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martes, 17 de enero de 2012

Festival de Cine de Tarapacá (III)

Yendo específicamente a la programación, el jurado de largometrajes que integré junto a Antonino Balestrazzi (director Festival de Cine B y director Escuela de Cine de Chile), Rodrigo Arellano (ejecutivo de Rapa Nui Film festival, y distribuidor de Pina en Santiago), Nicolás Verdejo (actor con mucha proyección) eligió otorgar una mención a Zoológico de Rodrigo Marín, y premiar a Gatos Viejos de Sebastián Silva y Pedro Peirano.


(..., Florencia, Antonino, Andrés, Tomás)
La primera es una película con riesgo estético que retrata con distancia a un grupo social (la clase alta chilena) a través de las relaciones que los padres mantienen con sus hijos adolescentes. El film, además, tiene un valor sociológico agregado. Por ejemplo, es un poco escalofriante la escena en la que el director, a través de una cámara parsimoniosa, muestra cómo son educados los niños con mayor poder adquisitivo: "Ustedes son los mejores, lo mejor que tiene el país"

La segunda aborda un tema complejo (el alzheimer), pero sin ningún tipo de golpe bajo. Al igual que la anterior película de Silva (La Nana) ésta también transcurre casi exclusivamente en una locación y se sostiene fundamentalmente por las comprometidas actuaciones de sus actores protagonistas: Bélgica Castro y Alejandro Sievekin que traspasan los límtes de la ficción: son pareja en la vida real y, según me comentaron los colegas, la acción se desarrolla en su propio hogar.

Otras de las películas más convocantes del evento fueron Nostalgia de la Luz, el brillante documental de Patricio Guzmán, Dimanche á Brazzaville de Enric Bach y La muerte de Pinochet Bettina Perut e Iván Osnovikoff ganadora del Festival de Cine B del pasado año, según me comentó Florencia Dupont, la directora de programación del verdaderamente inusual, exhaustivo y sorprendente Festival Cine B, de Santiago de Chile. Otro hecho para destacar fue la presentación de Los Testigos de Charles Elsesser con las actuaciones de Nelson Villagra, Marcelo Gaete y Luis Alarcón, restaurada por la Cineteca Nacional de Chile dirigida por Ignacio Aliaga Riquelme.

Como en otros festivales, en éste también tuve la oportunidad de intercambiar opiniones, e ideas sobre la cinematografía de América Latina, al mismo tiempo que visionar películas que, aunque se hayan producido en nuestro continente, no tenemos tantas oportunidades de ver.

Iquique/ IV Festival de Cine de Tarapacá (II)



Iquique es una ciudad en el Norte de Chile que integra la región de Tarapacá. La misma está emplazada sobre la costa del océano Pacífico, en una de las zonas más aridas del planeta. De hecho, la inauguración del IV Festival Internacional de Cine de Tarapacá fue en Humberstone, una antigua salitrera, hoy Patrimonio de la Humanidad, emplazada en el medio del desierto. Hay una historia muy triste en la zona: A principios del S.XX un grupo de mineros bajó a la costa en busca de obtener mejores condiciones de vida, fue puesto en un galpón y masacrado por autoridades comandadas por el gobierno parlamentario de Montt.

Hoy en Humberstone funciona un Teatro donde se proyectó la primera parte de la película de Raúl Ruiz Misterios de Lisboa. La segunda parte se proyectaría al día siguiente, en Cinemark. Desde ya, el distribuidor chileno Alex Doll tuvo la gentileza de cederla completa. De día, Humberstone, parece un pueblo fantasma, apenas unos pocos habitantes que se esconden cuando el sol empieza a quemar, y vuelven a salir en el ocaso. Una escuela abandonada, un mercado dan cuenta del movimiento que hubo en el pueblo hasta la década '30 cuando, por la depresión, los "patrones" decidieron cerrar la minera.



Los habitantes originarios de Iquique eran los chinchorros, y si bien eran una comunidad que se abastía principalmente de la costa, también se nutrieron de las costumbres de las comunidades andinas (emplazadas en los límites con Bolivia y Perú), y de los Incas. De estos últimos, por ejemplo, adopataron la costumbre del sacrificio a niños. Una de las momias encontradas por la zona en 1976, que será pronto exhibida en el Museo Regional, cumple con las características de este tipo de ofrendas.


