domingo, 8 de noviembre de 2015

30 Festival de Cine de Mar del Plata. Apunes 2. Ganadores.

Ya se conocieron los premios de la 30 edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y es grato saber que la película de la Competencia internacional El abrazo de la Serpiente de Ciro Guerra - una coproducción colombiana, argentina, venezolana- se quedó con el Astor de Oro a la Mejor película.


Teniendo en cuenta que entre los jurados se encontraba el Sr. Ricardo Aronovich (reconocido director de fotografía de títulos emblemáticos del cine local como Invasión de Hugo Santiago y que también trabajó con directores de la talla de Raúl Ruiz y Alan Resnais) el reconocimiento no sorprende. Es que si hay un aspecto que destaca de esta brillante película basada en los diarios de viaje de Theodor Koch- Grunberg  y Richard Evans Schultes, dos de los primeros científicos que recorrieron la amazonia colombiana en busca de una planta que creían medicinal, es el registro fotográfico en Super 35 mm.


La película alterna entre dos tiempos pasados: En uno un científico enfermo le exige a Karamakate que lo lleve al lugar donde se encuentra una supuesta planta sagrada. En el otro, nuevamente un científico, le exige a un solitario Karamakate que lo lleve al lugar donde se encuentra la misma planta sagrada. Filmada en riguroso blanco y negro, la película es una exploración sobre el encuentro de civilizaciones, pero también una meditación sobre el tiempo y la explotación de la naturaleza por manos de las corporaciones. Y a pesar de estar atravesada por referencias a otros relatos que abordaron el tema (Apocalipsis Now. Aguirre la Ira de Dios, El nuevo Mundo) el film de Guerra logra una voz absolutamente personal y de las más interesantes que ha dado el cine latinoamericano en los últimos años. Es que El abrazo de la serpiente es una película contemplativa (fiel a cierta tradición del cine de la región) pero al mismo tiempo bien construida en términos de trama. Es una aventura atrapante, local y folclórica pero no localista; es ideológica y sumamente política, pero sin maniqueísmos o declamaciones.


El resto del jurado estuvo integrado por el español Isaki Lacuesta (brillante director español  de títulos como La leyenda  del tiempo,  Los condenados, Los pasos dóciles entre otros), Marco Müller (director de festivales como Rotterdam, Roma y Venecia), Fiorella Moretti (directora de NDM, compañía especializada en ventas de cine de autor  de y hacia América Latina con sedes en México y Paris) y Elvio Gandolfo, ensayista y literato.

El director esloveno Iván Ostrochovsky se llevó el Astor al Mejor Director en la Competencia Internacional por Koza: un film austero, también sólidamente fotografiado, en colores, interpretado por un boxeador que hace de boxeador: Peter Koza Balaz antiguo luchador olímpico. Si hay algo que sorprende de este relato enjuto, de pocas palabras y rigurosa cámara fija es que ninguna de las peleas está filmada con la “ideal” steady de un lado u otro de los contrincantes. Es más, la última pelea (definitoria) solo es representada desde el fuera de campo. Esta elección es un verdadero acierto y seguramente ese fue uno de los aspectos que tuvo en cuenta el jurado al momento evaluar: La decisión del director de quitarle a la, o las peleas, todo sesgo de espectacularidad para concentrarse en el día a día de un luchador de las  bajas ligas que casi compite por el plato de comida, incluso arriesgando su propia vida, que tiene como manager a un ventajero y debe, además, mantener a una familia. En el periplo de Koza y su manager también emerge una Eslovenia desintegrada, sórdida, oscura. No por casualidad en la espalda del buzo de Koza leemos ESLOVENIA.  

(izq. Atom Egoyan)

El Premio del  Público, como anticipó quien suscribe en algunas intervenciones radiales, quedó en manos del consagrado director armenio-canadiense Atom Egoyan. Recuerda es una película que indaga en la vida de unos sobrevivientes del Holocausto  y tiene en el magistral Christopher Plummer  y su composición de Zev a su principal aliado. Este, con una incipiente enfermedad mental, acude al llamado de uno de sus compañeros del geriátrico para ejecutar una promesa que le había hecho a su difunta esposa, Ruth.

