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viernes, 30 de marzo de 2012

Estreno La Suerte en tus manos

Ayer se estrenó La suerte en tus manos, la última película de Daniel Burman protagonizada por Jorge Drexler y Valeria Bertuccelli. Más abajo algunos pasajes de una entrevista `publicada en el Número de Marzo de la revista Caras y Caretas.

L.C: El título de la película refiere al azar, pero el protagonista masculino está dividido entre dejarse llevar por "el destino" y la decisión. ¿Por qué?

D.B: Cuando estoy filmando una película lo que más me gusta es ir a comer a la noche a un restaurant con menú fijo para no tener que decidir qué comer. A veces, tener que decidir agota. El personaje está en una edad donde puede repetir todos "sus errores": volver a casarse, volver a tener hijos, cambiar de profesión, puede sucederle todo, o todo lo contrario. Por un lado, Uriel quiere deslizarse por la vida, pero por el otro no quiere sufrir y en cada decisión hay un éxito y un fracaso. Uriel atraviesa una especie de retroceso infantil: quiere que decidan otros por él, le teme a la virtualidad del fracaso.

L.C: Le iba a preguntar qué piensa del psicoanálisis porque el Dr. Weiss (Luis Brandoni) oficia, aparte de urólogo, de psicólogo de Uriel.

D.B: Creo que el psicoanálisis es una herramienta fundamental y esencial para entender al hombre y la psiquis humana. Criticarlo es un desgaste innecesario de energía. Es como el marxismo, son herramientas básicas de comprensión del hombre, o del sistema.

L.C: A diferencia de Dos Hermanos en La Suerte en tus manos vuelve a contar historias más afines a su propia contemporaneidad, como en Derecho de familia o El abrazo partido ¿Por qué?

D.B: Cada película la hace un director en un momento de su vida, está encuadrada en un momento de evolución, o involución, de su persona. En la película anterior quería indagar en cómo la orfandad de los padres se vincula con la propia muerte, y hoy no me interesa ninguna película que se vincule con la muerte, ni con envejecer, ni nada de eso. Igual, no soy de analizar mucho por qué hice esto, creo que si estudio los mecanismos de la creación voy a dejar de crear.

L.C: ¿Cómo cambió su forma de hacer películas, y usted como director, desde que empezó - más de 10 años atrás asociado al llamado nuevo cine argentino- hasta la actualidad?

D.B: Hoy se que si bien una película es algo muy importante para mí, el mundo está lleno de otras cosas. Por supuesto, uno tiene que tratar de que su película sea elegida con respecto a otra, y que la gente vaya al cine a verla, pero eso puede ocurrir, o no. De alguna manera, trato de relativizar el peso de una película para mantener mi vida familiar, mi vida privada.

lunes, 13 de febrero de 2012

Entrevista Juan José Campanella

Esta entrevista la realicé antes de que Juan José Campanella ganará el Oscar por El Secreto de sus Ojos. Fue originariamente publicada en el número de agosto del 2009 en la revista Caras y Caretas. Me pareció interesante, en el "mes" de los Oscar, traer al blog a uno de sus ganadores latinoamericanos para conocerlo un poco más allá de ese suceso.

L.C: ¿Cómo y cuándo empezó a interesarse por el cine?


J.J.C: De chico. Yo era el que trataba de convencer al grupo de amigos, con éxito a veces, de que no fuéramos a jugar a la pelota sino al cine. La década del ’60 se caracterizaba por los cines de barrio. En Vicente López, por ejemplo, el Roxy cambiaba su programación todos los días y proyectaba películas muy buenas. A mis 12 años yo ya habría visto 5000 películas en pantalla grande. Ya en la secundaria intenté convencer a mis compañeros de que en vez de ir al viaje de egresados hiciéramos una película en Super 8. Yo había visto la reposición de Cantando bajo la lluvia y quedado conmocionado. Por esa época, como no existía el video, se reponían las películas en sus aniversarios. También me compré un libro que se llamaba “Así se hace cine” de Tony Rose; armé un guión y se los mostré a mis compañeros, pero esta vez no los convencí.


L.C: Después ¿estudió cine?


J.J.C: En ese entonces había 3 escuelas de cine: la del INCAA, Avellaneda, y el Grupo de Profesionales del Cine que funcionaba en la Escuela Panamericana. Allí un gran profesor para mí fue Manlio Pereyra (homenajeado en El mismo amor, la misma lluvia), y una gran profesora, que me acompaña hasta hoy, Aída Bortnick. Después estudié en la Escuela de Cine de Avellaneda donde otro gran referente fue José Martínez Suárez. Empecé pensando en un hobby, pero al tiempo me di cuenta que era cine lo que quería hacer.


