conlleva creer en los príncipes azules (véase sino Las 50 sombras de Grey y/o la local Abzurdah en este blog) es para celebrar que Intensa Mente apueste a contar la historia de una niña en tránsito hacia la adolescencia y que lo haga haciendo hincapié en que para superar las situaciones ella cuenta con sus propias emociones como aliadas y no con la ayuda de un agente externo: llámese príncipe o hada madrina. 

Por otro lado, es una película que también se nutre de las filosofías orientales, del Budismo específicamente, ya que se refiere a los pensamientos que nos habitan (los buenos y los malos) y cómo contrarrestarlos, sobre todo a estos últimos.

Está circulando un cortometraje: Brain Divided de Josiah Haworth, Joon Shik Song and Joon Soo Song que también parte de la premisa del adentro y del afuera, de lo que decimos y pensamos y de cómo a veces esas corrientes pueden ser contradictorias. Aún cuando los realizadores del corto negaron ellos mismos cualquier intento de copia (de un lado u otro) las semejanzas son realmente sorprendentes. Pero acaso esta premisa de lo que decimos y pensamos ¿no estaba ya presente en la serie de fines de los noventa Ally McBeal?

Aquí se puede ver Brain Divided: https://www.youtube.com/watch?v=JuyB7NO0EYY

En pocas palabras, la pureza, la originalidad en la era de la reproductibilidad es una “virtud” difícil de alcanzar pero qué hermoso es ir al cine a enfrentarse con algo conocido y al mismo tiempo innovador, con una película como Intensa Mente que tiene las dosis exactas de experimentación y esquematismo y que, como ocurre pocas veces, nos hace salir del cine mejores y no: lo contrario.


viernes, 5 de junio de 2015

Abzurdah, de Daniela Goggi por Lorena Cancela

Hay varias cosas que decir como prólogo al comentario sobre Abzurdah, la película. La más importante es que está basada en la historia de Cielo Latini una adolescente que atravesó la traumática experiencia de la bulimia y la anorexia y pudo hacerla historia, pudo hacerla relato unos años después. Desde ese lugar, la figura de Cielo es para admirar: seguramente no fue fácil escribir y al hacerlo revivir una experiencia personal  extrema.



Por otro lado, está el tema de la celebridad de la protagonista de esta historia llevada a la pantalla grande: Eugenia Suárez. Digo celebridad porque vi esta semana que fue portada de varias revistas de espectáculos donde, al menos así lo especifica un recuadro, cuenta su relación con el cantante español David Bisbal. No leí la nota, solo me detuve a mirar la tapa para ver cómo era Eugenia como actriz, o ícono si se quiere, y percibí una persona contenta. Este comentario tiene sentido, al menos para mí, para explicar que desconozco otros trabajos de Eugenia dado que llegué tarde, o temprano (depende como se lo mire) a los productos de la factoría de Cris Morena de donde, tengo entendido, Eugenia emergió.

Cuando la vi en la película me sorprendió gratamente: su trabajo es preciso, detallista, sutil, si es que cabe la palabra para referirse a acciones que son más bien violentas. Lo interesante es que compone a Cielo desde un lugar anti Actor´s studio en el sentido que no se fusiona del todo con ella sino que la hace moverse teniendo un punto de vista sobre ella. Eso le permite ir de la altanería y la soberbia a la desesperación, del capricho a la manipulación de una manera fluida. Supe que tuvo como coach (se utiliza esta rara palabra ahora) a Andrea Garrote, una actriz con mucho teatro atrás.

Todos los actores están excelentes (Esteban Lamothe, Rafael Spregelburd, Gloría Carrá) en sus papeles aún cuando sean secundarios porque la acción gira en torno a Cielo. Pero, tampoco es del todo pertinente en este caso caer en el hecho de mirar solo el trabajo actoral porque creo que estamos frente a una historia contundente, que es interesante que se instale en la agenda para pensar algunas cosas.

En este punto quiero de entrada exponer un disenso con respecto al slogan promocional del film: “A veces el amor duele.” La verdad es que el amor no debería doler, al contrario, debería ser algo gozoso. Es verdad que no siempre podemos los seres humanos lograr esta máxima, pero el amor no debería doler. En ninguna etapa. Hay que mitigar un poco el efecto comercial de “Las 50 sombras de Grey” tratándose de temas tan delicados.

Aquí adjunto el trailer para los que no lo vieron:


La historia de Cielo, de la película, es fundamentalmente la historia de una adolescente de “clase media alta”, según se define, que se enamora de un hombre más grande que ella. Y se enamora, digamos, demasiado hasta traspasar varios límites, incluso los de su propia supervivencia. Algo de Cielo se activa y se empieza a manifestar como síntoma cuando este hombre, Alejo, le pone distancia. Este hombre Alejo es un poco raro como personaje en el sentido que no termina de entenderse si es un perverso, un colgado, un manipulador, o un “piola”, un tipo que solo busca satisfacer con una chica más joven sus impulsos sexuales y poco le importa esta como persona.