Recuerda, seguramente será recordado como el trabajo más lineal del director canadiense. Sin embargo es un film bien llevado que va mutando y, sobre todo, hace mutar a su personaje principal y lo que sabemos sobre él de manera magistral. Escrita por el joven Benjamin August, que de vuelta de un viaje a los Estados Unidos sintió que ya nadie hablaba de la guerra de Vietnam y pensó hacer algo similar con el Holocausto, la trama está construida en torno a la omisión y la memoria suprimida. En este punto, no sorprende que el director de origen armenio se haya sentido atraído por una historia que dice lo que no dice: el eje de sus anteriores trabajos, de Exótica a El Dulce Porvenir, fue justamente ese.

Sin embargo, a diferencia de sus películas construidas en forma de collage informacional, aquí los espectadores no dejamos de seguir ni un momento al personaje principal y los indicios que este, de una manera absolutamente hitchcockiana, va dejando en el camino y se resignifican al final. Mychael Danna, el colaborador de Egoyan desde hace años, aporta lo suyo a este trabajo sobre lo siniestro. Como le confirmó el cineasta a quien suscribe, la hermana de esta película es El viaje de Felicia donde Bob Hoskins (Hitch valga el guiño) interpretaba a un asesino serial que era el perfecto vecino. 

A propósito de cómo fue mutando su grupo de actores a lo largo de los años y si eso tuvo implicancias para su trabajo, Egoyan sostuvo “me interesa el diálogo con el público y para eso tengo que recurrir a estrellas.”. Aún así en sus trabajos, como en Adoration, siguen apareciendo su familia fílmica y real: En este Arsineé Khanjian, su esposa, interpreta uno de los roles. Recuerda se estrenará en los próximos en la Argentina. 

(En un salón del Hotel Provincial de Mar del Plata. Izq. Atom Egoyan, derecha quien firma) 

Los premios restantes de la Competencia Internacional recayeron en Erica Rivas que por su trabajo en la peícula La luz Incidente del argentino Ariel Rotter se llevó el Astor a la Mejor Actriz, en los actores de El Clan, de, chileno Pablo Larraín que también se quedó con el Premio al Mejor Guión.




jueves, 5 de noviembre de 2015

30 Festival de Cine de Mar del Plata/Apuntes 1



Seguramente el 30 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata sea recordado como el que tuvo la mejor programación en años. Y eso se debe a la presencia de José Martinez Suarez que desde que empezó su gestión al frente del evento se preocupó por poner en el centro de la escena a las películas y no a las “figuras” como se lo demandan, incluso, personas de su propia familia. Y después de mucho luchar cual naufrago contra esos y otros vientos (imagino, especulo) este año logró una Competencia Internacional a la altura de un festival de clase A - aunque podamos discutir esta categorización – , una sólida Competencia Argentina, una interesante Competencia Latinoamericana y a su vez contar con los últimos trabajos de directores a esta altura incuestionados (por su obra y el legado que empiezan a dejar en muchos) en el mapa del cine global como el tailandés Apichatpong Weerasethakul, el japonés Kitano, el taiwanés Tsai- Ming Liang (la lista de cineastas asiáticos podría seguir) y europeos como Arnaud Desplechin que con la película que abrió el festival, Tres recuerdos de mi Juventud, mantiene vivo el espíritu de Truffaut. 

El hecho de elegir para la Apertura una película francesa es todo un gesto para un festival que en algún momento quiso ser el faro del cine latinoamericano, una meta en parte difícil de conseguir al 100 %. Por un lado, los directores de la región muchas veces prefieren mostrar primero sus películas en los festivales europeos de más renombre. Por otro lado, elegir una película como Tres recuerdos de mi juventud para la inauguración es un homenaje al pasado, un guiño a la Generación del ’60 (a la cual se asocia al mismo Martinez Suarez)  que se nutrió de la nouvelle vague. Un “movimiento”, que como sostenía el mismo Godard, se jactaba de haber contado con  “los primeros cineastas en saber que Griffith existió”.

Aún así, y valga las paradojas, la mejor película de la Competencia Internacional vista por quien suscribe fue la colombiana El abrazo de la Serpiente de Ciro Guerra. Filmada en Super 35 mm en medio de la selva amazónica en la película de Guerra confluyen relatos tan dispares como Aguirre, la ira de Dios de Herzog, El nuevo Mundo de Terrence Malick y Apocalipsis Now de Coppola. Sin embargo, Guerra se las ingenia y crea algo original, superador en varios aspectos que escapa a los maniqueísmos en su exploración sobre el contraste entre el hombre occidental  “civilizado” y el hombre de la selva atrapante en cada plano, en cada diálogo, en cada posta y vuelta de río. El resultado: una película perfecta.