En la zona céntrica las construcciones respetan la arquitectura de fines del S.XIX, y principios del S.XX. Casas de madera y veredas del mismo material adornan la vista de los paseantes. Si alguien quiere hacer un emprendimiento debe, por orden municipal, respetar esa fachada. Restaurant, pubs, hostales con estas características se emplazan en la calle Baquedano, y sus alrededores.

miércoles, 11 de enero de 2012

4 Festival Internacional de Cine de Tarapacá 2012

Sí! En Iquique, al extremo norte del país vecino Chile, en una de las ciudades donde pasó el Dakar, también habrá un Festival de Cine. Este, que va por su cuarta edición, es dirigido por Andrés Montenegro, director también del documental El Lolo de Tarapacá que se proyectará en el encuentro.

Desde el jueves 12 de enero al domingo 16 se desarrolla en Iquique el 4 Festival Internacional de Cine de Tarapacá. El mismo tiene su cede en la ciudad y también en Humberstone, una antigua salitrera recuperada cuyo nombre real es Oficina Santiago Humberstone, fue establecida en 1862 y declarada Monumento Nacional. Su primer nombre fue La Palma y luego, al cambiar de dueño en 1934, adoptó el nombre con el que se le conoce hoy.




Quien suscribe este blog oficiará de jurado de largometrajes junto a Antonio Ballestrazzi (director del Festival Cine B), Rodrigo Arellano (ejecutivo del Rapa Nui Film Fest) y Tomás Verdejo (actor). El documental argentino Arrieros de Juana Baldana estaré en la Competencia de Documentales, entre otras producciones de América Latina.

Desde ya, habrá más novedades en este blog.