De todas maneras, los padres no se llevan una mejor parte, sobre todo, la madre. La mamá de Cielo (Gloría Carrá) es una persona fría, estricta, y con poca intuición para entender lo que le pasa a la hija. En este contexto, no es raro que el padre (Rafael) tenga un rol más blando, más contenedor. Sin embargo, hay un momento realmente emocionante cuando esta pareja se une para ayudar a su hija. Una hija que tiempo atrás les había pedido ayuda cuando les imploraba ir a un psicólogo.

El asunto del psicólogo me parece central porque incluso desdice el  citado slogan. El conflicto de Cielo no viene solo por su vínculo poco gratificante con Alejo, viene de antes. Creo que leer la película como que Cielo atravesó lo que atravesó solo porque un hombre jodido se le cruzó en la vida es un poco simplista. Hay contextos, influencia de los medios de comunicación, problemas de incomunicación, una infinidad de factores que hacen que la autoestima de un ser humano, y de una adolescente, se socave.

Desde ya, la adolescencia es una etapa especial, donde se acentúan muchas cosas, donde crece el espejismo de “no puedo vivir sin esta persona que es todo”. Quizás, sobre todo a las mujeres, deberían leernos menos cuentos románticos. Insinuar “a veces el amor duele”, y sobre todo a la luz de los hechos en la Argentina, no está bueno. Creo que en vez de adelantar, y lo digo con todo respeto (sin ánimo de ser una predicadora hipócrita) atrasa. Nos conduce e eso de cargar con la cruz, de soportar el sufrimiento solos, sin ayuda, porque así es la vida, una idea todavía muy arraigada.  

Yendo a lo estrictamente cinematográfico la película técnicamente está muy bien. No es la primera vez que el cine argentino demuestra el crecimiento en este punto, aunque sí es una de las pocas veces que el cine local contemporáneo elige trasponer un libro de un autor local joven. Eso es auspicioso. Después está el modo de la película, el cómo contar los hechos: Daniela Goggi, la directora, elige un camino acertado fusionando dos géneros: el de la película teen, al comienzo, y el de la película de terror de la mitad hacia el final (sobre todo en el uso que hace del sonido y algunos contrapicados).


En síntesis, Abzurdah es una película argentina muy interesante de ver y debatir…

jueves, 23 de abril de 2015

17 Bafici/Idilio

Fue realmente una grata sorpresa encontrarme con la ópera primera de Nicolás Aponte A. Gutter, Idilio, que compite en la sección de películas argentinas del 17 Bafici que mañana anunciará a sus ganadoras.
La película, filmada en riguroso blanco y negro, comienza con una definición de su título. A partir de allí se suceden distintos planos fijos donde Camila (Paula Carruega, una brillante y sorprendente actriz) le cuenta a un interlocutor que se encuentra fuera de campo su situación sentimental con Martín.

Dicho así el lector podría suponer que estamos frente a una película contemplativa (del estilo Five de Kiarostami) pero no: la interpretación de Paula es tan contundente que a la inmovilidad de la cámara se contrapone la intensidad de sus emociones y pensamientos sostenidos con tanta convicción que la película parece casi un documental. De hecho, el mismo director al finalizar la proyección dijo que una de sus intenciones era esa.

(Paula Carruega, en Idilio)

A su vez, entre plano secuencia y plano secuencia hay canciones excelentemente elegidas, magníficas todas, que comentan la “acción”. Las canciones, completas, son acompañadas por un plano negro. ¿Es posible estar en el cine y no ver? Pues sí, es posible, este es un ejemplo que nos recuerda al comienzo de Bailarina en la Oscuridad.

Llama poderosamente la atención que una mirada masculina pueda ser tan acertada y tan aguda al momento de describir algunos mecanismos femeninos. Creo que Aponte no elige a una como protagonista porque “está bien”, porque estamos hablando temas de género. Creo que el hombre es un auténtico feminista, un tipo que disfruta estando entre mujeres. Entre paréntesis a la salida de la película me crucé con la mamá que me confundió con Valeria Bertuccelli, un encanto de mujer.

Es más, se puede percibir esto desde los créditos: quien aparece en los créditos antes que el director (al mismo nivel en el sentido de tipografía de letra y tamaño y no al final) es la productora de la película: Florencia Gasparini Rey. Una pieza clave, intuimos, en el entramado de esta pequeña pero grandiosa película que representa al auténtico cine independiente que se hace en el país.