Debo decir que no me gusta hablar mal de las películas,  hoy más que ayer soy conciente de lo dificultoso que es la realización, pero la película argentina Mecánica Popular de Alejandro Agresti me pareció poco lograda en algunos aspectos. El más importante es que se supone que es una película de tesis que discurre filosóficamente sobre distintos temas pero sus personajes gritan tanto y están tan exasperados que en varios pasajes no entendí bien lo que decían. Zavadikner (quizás el personaje más soberbio y desagradable del cine argentino reciente) es el jefe de una editorial al que una noche se le aparece una escritora, Silvia, que violentamente le demanda que lo publique, esa misma Silvia luego se transforma en la esposa del editor que también le demanda y reclama cosas. En el medio de una catarata de insultos, enojos, pensamientos sofisticados, autores, pensadores disímiles, alcohol y sexo (una suerte de relato salvaje pero con pretensiones intelectuales) ocurre una fatalidad que se resignifica a la mañana siguiente. Me gustaron otras películas de esta director, que ha mostrado un gran talento en muchas circunstancias, pero de esta quedé en todo sentido afuera.

Cementerio de Esplendor
 
 El director que no me defraudó es el querido Apichatpong Weerasethakul que con Cementerio de esplendor indaga en la mecánica popular de un hospital de provincias en Tailandia donde conviven una mujer con una diferencia de centímetros en sus piernas, una psíquica y un soldado que se despierta y se duerme cada tanto. Conectados a través de sus sueños y sus relatos los personajes transitan distintos escenarios cotidianos que, vistos desde el lente de Joe, parecen sacados de un cuento de hadas. La verdad es que a las películas del tailandés es mejor verlas que tratar de explicarlas pero hay aspectos comunes a su vasta filmografía en esta como las trasmutaciones, la presencia de deidades paganas y las lagunas informacionales. Un cine de preguntas más que de certezas que no se parece a nada, ni a nadie. 

sábado, 12 de septiembre de 2015

15 Festival de Cine Alemán

La 15 edición del Festival de Cine Alemán que se desarrolla en Buenos Aires hasta el miércoles 16 de septiembre en los Villages Recoleta y Caballito, muestra una variada e interesante selección de títulos recientes (la mayoría de 2014) que confirman que la alemana es una cinematografía pujante y no solo sostenida por incuestionables referencias como Christian Petzold o  Doris Dörrie.

Para empezar, la película de Apertura del festival Laberinto de Mentiras de Giulio Ricciarelli es un retrato contundente sobre el inicio del juicio a los criminales de Auswichtz mentado por el fiscal Bauer. Lineal, clásica en su estructura de película de investigación (con referencias a las películas de juicios) la ópera prima de Ricciarelli (otrora actor) atrapa en su seguimiento a un joven fiscal que va descubriendo que a su alrededor no solo no quieren ver qué hicieron los nazis sino que además fueron muchos, de alguna manera, cómplices.

(Laberinto de Mentiras)

Sin embargo, lejos de otros films que abordaron el Holocausto con un sesgo amarillista o espectacular (apelando por ejemplo a la identificación emotiva y por tanto catártica del espectador) el film de Ricciarelli da cuenta de los procesos subterráneos, los cimientos del nazismo y también de la resistencia para que lo ocurrido se conozca. En ese punto, a pesar de su descripto clasicismo, la película se vuelve brechtiana. De hecho, ninguno de los personajes es mostrado como héroe, aún cuando hay motivos más que suficientes para que los veamos así.

Siguiendo con esta línea, Auswichtz como espacio físico, solo aparece como una referencia simbólica, en ningún momento los personajes lo transitan, o caminan. En Buenos Aires Ricciarelli expresó que esta elección fue deliberada y pensada, como también lo fue el hecho de que no aparezcan imágenes del horror.  Por supuesto, esto no alivia pero sí permite un acercamiento más profundo al tema.