L.C: Usted vivió y trabajó en los Estados Unidos. ¿Nos quiere contar cómo llegó allá?

J.J.C: Corría el ’82 y estaba haciendo una obra de teatro llamada Off Corrientes con Fernando Castets. A la obra le iba bien, pero sentía que había alcanzado un techo. Me acuerdo que un crítico dijo algo así como: “Esta obra no pertenece a la Argentina sino a los sótanos de los teatros neoyorquinos”. Lo dijo como crítica, pero yo le di la razón y decidí irme a donde hacían el cine que a mí me gustaba.

L.C: ¿Y cómo le fue?

J.J.C: Empecé otra etapa. Primero estudié en la Universidad de Nueva York (NYU): Ingresé entre 50 de 1500. Estuve 4 años y fui asistente de cátedra de montaje. Mi película de tesis, El Contorsionista, ganó el premio de un festival de cortos muy importante. La vio mucha gente y empecé a relacionarme con la industria. Primero filmé clips de karaoke y terminé realizando el video de Rod Stewart Downtown Train. A partir de allí me contactaron para filmar mi primer largo: El niño que gritó puta. A la película no le fue bien, pero fue respetada. Por eso a partir del ’92 me contrataron en HBO para dirigir y gané unos cuantos Emmy.  Mientras tanto, trataba de hacer mi segunda película que con un fracaso a cuestas no fue fácil. Por suerte conocí a Ricardo Freixá y él me ayudó. Después de 2 años de negociaciones con SONY, y sufrimiento, logró que se hiciera la película Ni el tiro del final sobre la novela de José Pablo Feinmann, tampoco le fue del todo bien. Cuando decidí filmar El mismo amor la misma lluvia, me di cuenta que mi lugar era la Argentina.

L.C: ¿Qué busca con sus películas?

J.J.C: Busco hacer lo que me gustaría ver. Mis directores favoritos son Ernst Lubitsch, Frank Capra y Billy Wilder. Para mí el cine tiene que ver con la comunicación, a mi me gusta que la gente vaya al cine y sea una experiencia de vida. Me gusta que la gente no se olvide de mis películas, con quién la vio, dónde estaba. Siempre hay algo de autorreferencialidad en las películas, pero hacer una película para hablar de mí no me parece. Si yo quiero hablar de mis cosas busco a un amigo y le pago un café. No me parecería bien que un espectador pague 20 pesos para ver cosas mías. 


miércoles, 1 de febrero de 2012

Entrevista Andrés Wood

VIoleta se fue a los cielos no quedó en la carrera para los Oscar, ninguna película latinoamericana está en las ternas este año, pero ganó en Sundance Film Festival. Más abajo el fragmento de una entrevista que le realicé a Andrés Wood publicada en el número de enero de la revista Caras y Caretas.



L.C: En América Latina se hizo conocido por Machuca. Esta fue, y quizás siga siendo, una de las pocas películas chilenas que después de los años ‘90 narró, en tono ficcional, los estragos de la Dictadura Militar. ¿Qué lo motivó a filmarla?

A.W: En los año ’90 algunos de los cineastas exiliados volvieron y quisieron reconstruir el cine chileno, pero no tuvieron éxito de público con sus películas, y entonces surgieron comedias ligeras, de tono sexual, que la gente sí siguió. Se decía que en Chile no se quería hablar del pasado. Paralelamente surgen las escuelas de cine y cineastas con miradas artísticas que también reniegan del pasado político. Yo estoy en el medio: no soy un cineasta del exilio, ni de las generaciones de escuela. Yo quise contar Machuca porque en parte es mi historia: fui a un colegio donde se hizo el intento de mezclar clases sociales y que fue intervenido por los militares Al ir para allá me hice cargo del contexto.


L.C: ¿Por qué le interesó contar la historia de Violeta Parra? ¿Quizás porque en Chile fue un tanto dejada de lado?

A.W: La admiración. Pero ella es una artista tan inabarcable, inclasificable, quizás nuestra mayor artista, que me llevó un tiempo hasta que me animé: nunca se había hecho una película argumental de ella. Yo no sabía qué podía pasar y la película no es fácil de ver, no está contada de manera convencional, pero los espectadores se conectaron.