Una vez, hace unos años, me tocó viajar al Festival de Cine de Mar del Plata en un micro nocturno con Aponte. Nos saludamos, intercambiamos un par de palabras, nos  subimos al micro, me acomodé en el sillón y me dormí. Después nos seguimos cruzando en eventos. Ayer en la presentación de la película en Buenos Aires me encantó descubrir que atrás de ese chico afable hay, además, una suerte de Truffaut contemporáneo.


miércoles, 22 de abril de 2015

Letter to Max de Eric Baudelaire/Carta a Max en 17 Bafici


Resalta en la Competencia Vanguardia y Género del 17 Bafici la película Letter to Max de Eric Baudelaire (fotógrafo, artista plástico, nacido en Utah) que fue muy bien recibida en distintos festivales el año pasado. Sustentada en un intercambio epistolar entre el Max del título y el mismo realizador, la misma recorre los últimos años de su protagonista (Maxim Gvinjia) en los cuales no solo fue testigo de la separación de Abjasia de Georgia sino donde que fue parte “funcional” de ese proceso.

Pero el documental no es (felizmente) nada parecido a ningún otro que aborda la vida de un político devenido en funcionario público. Es, en todo caso, una reflexión sobre el tiempo, la imagen y las posibilidades de esta de ser, o no, huella de una historia. Porque lo que no deja nunca lado Eric es la aproximación cercana a Max, amistosa y compinche (aunque en el final se pregunta si está bien un film contado solo desde su punto de vista).

En la vida de Max confluyen los últimos años de la convulsionada historia entre Georgia y sus vecinos, los estragos de la guerra, y al mismo tiempo la propia historia personal de Max. En algún sentido, y eso es lo que hace simpático también el retrato, Max es el anti- político: alguien muy poco preocupado por el dinero, por el poder, “muy poco ambicioso”, “frágil”, como él mismo se define.

Por las cartas que son enviadas desde Francia por Eric, Max va respondiendo y compartiendo de manera oral trozos de su vida: su relación con sus papás, su esposa, hijos y amigos. Mientras tanto, las imágenes nos ilustran un presente pero que podría ser pasado, donde los objetos de Abjasia (sus monumentos sin restauración, sus piezas de ingeniera en desuso, sus casas derruidas) conviven con una naturaleza expectante, silenciosa.

La cámara, muchas veces tiembla delicadamente, como emocionada frente a lo que descubre. En algún sentido, la película es una road-movie pero de la memoria: al recorrer a través de las cartas  lo que Max fue haciendo en su vida, asistimos a su viaje interior, conocemos sus  secretos y anhelos. Conocemos los sueños de Max: el hombre que bien podría haber sido el protagonista de La Terminal (2004).


martes, 21 de abril de 2015

17 Bafici/Court de Chaitanya Tamhane

Hay películas en algunos aspectos imperfectas pero que tienen la virtud de permanecer en la memoria, que cuestionan nuestros saberes desde algún lugar. Este es el caso de Court del dramaturgo indio Chaitanya Tamhane. En el linaje de la IPTA, aquella agrupación de teatristas devenidos en cineastas que ejerció el realismo social en la convulsionada India de los años ’40, el film de este hombre nacido en el ’87 toma la historia de un cantautor acusado de de distintos cargos y expone no solo lo fallido que puede ser el sistema judicial sino, fundamentalmente, las diferencias sociales y la marginalidad de aquellos indios que no tienen acceso ni a una educación, ni a una pensión digna, aquellos que el Estado en vez de proteger, aísla y persigue.

Sin embargo, si bien la película toma un tema social, lo desarrolla casi como si fuera una película de juicio al estilo de la Ley y el Orden. O sea, el director no se deja llevar (excepto en el final) por el dictado de los cánones festivaleros, es coherente con lo que quiere contar y con como lo quiere contar. En casi todas las películas llamadas independientes (no me pondré ahora a discutir el concepto) hay alguna escena de baile que es como un descanso en la trama, que no tiene nada que ver con lo que se está contando. Aquí, por el contrario, esas escenas son totalmente funcionales a la trama y alejadas del exotismo. 

(Imagen de Court)

Es sorprendente la mirada global que el director de apenas 28 años tiene sobre todos los personajes de su historia: el poeta, el abogado, la abogada acusadora. Incluso es elocuente como muestra las diferencias entre ellos. Generalmente, las películas que circulan por festivales realizadas por muchachos en los veinte adolecen de una lectura socio-política tan bien sustentada. Por ejemplo, Los exiliados románticos (que compite con Court) refiere a cuestiones políticas pero las elude rápidamente, se aliena de ellas, como si no pudiera tocarlas de frente, como si tocarlas atentara contra cierto equilibrio.