(Giulio Ricciarelli en Buenos Aires)

Otro film para destacar es Las Mentiras de los Vencedores de Christoph Hochhäusler. Aquí un joven periodista de una revista de denuncias políticas y corrupción se interesa en el caso de un hombre que se quita la vida arrojándose a la jaula de un león en un Zoo. A partir de allí se entrecruzarán la guerra en Afganistán (habría que dejar de decir la guerra de porque los pobres afganos tienen poco que ver con eso) con una corporación que en principio recicla elementos tóxicos.

A Soderbergh quizás se le hubiera complicado hacer coincidir narrativamente las piezas de este rompecabezas pero Hockhäusler sale airoso y atrapa con una propuesta con referencias a los films noir, por la presencia de la femme fatale y la cita a Bogarth, que recuerdo al mejor Abel Ferrara. El director es también fundador de la revista Revólver.

Otra película fascinante es Remake, remis, rip-off de Cem Kaya, un documental que haciendo honor a su título se sostiene prácticamente por el trabajo de montaje y compaginación de entrevistas a los hacedores de películas realizadas en los años setenta en Turquía que eran, a su vez, versiones de películas norteamericanas de la época como El exorcista, La Guerra de las Galaxias, Rambo, etc. Mucho antes del lema de la piratería como forma de arte, propio del Siglo XXI, los turcos se las ingeniaron para hacer miles de películas.

(Rambos)

Pero lo que comienza en tono casi jocoso (mostrando el vómito de pasta que parece dentífrico de la doble de Linda Blair, la cantidad de canciones que sacadas de contexto funcionaban en otras escenas, el travelling sobre jabones de lavar la ropa) se termina transformando en una reflexión sobre el ímpetu por hacer películas a toda costa para satisfacer la demanda, salteando leyes de todo tipo: sindicales e incluso de seguridad e higiene.

Sorprende que el país del laureado Nuri Bilge Ceylán (director de Cuento de Invierno entre otros títulos de cine arte) tenga una tradición tan fuerte en películas pop pero eso de alguna manera quizás explique los productos actuales como la aquí popular telenovela Las mil y una noches.






viernes, 19 de junio de 2015

INTENSA MENTE de Disney-Pixar

Intensa Mente, la última entrega de Disney-Pixar  es una apuesta inteligente, brillante, creativa y los elogios podrían seguir. Pero ¿qué es lo que hace que este film, que cuenta en sus créditos a John Lasseter (director y productor de varios trabajos de Pixar como Toy Story) y a Peter Docter (Toy Story, UP) una auténtica gema en la historia del cine comercial? Varios aspectos…


Uno, el diálogo entre arte y ciencia, específicamente entre arte y neurociencia. Si bien en los últimos años muchas películas han tomado la mente como escenario para desarrollar las tramas (Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos o Memento) pocas habían sido tan específicas al momento de mostrar que el cerebro humano y todo lo que atañe a nuestra memoria está compartimentado. Tampoco ninguna película había sido tan elocuente al momento de señalar que en el cerebro pasa constantemente de todo y que, incluso, los vaivenes emocionales también tienen lugar allí.

Sí, en el film, hay algo de ilustración de algunos conceptos como pensamientos centrales, memoria a largo o corto plazo que seguramente en el futuro (como en su momento lo fueron el inconciente y/o conciente) serán de uso corriente, cotidiano y que también, quizás, sirvan a los científicos para ilustrar algunos aspectos de sus clases, pero la película de Pixar no se queda allí. Intensa Mente no es manual sino que se las arregla para a partir de allí contar una historia que transcurre casi enteramente en la mente de su protagonista: Riley.

En este sentido, hay muchas tramas simultáneas en la película. Una es la interacción de Riley y el mundo exterior: la relación con sus padres y la mudanza que la lleva de una ciudad a otra, por un lado, otra es la historia de las emociones que la habitan (Furia, Alegría, Desagrado, Temor y Tristeza) y por último está la historia, el viaje alucinante, de Alegría y Tristeza por los recuerdos de Riley. Todas las tramas están entrelazadas con un  ritmo y una armonía dignos de admirar.

La trama más importante es el viaje de Alegría y Tristeza. Siguiendo las premisas del viaje de iniciación, los personajes viven una aventura que los lleva a conocer y descubrir cosas que no sabían. Una de ellas, por ejemplo, que Alegría también necesita a la Tristeza para armonizar la vida de Riley. Es que, lógicamente, Riley no puede vivir todo el tiempo contenta.