L.C. ¿Esperaba la buena respuesta?

A.W: La verdad, no. De hecho, yo salí muy tímido a pelear con los distribuidores: Empecé con 15 copias, y terminé con 30. Pero una película como Harry Potter tuvo 150.

L.C: ¿Piensa que la buena respuesta quizás pudo tener que ver con los movimientos sociales que están teniendo lugar en Chile?

A.W: En Chile, y lo digo entre comillas, el sistema ha funcionado. A diferencia de Europa estamos entre un 6 y 8 % de desocupación, pero hay algo de insatisfacción en el aire porque no hay un concepto de bien común. Por otro lado, todo lo que a nosotros nos hicieron creer sobre el mercado esta nuevísima generación no lo está aceptando, y eso es un quiebre acertado, muy justo y profundo. Yo soy más grande y quiero que nos pongamos de acuerdo, que no partamos de cero nuevamente. Pero Violeta siempre fue indomable, visionaria, siempre miró el mundo desde un lugar muy particular. Y sí creo que en la actualidad hay una juventud mucho más dispuesta a conectarse con su espíritu que hace 15 años.

 

sábado, 3 de septiembre de 2011

Estreno: El Estudiante de Santiago Mitre




El Estudiante de Santiago Mitre (co director de El amor, primera parte y guionista de Leonera y Carancho) es una de las películas más originales que ha dado el cine argentino independiente de los últimos años. Y en este caso la palabra independiente tiene valor porque la película se realizó gracias a la voluntad de un grupo técnico, dos productoras incipientes (La Unión de los Ríos y Pasto), y actores que, guiados por un director, llevaron adelante un proyecto cuyo tema es la política, sus formas, usos y costumbres.

El entorno donde se reflexiona sobre todo esto es la Universidad de Buenos Aires, concretamente la Facultad de Ciencias Sociales que inclusive se utilizó como locación. Quien haya ido a la U.B.A seguramente se sienta identificado o reconozca algunas de las cosas que suceden en la película aunque no es una película solo para estudiantes. El Estudiante se proyecta por ahora en el Malba, y la Lugones (ver programación Lugones). Abajo, una versión acotada de una entrevista más profunda con Santiago Mitre que se publicará en el número de septiembre de Caras y Caretas.

L.C: En toda la película la actuación es muy verosímil. Los actores ¿eran estudiantes de la U.B.A y/o militantes?
S.M: No. Ninguno era militante y en el 90% de los casos creo que no sabían de qué estaban hablando. Eso es la actuación.

L.C: ¿En qué locaciones trabajaron? ¿Cómo hicieron para filmar dentro de la Universidad?
S.M: Filmamos un 60% en la sede de Sociales de Marcelo T. de Alvear, y después en Parque Centenario. La U.B.A es territorio de los estudiantes, nosotros hablamos primero con el Centro de los Estudiantes y nos dijeron que sí. La universidad se vive con esa lógica que está muy buena donde es un espacio público y todos tenemos derecho a usarlo. Nos movimos en la facultad como si fuera un decorado. Incluso a veces interrumpíamos en las clases y les pedíamos permiso a los estudiantes y los profesores si nos dejaban filmar con Esteban (el actor Esteban Lamothe).

L.C: El personaje de Esteban es muy atractivo para el sexo femenino…
S.M: Sí, es medio voraz. Pero tiene que ver con la personalidad del personaje que es un tipo de acción. Y eso lo hace ser efectivo políticamente. Esteban tiene esa capacidad de seducción que, sin ser un charlatán, cae bien. Y va siempre para adelante, y le cae simpático a todo el mundo.

L.C: Para seguir a Esteban, usó bastante la cámara en mano.
S.M: La cámara en mano responde a la idea de tomar a las locaciones por asalto. Las escenas exteriores las filmamos con el mismo criterio: siempre tratábamos de mezclar a los personajes con el entorno para dar esa idea de realismo. Es un poco un registro clásico del documental.

L.C: ¿Por qué el título?
S.M: Porque le da un sentido de generalidad y yo quería moverme en una estructura narrativa clásica. Tenìa ganas de filmar una historia larga, que cuente un tiempo largo, con muchos personajes y con un aire documental.

L.C: ¿Cómo ves hoy la política?
S.M: Es interesante lo que sucede, después de muchos años de participación política, desde el 2001 en adelante se volvió a plantear que la política es un hecho trascendente. Esto se veía mucho en la universidad.