Por otro lado, la manera en la cual el dramaturgo se refiere a Bollywood es más que interesante. En vez de incorporar una cita, o una queja, refiere al mastodonte de la Industria cinematografía India desde un lugar lúdico y al mismo tiempo cuestionador. En síntesis, en Court la Competencia Internacional tiene una representante a la altura y nos acerca a un director que ansiamos desarrolle una gran carrera para mostrarnos su mirada sobre India. No olvidemos que en esta sección del Bafici se presentaron años atrás los primeros trabajos de directores como Apichatpong Weerasethakul.

También en Competencia Internacional se encuentra The kindergarten teacher de Nadav Lapid. El realizador israelí que obtuvo hace unos años el Premio más importante por Policeman, vuelve con una película por momentos muy interesante. Una maestra de jardín de infantes se interesa por demás por un alumno que tiene el don de escribir estupendos versos. Obviamente, el talento del niño, y como reacciona su entorno ante este, funciona como metáfora de una sociedad. El director pone la mirada en situaciones reveladoras pero en algunos pasajes no termina de desarrollar del todo a su personaje principal.

La maestra, por momentos, me hizo acordar a una de las mujeres atormentadas de las películas de Antonioni. Luego de ver WHY?, el corto que Lapid también presenta en el festival, concluí con que no estaba tan errada al relacionarlo con el cine italiano de historias de alienación. 

viernes, 17 de abril de 2015

17 Bafici/Apertura/Ragazzi/Los exiliados románticos

Viajes...

Realmente, no pude tener mejor comienzo de este 17 Bafici que con esta película. Disfruté enormemente El Cielo del Centauro de Hugo Santiago, gocé estéticamente con este viaje por una Buenos Aires ficcional pero que se parece bastante a como a veces la percibo. Un marinero francés llega al puerto de la ciudad para entregar un paquete que le es robado por una pandilla. La película está plagada de referencias (a las películas de pandillas, al mismo nuevo cine argentino a través de la presencia de determinados actores) pero también a la literatura y la pintura local. Siendo porteña pero habiendo vivido muchos años fuera de la misma por momentos compartí esa mirada turística, lúdica, que tiene el narrador sobre una situación que le pertenece y al mismo tiempo le es ajena. La apuesta de Santiago no es realista, ni naturalista, es más algunos de los objetos que aparecen (como si fueran el síntoma de una fusión de culturas y referencias cruzadas entre el tango y la filosofía asiática) fueron especialmente diseñados. Quizás la clave de esta apuesta haya que buscarla en una escena emocionante donde el personaje femenino le explica al marinero cómo Cándido López pintaba la guerra contra el Paraguay: como algo plácido, casi naif podríamos decir, y no como lo que verdaderamente fue.

De un viaje también trata Los exiliados románticos de Jonás Trueba. En su nueva incursión en el largometraje, el hijo de Fernando filma una road movie con un  grupo de amigos que discurren sobre el amor como en algunas películas de Eric Rohmer pero en un tono más jocoso. La película tiene momentos muy interesantes y en algún punto se puede relacionar con la anterior porque acá también todo parece lindo. Como si el hecho mismo de viajar hiciera al mundo más hermoso (más allá de los conflictos sociales o interpersonales). El viaje, el desplazamiento físico como forma de vida es la marca de esta película que también homenajea, insisto en un tono más cómico e incluso paródico, al cine de Linklater.

(Imagen de Ragazzi)

Con Ragazzi Raúl Perrone continúa buceando en lo que inició con P3ND3JOS y antes también: mirar a los pibes, los ragazzi del título, tratar de entender sus códigos, pensamientos, formas de estar y sentir al mundo donde los adultos no contienen. Pero en este caso la exploración está hecha desde un lugar onírico, incluso lisérgico. Hay distintas tramas simultáneas en el film divididas por movimientos; la de un grupo de pibes que juegan al fútbol, la de la referencia a Pier Paolo Pasolini, su legado y/o muerte (de hecho algunos de los textos que aparecen son del teórico y cineasta italiano), la trama de los pibes en el río. Hay cruces de variadas estéticas visuales (cine mudo, encuadres que remiten a una super 8, sobreimpresión) y auditivas como lenguas inventadas (en realidad es audio dado vuelta) y ópera y cumbia. Por momentos la película parece una suerte de Un perro andaluz pero filmado a dúo por Mekas y Pasolini. El entorno, Ituzaingó, está prácticamente borrado: las vueltas a la plaza principal con sus inevitables carteles (como el de la tienda Londres) no funcionan desde un lugar icónico. De todas maneras, en algunas escenas está el Perro del origen: por ejemplo cuando se detiene a observar un grupo de canes que quieren servir a una perra y ella no se deja. Cosas de la memoria, la escena me hizo acordar al diálogo picante que tienen las amigas de 5 pal peso al lado de la pileta donde hablan de sexo con cierto detalle. Obviamente, acá el foco están puesto en lo salvaje, lo animal, pero la escena ¿no podría funcionar transitivamente? En fin, eso también da cuenta de los viajes que tenemos los que estamos sentados en la butaca.  