Este descubrimiento que se da en el desenlace de la película (y no develaré cómo ni por qué) es muy importante, si se quiere, como mensaje: para crecer hay cosas que debemos dejar atrás. A diferencia de muchas otras películas infantiles en Intensa Mente la pérdida la lleva a Riley a crecer, a fortalecer su personalidad.

Intensa Mente no es una película sin mensaje (o moraleja sino no sería un cuento infantil) pero su  mensaje es superador de otros alimentados por los cuentos infantiles u otras películas de Disney donde la pérdida condicionaba a los personajes, los hacía más débiles, como a Bambi y/o Cenicienta, y por tanto más proclives a los abusos.

También es superadora del asunto de las princesas. De hecho, en un momento las Emociones las descartan o se refieren a ellas como una etapa que hay que dejar atrás. Teniendo en cuenta los traumas que también conlleva creer en los príncipes azules (véase sino Las 50 sombras de Grey y/o la local Abzurdah en este blog) es para celebrar que Intensa Mente apueste a contar la historia de una niña en tránsito hacia la adolescencia y que lo haga haciendo hincapié en que para superar las situaciones ella cuenta con sus propias emociones como aliadas y no con la ayuda de un agente externo: llámese príncipe o hada madrina. 

Por otro lado, es una película que también se nutre de las filosofías orientales, del Budismo específicamente, ya que se refiere a los pensamientos que nos habitan (los buenos y los malos) y cómo contrarrestarlos, sobre todo a estos últimos.

Está circulando un cortometraje: Brain Divided de Josiah Haworth, Joon Shik Song and Joon Soo Song que también parte de la premisa del adentro y del afuera, de lo que decimos y pensamos y de cómo a veces esas corrientes pueden ser contradictorias. Aún cuando los realizadores del corto negaron ellos mismos cualquier intento de copia (de un lado u otro) las semejanzas son realmente sorprendentes. Pero acaso esta premisa de lo que decimos y pensamos ¿no estaba ya presente en la serie de fines de los noventa Ally McBeal?

Aquí se puede ver Brain Divided: https://www.youtube.com/watch?v=JuyB7NO0EYY

En pocas palabras, la pureza, la originalidad en la era de la reproductibilidad es una “virtud” difícil de alcanzar pero qué hermoso es ir al cine a enfrentarse con algo conocido y al mismo tiempo innovador, con una película como Intensa Mente que tiene las dosis exactas de experimentación y esquematismo y que, como ocurre pocas veces, nos hace salir del cine mejores y no: lo contrario.


viernes, 5 de junio de 2015

Abzurdah, de Daniela Goggi por Lorena Cancela

Hay varias cosas que decir como prólogo al comentario sobre Abzurdah, la película. La más importante es que está basada en la historia de Cielo Latini una adolescente que atravesó la traumática experiencia de la bulimia y la anorexia y pudo hacerla historia, pudo hacerla relato unos años después. Desde ese lugar, la figura de Cielo es para admirar: seguramente no fue fácil escribir y al hacerlo revivir una experiencia personal  extrema.



Por otro lado, está el tema de la celebridad de la protagonista de esta historia llevada a la pantalla grande: Eugenia Suárez. Digo celebridad porque vi esta semana que fue portada de varias revistas de espectáculos donde, al menos así lo especifica un recuadro, cuenta su relación con el cantante español David Bisbal. No leí la nota, solo me detuve a mirar la tapa para ver cómo era Eugenia como actriz, o ícono si se quiere, y percibí una persona contenta. Este comentario tiene sentido, al menos para mí, para explicar que desconozco otros trabajos de Eugenia dado que llegué tarde, o temprano (depende como se lo mire) a los productos de la factoría de Cris Morena de donde, tengo entendido, Eugenia emergió.

Cuando la vi en la película me sorprendió gratamente: su trabajo es preciso, detallista, sutil, si es que cabe la palabra para referirse a acciones que son más bien violentas. Lo interesante es que compone a Cielo desde un lugar anti Actor´s studio en el sentido que no se fusiona del todo con ella sino que la hace moverse teniendo un punto de vista sobre ella. Eso le permite ir de la altanería y la soberbia a la desesperación, del capricho a la manipulación de una manera fluida. Supe que tuvo como coach (se utiliza esta rara palabra ahora) a Andrea Garrote, una actriz con mucho teatro atrás.