lunes, 18 de abril de 2011

Bafici 2011 (Última parte) Balance/Poetry/Le Quattro Volte

Entre otras cosas, un festival de cine es un momento donde periodistas, críticos, estudiantes, actores, programadores, aficionados, espectadores consiguen una identidad social que se sostiene pura y exclusivamente por su cinefilia. Como si la cinefilia fuera una patria. Bueno, esa es la idea del crítico norteamericano Jonathan Rosenbaum. El Festival de Cine Independiente de Buenos Aires es, desde sus inicios, un festival donde los temas importantes son los nuevos realizadores, o las nuevas películas de los directores consagrados que, a pesar de su legitimidad, son cada vez más difícil de encontrar en las salas comerciales.
El Bafici tiene 13 años, pero todavía tiene pendiente en su agenda conseguir una ley que asegure su continuidad más allá de los gobiernos y aumentar su presupuesto: el mismo desde hace 4 años. Quizás a una persona a la que el cine no le interesa le parezca absurdo que el Bafici exista. Como hay otra tanta gente que piensa que es absurdo que exista el Fútbol para Todos. Una película argentina, Los tres berretines, lo explicó años atrás: El tango, el fútbol, el cine son pasiones argentinas que hacen a nuestra identidad cultural.
Y esa pasión no es exclusivamente porteña, es nacional, y latinoamericana: al festival llegan cinéfilos de todas partes del país, y de distintos países de América del Sur. Por eso el festival es también una buena oportunidad para conversar sobre los temas de las agendas culturales de los países vecinos, o amigos. Más de 400 películas pasaron estos días por Buenos Aires lo que implica un esfuerzo de coordinación de copias, y programación de salas considerable por parte de los que trabajan a nivel institucional.
Visionar todas las películas sería una proeza imposible de cumplir. Sin embargo, no habría que plantear el desafío como un asunto de cantidad (de cuántas películas vio cada espectador) sino en términos de qué cosas aprendió, o sufrió, o disfrutó cada espectador. En mi caso, y a la manera de balance, una de las películas que más disfruté fue la coreana Poetry de Lee Chang Dong. Ésta cuenta la historia de una mujer que,  mientras cuida a un hombre minusválido y asiste a un curso de poesía, trata de encubrir a su nieto por un delito que éste habría cometido.
Poetry podría remitir a otra película coreana reciente como Mother (Madre, Bong Joon-ho). Como esta última, Poetry está sostenida por la interpretación de un personaje femenino (excelentes Jeong-hie Yun y Hye-ja Kim respectivamente) que trata de proteger hasta las últimas consecuencias a un ser querido en medio de un contexto de recursos limitados. Pero mientras que la primera elige la exageración como variable estética la segunda elige la sutileza, la delicadeza. En este sentido es casi un tratado a contramano del cine coreano de exportación que suele ser espectacular, sanguinolento y efectista. O, en su defecto, lleno de escenas eróticas para el deleite del caballero.
Alejada de todo eso, la película entera es una poesía en sí misma. Hay varias escenas para recordar, pero una se me viene a la memoria: Nuestra heroína, que se ha enterado que tiene Alzheimer, va a un lugar a buscar inspiración para escribir. Saca su cuaderno, comienza a llover y las gotas caen sobre su cuaderno de apuntes. Pero ¿son las gotas de lluvia, o son sus lágrimas? Esa “información” difusa, poética (en la mejor acepción de la palabra) es la que está presente en el film.
Al mismo tiempo, hay toda una reflexión a propósito de la representación, de cómo hacer para dar cuenta poéticamente de un suceso. ¿Basta con la experiencia personal? ¿Hay que atravesar una situación traumática para escribir? ¿Un amor profundo y/o un desamor de igual intensidad? ¿Y si una vida transitó sin demasiados sobresaltos? Para escribir hay que buscar adentro de uno, dice, el profesor. Todos tenemos algo para decir, o para  expresar poéticamente. De hecho, y me parece que no es un dato menor, los que asisten al taller tienen variadas ocupaciones: uno es policía, otra es enfermera.
Poetry encuentra las imágenes justas para trasmitir ideas, y sentimientos que dichos de otra manera, o puestos en otra película, podrían parecer grandilocuentes, o absurdos. Es que Lee Chang Dong hace un tratado sobre la poesía utilizando con maestría las posibilidades narrativas del cine. Pero la poesía es la excusa para referirse al arte, y la necesidad humana de estar en contacto con el. Una necesidad que trasciende cualquier clase social, o idiosincrasia, y por ende, no es propia de ninguna elite. 
Le Quattro Volte/Las cuatro veces
Cuando una película refiere de alguna manera a la matemática corre el peligro de transformarse en un trabajo muy esquemático. Solo los cineastas con talento pueden referirse a números en sus películas y filmar, paradójicamente, películas donde 2 + 2 no sea igual a 4. Ten, Five son dos ejemplos. Le Quattro Volte de Michelangello Frammartino es otro.
Al comienzo parece una película que cumple con cierta fórmula del cine independiente de hace unos años, en la línea de Lisandro Alonso: Sigue a un hombre solitario que tiene una actividad poco común para las personas urbanizadas como es la de llevar cabras a pastorear. Pero gradualmente cambia de dirección y los protagonistas pasan a ser los animalitos. Especialmente un cabrito que vemos nacer y luego salir al monte por primera vez. En un giro novedoso para el cine independiente actual, que en general muestra a los animales solo cuando van a ser faenados, al seguir al cabrito le otorga una historia, lo subjetiviza.
El realizador se detiene a observar como viven estos animales, y las cosas que hacen. De alguna manera, los personifica. Así, lo que mayoritariamente era una película sin palabras se transforma en una película “hablada” por las cabras. Luego, el film vuelve a cambiar nuevamente de dirección y el personaje principal pasa a ser un árbol. A éste lo talan para un ritual del pueblo, y luego lo usan para hacer carbón. El mismo carbón que se estaba calcinando al comenzar la película.
A un título numérico, una película con estructura cíclica y orgánica. Un film que dialoga no solo con los hombres sino con la naturaleza, sus ciclos y misterios. Para terminar, Las cuatro veces demuestra cuán vivo está el cine alejado de cualquier fórmula y que éste puede seguir sorprendiéndonos.
Copyleft Lorena Cancela