viernes, 10 de abril de 2015

Adelanto 17 Bafici: corto En Las Nubes


Amor global

El Bafici proyecta un aluvión de películas pero los cortometrajes también tienen su espacio y sus adeptos. Hoy tuve una grata sorpresa al encontrarme con En las nubes un trabajo de Marcelo Mitnik, que viene de ganar un premio en el festival de Phoenix, y explora la comedia romántica de enredos con un tono fresco y al mismo tiempo local y foráneo.

No develaré detalles de la trama solo comentar que versa sobre el casamiento y la importancia, o no, que este puede tener para los personajes. O sea, dentro del género de la comedia el corto explora ese, digamos subgénero, de la propuesta de casamiento que el cine de Hollywood ha sabido explotar muy bien infinidad de veces.

Mitnik logra aquí una fusión interesante, y una vuelta de tuerca cómica, entre ese subgénero y el componente local de la indagación del amor en tono existencial. Personalmente, creo que la película tiene la virtud de al tiempo que explora el amor indagar en dos idiosincrasias (aunque en el final se borren las fronteras).

Hablado en inglés y español (el mismo director tiene una vida bilingüe), En Las nubes elige como locación una zona de Buenos Aires poco explorada que aquí se entrelaza muy bien con la trama. Los actores acompañan muy bien la "propuesta". 

Se puede ver: Miércoles 22 a las 20:15 hs en Village Recoleta Sala 3, repite el Jueves 23 a las 14:40 hs en Village Recoleta Sala 3 y el Sábado 25 a las 20:00 hs se puede ver en el Cultural San Martín Sala 2.



jueves, 2 de abril de 2015

17 Bafici


El próximo 6 de abril comienza la venta de entradas (entre 25 y 30 pesos) para la 17 edición del Bafici (Festival de Cine Independiente de Buenos Aires) que se desarrollará entre el 15 y el 25 de abril. Más de 400 títulos y una variada programación en la que conviven clásicos del cine de arte con los cineastas más avant-garde (sobre todo en una sección que viene cobrando protagonismo llamada Vanguardia y Género) se exhibirán en el Village Recoleta (sede central)  y sus 10 salas, junto a las tradicionales Alianza Francesa, Malba Cine y Centro Cultural San Martín, Fundación Proa, Planetario, Arte Multiplex Belgrano, Village Caballito y Anfiteatro del Parque Centenario donde se realizarán las funciones gratuitas.

martes, 31 de marzo de 2015

Ave Fénix, obra magistral de Christian Petzold

Con Ave Fénix Christian Petzold construye un relato intertextual (entre el drama de posguerra y el thriller) con múltiples capas de sentido que tienen al amor y la pareja, como pregunta, en el centro de la escena, para a partir de allí disparar sentido hacia otras zonas. Apelando a una narrativa clásica, con reminiscencias a Fassbinder, el guión que Petzold escribió con Farocki, está lleno de detalles, y de informaciones a tener en cuenta para comprender la profunda reflexión que plantea el film.

(imagen)

Una mujer que sobrevive a un campo de concentración con la cara desfigurada retorna a su lugar donde le practican una cirugía “recreativa”, como le dice su amiga Lena. A Nelly le cuesta adaptarse a este rostro, tiene heridas abiertas (literales y metafóricas) y una crisis de identidad. Su principal anhelo es reencontrarse con su esposo Johnny, a quien finalmente encuentra aunque este no logra reconocerla.

La anécdota remite rápidamente a Vértigo de Hitchcock  y por supuesto a Más allá del olvido de Hugo del Carril. El retorno del ser amado como la continuación de un amor más allá. Sin embargo, el guión magistral que Petzold escribió con Harun Farocki (quien no llegó a ver la película terminada) tiene ribetes, detalles más oscuros, vueltas de tuerca que llevan la historia hacia un lugar menos romántico.

En general, los personajes que retornan lo hacen por un motivo: para aclarar algo,  comprender algo o reencontrarse con alguien. Y el personaje de Nelly (interpretado por Nina Hoss, actriz fetiche de Petzold, sublime en su rol) no es la excepción. Nelly vuelve a encontrarse con su marido, con su verdadero marido: un ser mucho menos ideal que el que ella recordaba cuando estaba detenida. La reflexión sobre la “naturaleza” del amor en Ave Fénix no un tema menor

Ese hombre que no la reconoce, que en su recuerdo le salvó la vida (la memoria es selectiva) le propone un trato, una estafa: que se haga pasar por su esposa muerta para cobrar una herencia que repartirán a porcentaje. ¿Qué ha pasado con él? ¿Se ha vuelto así por la guerra? ¿Es esta la que lo ha llevado a ser un hombre frío y calculador? ¿No era acaso un músico sensible?