Todos los actores están excelentes (Esteban Lamothe, Rafael Spregelburd, Gloría Carrá) en sus papeles aún cuando sean secundarios porque la acción gira en torno a Cielo. Pero, tampoco es del todo pertinente en este caso caer en el hecho de mirar solo el trabajo actoral porque creo que estamos frente a una historia contundente, que es interesante que se instale en la agenda para pensar algunas cosas.

En este punto quiero de entrada exponer un disenso con respecto al slogan promocional del film: “A veces el amor duele.” La verdad es que el amor no debería doler, al contrario, debería ser algo gozoso. Es verdad que no siempre podemos los seres humanos lograr esta máxima, pero el amor no debería doler. En ninguna etapa. Hay que mitigar un poco el efecto comercial de “Las 50 sombras de Grey” tratándose de temas tan delicados.

Aquí adjunto el trailer para los que no lo vieron:


La historia de Cielo, de la película, es fundamentalmente la historia de una adolescente de “clase media alta”, según se define, que se enamora de un hombre más grande que ella. Y se enamora, digamos, demasiado hasta traspasar varios límites, incluso los de su propia supervivencia. Algo de Cielo se activa y se empieza a manifestar como síntoma cuando este hombre, Alejo, le pone distancia. Este hombre Alejo es un poco raro como personaje en el sentido que no termina de entenderse si es un perverso, un colgado, un manipulador, o un “piola”, un tipo que solo busca satisfacer con una chica más joven sus impulsos sexuales y poco le importa esta como persona.

De todas maneras, los padres no se llevan una mejor parte, sobre todo, la madre. La mamá de Cielo (Gloría Carrá) es una persona fría, estricta, y con poca intuición para entender lo que le pasa a la hija. En este contexto, no es raro que el padre (Rafael) tenga un rol más blando, más contenedor. Sin embargo, hay un momento realmente emocionante cuando esta pareja se une para ayudar a su hija. Una hija que tiempo atrás les había pedido ayuda cuando les imploraba ir a un psicólogo.

El asunto del psicólogo me parece central porque incluso desdice el  citado slogan. El conflicto de Cielo no viene solo por su vínculo poco gratificante con Alejo, viene de antes. Creo que leer la película como que Cielo atravesó lo que atravesó solo porque un hombre jodido se le cruzó en la vida es un poco simplista. Hay contextos, influencia de los medios de comunicación, problemas de incomunicación, una infinidad de factores que hacen que la autoestima de un ser humano, y de una adolescente, se socave.

Desde ya, la adolescencia es una etapa especial, donde se acentúan muchas cosas, donde crece el espejismo de “no puedo vivir sin esta persona que es todo”. Quizás, sobre todo a las mujeres, deberían leernos menos cuentos románticos. Insinuar “a veces el amor duele”, y sobre todo a la luz de los hechos en la Argentina, no está bueno. Creo que en vez de adelantar, y lo digo con todo respeto (sin ánimo de ser una predicadora hipócrita) atrasa. Nos conduce e eso de cargar con la cruz, de soportar el sufrimiento solos, sin ayuda, porque así es la vida, una idea todavía muy arraigada.  

Yendo a lo estrictamente cinematográfico la película técnicamente está muy bien. No es la primera vez que el cine argentino demuestra el crecimiento en este punto, aunque sí es una de las pocas veces que el cine local contemporáneo elige trasponer un libro de un autor local joven. Eso es auspicioso. Después está el modo de la película, el cómo contar los hechos: Daniela Goggi, la directora, elige un camino acertado fusionando dos géneros: el de la película teen, al comienzo, y el de la película de terror de la mitad hacia el final (sobre todo en el uso que hace del sonido y algunos contrapicados).


En síntesis, Abzurdah es una película argentina muy interesante de ver y debatir…

jueves, 23 de abril de 2015

17 Bafici/Idilio

Fue realmente una grata sorpresa encontrarme con la ópera primera de Nicolás Aponte A. Gutter, Idilio, que compite en la sección de películas argentinas del 17 Bafici que mañana anunciará a sus ganadoras.
La película, filmada en riguroso blanco y negro, comienza con una definición de su título. A partir de allí se suceden distintos planos fijos donde Camila (Paula Carruega, una brillante y sorprendente actriz) le cuenta a un interlocutor que se encuentra fuera de campo su situación sentimental con Martín.