miércoles, 13 de abril de 2011

Bafici 2011 (Cuarta parte) A la edad de Ellen/At Ellen’s Age

Después de ver películas con cierta complejidad estética, donde incluso el más especializado se siente un poco consternado (lo que no es negativo desde ya), mirar una película protagonizada por una heroína posmoderna es un remanso. Es que A la edad de Ellen de Pía Marais es una suerte de Comer, rezar, amar pero en serio, en las antípodas del marketing turístico de la espiritualidad como la película hollywoodense.
Ellen (Jeanne Balibar) está fundamentalmente centrada en su trabajo hasta que descubre que su marido, al que “abandona” cada tanto porque trabaja de azafata, no solo tiene un affaire con otra mujer sino que la ha dejado embarazada. Ellen,  acostumbrada por su profesión a mantenerse en control, se sostiene de pie hasta que en un vuelo abandona el puesto de trabajo minutos antes de que el avión comience a carretear. A partir de allí, despido mediante, emprenderá un viaje no solo físico, sino filosófico.
Cierta vez, un hombre que había decido dedicarse a la vida espiritual y abandonar su vida mundana me dijo que en la vida uno se encuentra con quien se tiene que encontrar. No estoy en condiciones de afirmar, o refutar esa hipótesis, pero si estoy en condiciones de decir que nuestra heroína, en su búsqueda de sí misma, se encuentra con gente muy distinta de la que conocía: practicantes del sexo casual, y exhibicionista, defensores de los derechos de los animales, y “cazadores” de los cazadores furtivos.
La comunidad que más influencia ejerce sobre ella es la de los defensores de animales: Un grupo que interviene simbólica y fácticamente en el contexto, en situaciones que por momentos remiten a otro film alemán: Los edukadores. El grupo la inicia a una forma de vida diferente, y despierta en ella el deseo de entregarse a una causa social. Y a pesar de tratarse de una ficción, la realizadora describe a estos vegetarianos combativos con un sesgo documental: sin perder el respeto, pero sin caer en la condescendencia. O el cinismo, o el panfleto.
A la Edad de Ellen quizás no quede en los anaqueles de las películas que por su estética revolucionaron el cine en el S.XXI. - la estructura es conocida dentro del cine independiente: cámara al hombro, seguimiento de un personaje, final abierto – pero su libertad temática y formal, su energía (son notables la cantidad de desplazamientos) hacen que, como su protagonista, sea difícil de encasillar. Y esa es su mejor virtud.