Nelly, para recuperar a su esposo, acepta el juego, y mientras lo hace aprende de nuevo a ser ella misma. Y mientras juega, tiene la ilusión de que de un momento a otro su esposo la volverá a recordar. Y nosotros, espectadores, ansiamos que eso ocurra para que Nelly pueda, o tenga la posibilidad, de obtener lo que tanto deseó. Pero el guión nos va brindando pequeñas informaciones que aunque sueltas, son contundentes: Johnny no fue el príncipe azul que Nelly recordaba.

De todas maneras, nunca accedemos a él. Toda la película (tal en otras películas de Petzold como Yella o Bárbara) vemos las situaciones desde el punto de vista de la mujer: es a Nelly a quien observamos sufrir, pensar, amar o actuar. A Johnny, exceptuando la mueca final, cuando es finalmente descubierto, no podemos acceder. Pero ¿es Johnny un malvado?

En todo caso, es un negador. Él está convencido de que su esposa ha fallecido, por eso no puede aceptar su retorno. No puede aceptar a una esposa con heridas. La historia no profundiza, ni corrobora lo que Lena le dice a Nelly: que fue Johnny quien la entregó. Hay  puntos oscuros, sueltos, que lo sugerirían, pero esto no se aclara del todo.

La posguerra, es el escenario donde se articulan estas cuestiones, Petzold acentúa el aire de maqueta de los exteriores, y de los interiores también. Por eso lo que empieza como una película sobre la guerra (aunque esta con su horror acecha) muta en un film de suspenso y después en una profunda y dolorosa reflexión sobre “la naturaleza” del amor.

Había leído tanto que la película hablaba de la identidad que especulé con que me encontraría con una reflexión en este sentido. Por supuesto, hay toda una línea argumental que se explayar sobre y esto y también le permite a Petzold ir sobre un tema social: el día después de la guerra cuando se levantaron las fronteras, volvieron los sobrevivientes, los norteamericanos están por acá y por allá, las familias de los nazis también. O sea, la historia privada, íntima funciona como alegoría de un conflicto mayor que el cine no ha explorado mucho.

Pero también está el otro tema: el de la desgracia del amor. Porque Nelly, como personaje individual, descubre que mientras casi todos la reconocen (la Sra. Elisabeth, la dueña del hospedaje que la ocultó, su amiga Lena, los supuestos amigos) Johnny no logra reconocerla hasta el final, quizás porque antes tampoco la había conocido realmente.

Cuando Nelly termina de aceptar esto (casi le es más fácil comprender que él podría haberla delatado, el diálogo en la bicicleta es paradigmático en este sentido, que el hecho de que él no la reconozca) es cuando resurge con un canto como un Ave Fénix. Resurge de sus propias cenizas y crece (solo por ese desenlace a Hoss deberían darle unos cuantos premios), se eleva.

Quizás, también, en algún punto la historia de Nelly sea la Historia, con mayúsculas, de Alemania: un país que en el final de la guerra se quedó sin identidad, se quemó al ver el horror que ella misma había cometido, y tuvo que “recrear” (no reconstruir) sus ciudades y sus nuevos monumentos.




domingo, 29 de marzo de 2015

Mommy, de Xavier Dolan

Sería cómodo criticar a Mommy de Xavier Dolan por sus “flaquezas” estéticas – que las tiene- o enojarse porque en el pasado Festival de Cine de Cannes compartió el Premio Especial del Jurado con el mismísimo Jean Luc Godard. Y sin embargo, después de haber visto las dos películas (Adios al Lenguaje y Mommy) entiendo e incluso celebro este premio compartido. Sí, yo misma en su momento  cuestioné este decisión – cómo podía ser que le hicieran esto a Godard- pero después de ver el trabajo de Godard y el de Dolan la decisión no me parece desacertada.

En primer lugar, Adiós al lenguaje no es una obra maestra. Es una película más – desde ya inteligente, provocadora- dentro de una extensa filmografía de un cineasta genial y original que a sus 80 años sigue tan rebelde como hace 50 años atrás. Godard es un irreverente y construye desde la rebelión: en los años ’60 contra el raccord y el montaje en el eje, en el Siglo XXI contra el 3 D. Pero sus rebeliones, casi dadaístas, a veces son solo eso: películas perturbadoras, meramente conceptuales, con poca historia o trama y profundamente metatextuales.