Dicho así el lector podría suponer que estamos frente a una película contemplativa (del estilo Five de Kiarostami) pero no: la interpretación de Paula es tan contundente que a la inmovilidad de la cámara se contrapone la intensidad de sus emociones y pensamientos sostenidos con tanta convicción que la película parece casi un documental. De hecho, el mismo director al finalizar la proyección dijo que una de sus intenciones era esa.

(Paula Carruega, en Idilio)

A su vez, entre plano secuencia y plano secuencia hay canciones excelentemente elegidas, magníficas todas, que comentan la “acción”. Las canciones, completas, son acompañadas por un plano negro. ¿Es posible estar en el cine y no ver? Pues sí, es posible, este es un ejemplo que nos recuerda al comienzo de Bailarina en la Oscuridad.

Llama poderosamente la atención que una mirada masculina pueda ser tan acertada y tan aguda al momento de describir algunos mecanismos femeninos. Creo que Aponte no elige a una como protagonista porque “está bien”, porque estamos hablando temas de género. Creo que el hombre es un auténtico feminista, un tipo que disfruta estando entre mujeres. Entre paréntesis a la salida de la película me crucé con la mamá que me confundió con Valeria Bertuccelli, un encanto de mujer.

Es más, se puede percibir esto desde los créditos: quien aparece en los créditos antes que el director (al mismo nivel en el sentido de tipografía de letra y tamaño y no al final) es la productora de la película: Florencia Gasparini Rey. Una pieza clave, intuimos, en el entramado de esta pequeña pero grandiosa película que representa al auténtico cine independiente que se hace en el país.

Una vez, hace unos años, me tocó viajar al Festival de Cine de Mar del Plata en un micro nocturno con Aponte. Nos saludamos, intercambiamos un par de palabras, nos  subimos al micro, me acomodé en el sillón y me dormí. Después nos seguimos cruzando en eventos. Ayer en la presentación de la película en Buenos Aires me encantó descubrir que atrás de ese chico afable hay, además, una suerte de Truffaut contemporáneo.


miércoles, 22 de abril de 2015

Letter to Max de Eric Baudelaire/Carta a Max en 17 Bafici


Resalta en la Competencia Vanguardia y Género del 17 Bafici la película Letter to Max de Eric Baudelaire (fotógrafo, artista plástico, nacido en Utah) que fue muy bien recibida en distintos festivales el año pasado. Sustentada en un intercambio epistolar entre el Max del título y el mismo realizador, la misma recorre los últimos años de su protagonista (Maxim Gvinjia) en los cuales no solo fue testigo de la separación de Abjasia de Georgia sino donde que fue parte “funcional” de ese proceso.

Pero el documental no es (felizmente) nada parecido a ningún otro que aborda la vida de un político devenido en funcionario público. Es, en todo caso, una reflexión sobre el tiempo, la imagen y las posibilidades de esta de ser, o no, huella de una historia. Porque lo que no deja nunca lado Eric es la aproximación cercana a Max, amistosa y compinche (aunque en el final se pregunta si está bien un film contado solo desde su punto de vista).

En la vida de Max confluyen los últimos años de la convulsionada historia entre Georgia y sus vecinos, los estragos de la guerra, y al mismo tiempo la propia historia personal de Max. En algún sentido, y eso es lo que hace simpático también el retrato, Max es el anti- político: alguien muy poco preocupado por el dinero, por el poder, “muy poco ambicioso”, “frágil”, como él mismo se define.

Por las cartas que son enviadas desde Francia por Eric, Max va respondiendo y compartiendo de manera oral trozos de su vida: su relación con sus papás, su esposa, hijos y amigos. Mientras tanto, las imágenes nos ilustran un presente pero que podría ser pasado, donde los objetos de Abjasia (sus monumentos sin restauración, sus piezas de ingeniera en desuso, sus casas derruidas) conviven con una naturaleza expectante, silenciosa.

La cámara, muchas veces tiembla delicadamente, como emocionada frente a lo que descubre. En algún sentido, la película es una road-movie pero de la memoria: al recorrer a través de las cartas  lo que Max fue haciendo en su vida, asistimos a su viaje interior, conocemos sus  secretos y anhelos. Conocemos los sueños de Max: el hombre que bien podría haber sido el protagonista de La Terminal (2004).