lunes, 11 de abril de 2011

Bafici 2011 (Tercera parte) Fading/The Terrorists

El futuro llegó hace rato…

Fading de Olivier Zabat me pareció interesante desde un punto de vista, digamos, pedagógico. Los primeros minutos me hicieron acordar al cine de Alain Cavalier (pionero en el uso de las cámaras digitales y de las posibilidades que brindan éstas para rodar en la oscuridad, entre otras cosas), pero hacia la mitad me di cuenta que el film no tenía nada que ver con el del documentalista, aún cuando ambos son franceses. La larga escena donde dos jóvenes miran un pasillo oscuro, asustados porque aparentemente hay algo al final, me recordó a Alien. El futuro llegó hace rato…
Bangkok, mon amour
Años atrás, no recuerdo con exactitud en qué otra edición del Bafici, un crítico de cine me regaló Breve Historia del Erotismo de Georges Bataille. Leí el libro y llegué a la imagen final. Al menos en mi edición hay una foto de un ritual al que llaman Suplicio Chino. No les voy a hacer pasar a ustedes, queridos lectores, lo que yo pasé cuando entendí de qué se trataba esa imagen, pero para que se den una idea era una suerte de “rito” en el que a un hombre, aparentemente culpable de un delito, lo sometían a torturas, mientras le daban opio a la vista de un grupo de gente.
The Terrorist (2011, Thunska Pansittivorakul), por momentos, me remitió a aquel relato, más abajo develaré por qué. La película traza un paralelo entre los hechos monstruosos cometidos en Tailandia en los años ’70 contra estudiantes, y los eventos ocurridos en la masacre en el mismo país, en el 2010. En muchos pasajes este ensayo cinematográfico parece un homenaje al hoy reconocido cineasta tailandés Apichatpong Weerasethakul: comienza en una suerte de jungla, en las imágenes se superponen intertítulos y leyendas, y la organización de la historia es fragmentaria. Le suma imágenes documentales de los ‘70, y actuales. Pero el contenido (el qué) es diferente porque alude explícitamente a Tailandia y su historia político-social. Por supuesto, de una manera original y, por introducir el contraejemplo, en las antípodas de lo que hace Michael Moore.
Hay una escena que seguramente recuerden aquellos que vieron la película. Me refiero a aquella silente en la que mientras un muchacho se masturba el subtitulado cuenta como asesinaron, y las vejaciones a las que sometieron a los estudiantes en los ‘70. En los largos minutos que dura este contrapunto me pregunté: ¿Por qué el realizador forzó la imagen hasta ese lugar? ¿Será porque cree que el reverso exacto de lo tanático es lo erótico? ¿Por un lado la muerte más terrible, y por el otro el placer más absoluto? El tema que en esta escena erotismo y sadismo están juntos en el mismo plano.
La descripción del asesinato de los estudiantes, y la superposición con la imagen del muchacho gozoso, me hizo acordar al final del libro citado más arriba porque éste, en su final, sugiere que el placer y el dolor se parecen. Personalmente no creo eso, como tampoco creo que lo que pasó en Tailandia en los ’70 pueda explicarse solamente a través de las fuerzas contrapuestas de Eros y Tanathos. Intuyo que el realizador tampoco piensa eso, pero eso es lo que parece desde el montaje A mí me hubiera enriquecido preguntarle a éste por qué eligió contar un hecho así de traumático de esa manera. Aún así, y aunque no termino de comprender algunas elecciones, le doy la bienvenida a los films políticos tailandeses, y a propuestas jugadas y comprometidas con el mundo como esta.

sábado, 9 de abril de 2011

Bafici 2011 (Primera parte)