Mommy, sin embargo, no me pareció una película rebelde, me pareció brutal, difícil, fresca y sumamente contemporánea. No es rebelde - aunque su protagonista sí lo sea y probablemente su director también: carezco de datos sobre la vida y/o personalidad de Dolan excepto que tiene veinte y tantos- porque Dolan naturaliza lo que en Godard era rebeldía. Por ejemplo, el quiebre del raccord de mirada (la forma de articular el plano  contra plano como lo utiliza casi siempre el cine de Hollywood), o el hecho de cambiar abruptamente de punto de vista (en el comienzo del film esto es muy palpable) son formas, usos cinematográficos que en esta película son totalmente funcionales a la historia, como si el relato (el como) y el qué aquí sean lo mismo.

Es que esta manera cubista de contar, tiene mucho que ver con las emociones y el estado psíquico y emocional de los personajes. Dolan cuenta la historia desde ellos, como si fuera uno más, mantiene muy poca distancia de sus personajes y quizás por eso al comienzo abruma con los gritos, los primeros planos, los primerísimos planos. Pero ¿criticarlo por eso? Dolan es un cineasta de la era selfie y la cercanía del lente con el objeto es para él algo de todos los días – insisto más allá de que se saque o fotos de este tipo, algo que no sé-.

Por eso, creo que este premio ex aequo es bastante sutil: La filmografía de Godard es en muchos aspectos una experimentación, o búsqueda, sobre la forma y algo de lo que encontró, es tomado por Dolan que lo hace suyo y encima cuenta una historia.

¿Le faltaría mucho más? Sí, desde ya. John Cassavetes, que también era muy joven cuando filmaba,  se mantuvo cerca de sus personajes y sus historias disfuncionales y al hacer eso retrató una parte de la vida norteamericana que el cine de Hollywood no mostraba. El caso de Dolan es más acotado (como el formato de pantalla de gran parte de Mommy), centrada en tres personajes y sobre todo centrada en la relación entre una madre y un hijo atravesados por un vínculo violento e insano. Que la maternidad es un tema hermoso y a veces complejo, muy complejo, es algo que aparece en algunas películas cada tanto el asunto que Dolan, fiel a su edad quizás, lo lleva al extremo, a una bacanal de imágenes y sonidos, cambios de puntos de vista, saltos en el eje, y canciones.


Cada espectador juzgará, o no, a estos personajes de acuerdo con sus propias vivencias, cada espectador se enganchará con algunos detalles o ribetes de la trama de acuerdo a sus recuerdos. Cada espectador disfrutará más, o menos, de algunas imágenes o pasajes del film. Lo que seguramente no pase es que se quede impávido. Y eso es ya bastante decir. 

martes, 17 de marzo de 2015

Pantalla Pinamar 2015: Cine escandinavo

Pantalla Pinamar 2015 programó un foco de películas producidas en la Península escandinava. Desde Marie Croyer, el último trabajo del experimentado Bille August (ganador del Oscar por Pelle El Conquistador en el ’87) pasando por la ópera prima sueca Blow Fly Park de Jens Ostberg hasta La señorita Julia, de la noruega Liv Ullmann, fueron parte del convite cinéfilo de este año.

La película danesa Marie Croyer es un relato de época centrado en la vida de Marie quien fuera la esposa del pintor dinamarqués más importante (P.S Koyer) que falleció en medio de cuadros alucinógenos. Estableciendo un diálogo entre la propia pintura de Koyer y los planos de la película, August lleva adelante un relato clásico pero contado desde un punto de vista femenino de alguna manera redimiendo a quien seguramente es un personaje controversial para la Historia del Arte danés: Marie.  

La sueca Blow Fly Park se centra en un joven practicante de hockey sobre hielo al borde de la psicosis que vive sus días de la caza y de la pesca en una comunidad que más que contenerlo lo excluye y juzga. Ostberg, también de profesión coreógrafo y bailarín y de visita en la ciudad balnearia, comentó que su intención era mostrar que en Suecia el hecho de exaltar las supuestas cualidades de la masculinidad (la fuerza por ejemplo) conlleva a crear estructuras psíquicas particulares. Sostuvo además que mientras en el jardín les enseñan a los niños a no pegar, en la secundaria les dicen “pegá” para que se hagan valer lo que crea una crisis de identidad que es lo que quiso mostrar en la película.  


Llama la atención que la reciente Force Majeure (Fuerza Mayor, la traición del instinto, también sueca) de Ruben Ostlund aborde lo mismo: un concepto de masculinidad en crisis representado en el accionar de un hombre que aparentemente decide, en un pequeño accidente, protegerse él antes que a su familia lo que desencadena una sucesión de conflictos en su interior y severos cuestionamientos por parte de su esposa.
Blow Fly Park sigue a su personaje casi como los Dardenne siguen a los suyos. Eso le da al relato una inestabilidad genérica (la película es al mismo tiempo un drama y un thriller pero no encaja del todo en ningún género) y también cognitiva: los espectadores quedamos presos del desequilibrio del personaje y no podemos predecir cómo va a actuar.

