viernes, 28 de junio de 2013

Antes del anochecer, de Richard Linklater

Las palabras y las cosas.


Debo ser sincera. No tenía enormes expectativas con Antes del Anochecer de Richard  Linklater protagonizada por Julie Delpy  y Ethan Hawke. De todas maneras, me adentré en la sala cinematográfica como trato de hacerlo siempre: sin prejuicios. Pero lamentablemente, la verdad no me siento del todo cómoda teniendo razón, mi primera intuición no falló y, muy a mi pesar, tengo que decir que esta entrega no me parece tan lograda como las anteriores. Sobre todo porque en su afán para que estos filósofos andantes digan frases inteligentes, terminan diciendo, por momentos, cualquier cosa. Y la saga  nunca se destacó por sus méritos cinematográficos sino por sus diálogos.

En la primera escena Jesse, por primera vez en rol de padre, le pregunta a su hijo si tiene todo lo necesario para abordar un avión que lo devolverá al hogar materno. Esta escena me atrapó. Hasta ese momento no sabemos si la madre es la señorita francesa con la que tuvo un romance entre Viena y Paris, o su esposa norteamericana. Luego de despedirse del muchacho los espectadores comprendemos que el niño se reunirá con su mamá norteamericana porque su actual mujer es Celine con quien tiene, además, dos hijas. Jesse sube al auto, mientras Celine habla por teléfono y las nenas duermen. Cuando ella corta no le pregunta cómo fue la despedida.

Cinematográficamente hablando la escena que sigue a esta del aeropuerto es bastante pobre: la cámara está fuera del auto, detrás del vidrio, aunque los espectadores escuchamos todo el diálogo. Insisto, las virtudes formales nunca fueron el aspecto fuerte de la saga, pero dado los recursos con los que cuenta creo que podría haber estado un poco mejor filmada. Pero dejémonos llevar por la impresión de realidad y volvamos a los diálogos. El largo rodeo por una ruta ondulada entre ruinas ancestrales –están en Grecia- los hace incurrir en frases entre el lugar común y lo políticamente incorrecto. Por ejemplo, ella en un momento “juega” con que sus hijas podrían ser cocainómanas en el futuro porque él se comió su manzana.


Efectivamente, todo ha cambiado. Aún cuando los protagonistas sigan siendo metatextuales y hablen todo el tiempo sobre sí mismos, tengan un punto de vista bien formado sobre casi todo, la acción transcurra en un día y estén en otro país, han cambiado. Jesse no es más el escritor apuesto, formal, contenido, reservado. Más bien parece (aunque es más culto) un personaje de las películas de Apatow, un tanto grosero, desalineado e histriónico por demás. Y ella se ha transformado en una mujer controladora (le pregunta repetidas veces ¿me vas a querer cuando sea así o asá?) y fría. Otra vez, no repara en que su hombre, no sin sufrimiento, acaba de dejar un hijo casi adolescente, al que no verá por meses, en un aeropuerto.

Así es como ese hermoso e idealizado cuento romántico transnacional en el Siglo XXI que era el fuerte de las entregas anteriores se transforma aquí en otra película sobre la alienación conyugal y la frustración del hombre y/o la mujer posmoderno dentro de ese enclave que es la pareja en los, o cerca de, los 40 años.

De todas maneras, y ya lo dijo Barthes, en la medida que existan escenas conyugales habrá problemas que plantear al mundo. No es que no sea interesante hablar de la pareja, pero con la antesala que tenían estos dos personajes ¿no se podía haber planteado el tema desde un lugar diferente? ¿No podían estos personajes, con la prehistoria que los unía, tener un modo de relación distinto, sin tanta alienación? Antes del anochecer es más que una película sobre los encuentros y desencuentros, o el amor y el enamoramiento, o las mutaciones del amor, un tratado sobre la neurosis extrema, sobre el control de las palabras sobre las personas y sus acciones.

A Jesse no se lo ve, ni oye, muy feliz. Y Celine se queja y despotrica contra casi todo. Celine bien podría ser, no digamos amiga, pero simpatizante de “la tana Ferro”, la protagonista de Un novio para mi mujer. Aunque si esta última encontraba finalmente el canal de expresión adecuado en la radio, su par francesa no y descarga todo en su conyugue. La verdad, me cuesta entender por qué Celine está tan enojada con Jesse. ¿Por qué dejó a su esposa norteamericana, engendraron dos hijas, y se fue a vivir con ella a su ciudad, Paris?¿O es que Jesse no elige bien a sus mujeres? La actual es colérica y la anterior, según refieren, es alcohólica.

Volviendo a la trama de la película, los personajes están en Grecia porque han sido invitados por otro escritor a pesar una estadía allí. Es época estival y una pareja anfitriona los invita con una noche de hotel. La invitación es rara (es incómodo que otros se metan en la intimidad de una pareja), aún así van. Previo a eso en la mesa del almuerzo se discute sobre al amor. Excepto porque hablan del futuro del amor, y el romanticismo en la era tecnológica, la escena podría haber sido parte de Cartas a Julieta, esa película con intertexto de la obra de Shakespeare filmada en la Toscana.

Camino al hotel, con deambuleo turístico incluido (sí, la capillita que visitan es muy linda) se empieza a gestar la tragedia griega que tendrá su catarsis explosiva en la habitación del hotel. A diferencia de lo que pasaba en las entregas anteriores es en el interior, en el cuarto, donde tiene lugar la escena más lograda de la película. Más cerca de Tape, otra película de Linklater, que de Antes del atardecer aquí los personajes y actores, aunque para mal, están más conectados. Digo para mal porque ella le echa en cara, incluso, que él es un aburrido para encarar la relación sexual. Lo sorprendente del caso es que después eso él insiste en seducirla.