Volver…

La primera película vista en el Bafici 2011 fue Mammuth (Delépine/Kervern). Ésta narra los percances de su protagonista, el Sr. Pilardosse (Gérard Depardieu) para conseguir las certificaciones correspondientes para jubilarse. Hasta allí la historia suena familiar: quien tenga, o haya tenido, un pariente a punto de jubilarse seguramente recuerde el incordio al que someten a los futuros pasivos para darle los papeles. Pero el personaje que nos ocupa transforma esa búsqueda en una aventura arriba de su moto. Un viraje del guión interesante que demuestra que incluso una situación fastidiosa para la vida de cualquier mortal, como es de la de hacer trámites, puede transformarse en un cuento de aventuras. El resultado es una fusión entre una película en el camino, de iniciación, de actor estrella, y de aversión contra el sistema. Aunque, a diferencia de otras películas que tratan este último tema trágicamente, ésta se toma licencias para la comedia. Por ejemplo, cuando la Sra. Pilardosse (Yolanda Moreau) le debe repetir unas cuantas veces su apellido a un operador telefónico para obtener una información. El gag hizo reir a la platea. Claro que quien suscribe no se hubiera imaginado que horas después, al ir a retirar a la oficina de prensa del festival del título la credencial correspondiente, tendría que repetir su apellido unas cuantas veces para poder cumplir con el trámite. Ya lo han dicho varios estudiosos: el cine, a veces, se adelanta a la vida. Por suerte, en este caso lo hizo graciosamente.
Nostalgia de la luz
Así, sin ningún inconveniente, pudimos mirar Nostalgia de la luz, el maravilloso documental de Patricio Guzmán. En el imaginario de la firmante, el desierto de Atacama, en el Norte de Chile, siempre fue una suerte de otro planeta dentro de la Tierra. La “culpa” de este preconcepto la tienen los folletos turísticos. En estos, entre cielos increíblemente azules, lagunas de sal, y géiseres, se alude al paisaje marciano de la zona. Lo que no recordaba era que en el lugar se emplazan observatorios astronómicos. El documental comienza descubriendo, cual si se tratara de una obra maestra de la Historia del Arte, uno de los telescopios que sirve para auscultar el cielo. Y, sobre el cielo y las galaxias, el narrador va indagando en las características geológicas y astronómicas del lugar mientras consulta a distintos científicos. Uno de ellos, un astrónomo, da una explicación del tiempo presente: como la luz tarda en llegar de un lugar – no importa si un millón de años o una centésima de segundo- a otro, todo es esencialmente pasado.
Hasta allí el film podría interpretarse como un sorprendente institucional, pero con los recursos propios del documental de autor (la intervención del narrador y sus recuerdos, la banda sonora acompañando las imágenes). Pero súbitamente, la voz de quien ya reconocemos como el autor del film, cambia de tono, y dice algo así como: en este lugar, tan poco propenso a cualquier tipo de vida conocida, parecido a Marte, y donde entidades científicas de todo el mundo invierten tiempo y dinero, hay Historia.
En ese momento, la película da un giro y magistralmente introduce el contrapunto a través del testimonio (un recurso bien propio de la filmografía de Guzmán): el de las mujeres que hace años también investigan en el desierto e indagan en el pasado para encontrar los restos de sus familiares detenidos, torturados, y desaparecidos. El viraje no es solo de una ciencia (la astronomía) a otra (la arqueología), el viraje es también semántico: Mientras unos buscan para informarse, otras buscan para recordar, no olvidar.
La información que surge a partir de allí corre un velo y tira por la borda aquella falacia de que en la Dictadura chilena, “al menos”, hubo fusilados, y no desaparecidos. Queda bien claro que estas mujeres, que padecen una situación de orfandad preocupante, buscan a sus desaparecidos desde hace años: los militares chilenos no solo se encargaron de hacer desaparecer a los cuerpos bajo el desierto también se preocuparon por desmembrarlos.
Frente a lo que debería hacer la Justicia (investigar y condenar todos los horrores cometidos) es muy poco lo que el documental puede hacer, pero como dice Guzmán cerca del final si bien en la Historia de la humanidad, la historia de unos años chilenos puede parecer insignificante, no deja de ser un elemento más. O, como dijo John Berger, el arte (para nosotros el cine) no puede resolver nada, ni cambiar nada, pero sí puede cambiar algo: Un recuerdo, un sentimiento, un legado, una manera de entender las cosas.
Películas griegas
Hace unos años, el cine realizado por jóvenes realizadores griegos ocupa las competencias de algunos festivales de cine internacionales. En Mar del Plata, por ejemplo, se presentó en el 2009 Colmillos (Lanthimos), la candidata al Oscar griega de este año, y cuyo director es también actor de una de las películas de más abajo. Este festival proyecta, en la Competencia Internacional, Attenberg (Tsangari), y en la sección Corazones Harisma (Ioakeimidi).
La primera, por un lado, utiliza recursos vanguardistas de los años ’70 y presenta el espacio de una manera que remite al cine de Antonioni. Por otro lado, se estabiliza en el canon del cine global contemporáneo de festivales: por la forma de utilizar la música (a través de la fuente en campo) y la manera de terminar la película: con un plano general desde el que se van los personajes, por dar algunos ejemplos. De todas maneras, en conjunto (que es lo importante) la película es interesante. Ahora, si bien la alternancia de registros enriquece a la estética, por momentos hace que algunos pasajes funcionen un poco ornamentalmente. Lo que no es malo, pero quizás le quita fuerza a la historia del despertar a la vida sexual, por un lado, y de la despedida de la vida, por el otro.
Harisma también utiliza la mezcla de registros, pero en este caso descontroladamente. Aquí todo es exageración, cambio de registro de una escena a otra e, incluso, dentro de la misma escena. No es exactamente una película que uno espera encontrarse en un horario central del Bafici (viernes a la noche), pero siempre se aprende algo, o al menos, siempre surgen interrogantes: Por ejemplo, en Grecia, las personas ¿usan la cama como escenario? Es que tanto en Attenberg como en Harisma los personajes tienen escenas de histrionismo actoral arriba de los colchones.