De Noruega

Noruega se destacó con películas como La Señorita Julia de Liv Ullmann. La musa del sueco de Ingmar Bergman traspuso al cine la pieza dramática de August Strindberg y la adaptó casi literalmente excepto por una escena: la intimidad entre la Señorita Julia y su empleado no transcurre en la cocina sino en el cuarto. Interpretada por Jessica Chastain, Collin Farrel y Samantha Morton (en los papeles de Julie, John y Katheleen respectivamente) La Señorita Julia de Ullmann respeta lo que estaba en la pieza (que la lucha de clases a fines del S.XIX se colaba en las zonas más íntimas del comportamiento humano como el acto sexual) pero también resalta el machismo y la fragilidad de la mujer aún cuando esta tuviera una posición de “poder” como Julia.

Ullmann, y quizás esa es su lectura de la obra, nuestra como los papeles del “amo” y “el esclavo” son intercambiables, demuestra que John es tanto víctima de la manipulación maquiavélica de Julia como a su vez Julia es víctima de la misoginia y el paternalismo de John hacia ella.  


La Señorita Julia es una apuesta extraña, esquiva al canon actual y por momentos bergmaniana. En este último sentido, cuando John, luego de tener relaciones con Julia, se lava con igual dosis de asco y satisfacción remite directamente a la filmografía de quien fuera el esposo de Liv. La película es quizás para rever, para no juzgar a la ligera y que vuelve sobre un costado medio opaco del cine: su vínculo con las grandes piezas dramáticas.

Por Orden de Desaparición de Hans Petter Molan fue otra de las sorpresas noruegas presentada en Pantalla Pinamar. Ovacionada en la Berlinale cuando se presentó en el 2014, la película es un thriller pero al mismo tiempo una comedia negra, del estilo de Tarantino, que narra la sed de venganza de un hombre (el magnífico Stellan Skarsgard) cuando se entera los pormenores del asesinato de su hijo. El entorno de la película, un pueblo enclavado en la nieve y como está filmado, es alucinante pero el director a medida que avanza el relato en vez de resaltar el costado dramático, prefiere exacerbar lo lúdico, lo cómico, aún cuando el contenido no lo sea. Bruno Ganz, en una participación sorprendente, completa el elenco de este film.

Carta al Rey de Hisham Zaman es una apuesta entre el documento y la ficción que comienza en un centro de refugiados en Noruega que por un día van a pasear a Oslo y sus historias terminan entrelazadas por una carta que un hombre de ochenta y tanto años, Mizhra, le escribe al Rey. A tono con el trabajo previo de este director la película se centra en los deseos y frustraciones de aquellos que dejan su lugar de origen y tienen que adaptarse no solo a otras formas de vida sino climas. Intimista, centrada en los sentimientos y deseos de sus personajes.

Beatles fue la gran satisfacción de este festival. El film de Peter Flinth, basada en el best seller noruego homónimo y producido por Jorgen Storm Rosenberg (ver abajo entrevista), cuenta la vida de unos adolescentes de un suburbio en Oslo fanáticos del grupo inglés que quieren hacer música y en el medio atraviesan amores y desamores propios de la edad. La película que tiene música original - un hito si tenemos en cuenta que ni Ringo Starr, exceptuando las suyas propias, puede tocar canciones del grupo  en sus conciertos-  es además una suerte de fresco de fines de los sesenta en Noruega y su relación con el resto del mundo: no solo con los Beatles sino también con la guerra de Vietnam. 


Auténtica película teen, de iniciación, tierna y áspera, pariente en algunos aspectos de la sueca ¡Somos lo mejor! (We are the best, Lucas Moodysson) con todos los ingredientes del género: terceros en discordia, fiestas en casas, padres permisivos y castradores, padres que se padecen y disfrutan y música: Beatles fue ovacionada en la sala Oasis de Pantalla Pinamar.

Los festivales de cine tienen una función general: programar y mostrar aquellas películas que difícilmente se estrenen (aunque Beatles tendría aquí unos cuantos seguidores en la Argentina) que son producidas en las afueras de la Gran Industria. Pero a veces los festivales solo programan las películas ganadoras, de los realizadores de moda, o del gusto de un determinado grupo de críticos. Por el contrario, Pantalla Pinamar esquivó sabiamente desde sus inicios ese mote y se arriesgó a indagar en películas o cinematografías no de moda, o que no figuran en las listas cinéfilas de fin de año. Podemos decir que este año esa premisa tuvo el mejor resultado en este foco sorprendente sobre cine producido en los países nórdicos.

Copyrigt/Copyleft Lorena Cancela