Antes del anochecer trabaja con la saturación, con el extremo, con el descontrol, o mejor dicho el control, de las palabras sobre sus personajes principales. Casi no hay en esta película tonos, matices o momentos contrastados entre la pareja protagonista. Si los personajes llegan a un equilibrio este es rápidamente desbarajustado por lo que se dicen. Es verdad, vivimos en un mundo extraño, convulsionado, y los parámetros de relación están cambiando. Eso, por supuesto, repercute en el vínculo conyugal. Ahora ¿cuál es exactamente el problema de estos personajes? ¿Por qué están en una guerra interior sin, siquiera, causas reales?

¿Estamos frente a un ejemplo de “guerra de guerrillas contra nosotros mismos”, como sostenía Deleuze? ¿O será algo más banal y terrenal que el marketing llegó a la conclusión de que ver una película sobre una pareja feliz no garpa? Formulo otras preguntas ¿qué quiere decir Celine cuando le dice a Jesse que parece un español? ¿O que quiere decir cuando dice que la mujer norteamericana hace como si no pasara nada? ¿Acaso se puede generalizar así? De hecho, la que actúa así en la primera escena es ella cuando niega el sufrimiento de su esposa por la despedida de su hijo.

En pocas palabras, Antes del anochecer tiene momentos interesantes pero también tiene momentos bastante forzados. Es que en su afán de buscar todo el tiempo sorprender con latiguillos de diálogo inteligentes, estos personajes terminan diciendo cualquier cosa. Al final, el Indio Solar tiene, otra vez, razón: “pero dos que se quieren se dicen cualquier cosa”.


jueves, 20 de junio de 2013

Bárbara de Christian Petzold

Amaneciendo en un día feriado para la Argentina me topo espontáneamete con unos conductores de un programa de televisión de un canal de aire que repasan los estrenos de la semana. Uno de ellos es, por supuesto, la película Bárbara de Christian Petzold. Los que están en el piso no vieron la película pero de alguna manera la descartan “por dura”. Uno de ellos dice algo así como que “hay que tener ganas de ver algo así”.  Bárbara, efectivamente, trata de una mujer que intenta hacer su vida cortina de hierro mediante.

La elegida unánimemente por los que están en el piso es: Monster University, una nueva entrega del fenómeno Monster Inc que se ha convertido en saga. Desde ya, no se pueden negar las virtudes de esta genial película animada “para chicos y grandes” (al que le interese más este tema lo invito a que se acerque al primer capítulo de ESTADO TRANSITORIO), ni el impacto que seguramente tendrá en la taquilla en el preámbulo del receso invernal. No son los méritos de la película los que están en discusión. Lo que sí tendría que estar en discusión es que los comunicadores descarten una película, como Bárbara, sin haberla visto.

En general, el canon, o mejor dicho el gusto de la televisión, es pochoclero. Obviamente, eso no está mal (todos hemos tenido, o tenemos, algún tipo de filiación con el cine de Hollywood), pero tener un interés por un tipo de cine, no tendría que generar que se descarte otro tipo de cine. Más aún cuando se trata de una película interesante, de un realizador alemán talentoso que ha realizado varios films ya y que ha obtenido el Oso de Plata a la Mejor Dirección en el Festival de Berlín por esta película. ¿O solo cuentan los premios cuando los ganan las películas argentinas?


Bárbara está interpretada por Nina Hoss, la misma actriz de otra genial película de Petzold llamada Yella. Yella es la historia de una mujer que busca escapar de un cuadro de violencia de género.  Es cierto, Petzold toca temas “duros” pero los aborda respetando las convenciones de la ficción: creando personajes atractivos, y en muchos aspectos misteriosos, construyendo una trama abierta y al mismo tiempo con buenas dosis de suspenso. También crea historias cuyos personajes centrales son femeninos: mujeres de “armas” tomar, fuertes aún en sus debilidades que sobrellevan cargas pesadas pero no se quedan aferradas a estas.

Este es uno de los aspectos que más llama la atención de Bárbara dentro del conjunto de películas que han abordado la escisión de las dos Alemanias después de la segunda Guerra: el personaje femenino y su dimensión existencial. Bárbara de Petzold no es solo una película sobre contrastes y la “lógica” de una sociedad represiva es también una reflexión sobre la intimidad de una mujer en un contexto particular. Una intimidad que, por otro lado, será expuesta hasta donde el personaje de Bárbara lo permita: Sí, Petzold respeta como creador a su creación, y la describe sin golpes bajos, en su orfandad y soledad, con sensibilidad.

Por supuesto, en Bárbara hay escenas que responden al género de thriller ambientado en la posguerra, pero magistralmente Petzold se instala  en la cotidianeidad de Bárbara, en su esquiva interioridad. Una escena de la película es clave para explicar este exilio interior. Me refiero a la escena donde conduce su bicicleta al costado de un campo. Bárbara conduce, el viento la rodea y como espectadores sentimos, o intuímos, el cúmulo de sus emociones aunque ella no diga directa o explícitamente, nada. Respetar los silencios de Bárbara es uno de los aciertos de esta película que, como cualquier otra, merece ser vista, y comentada. 

miércoles, 5 de junio de 2013

El Gran Simulador

El Gran Simulador de Néstor Frenkel  no solo sigue en cartel sino que a un mes de su estreno ha sumado nuevas salas. Compartimos abajo la nota completa publicada en el número de mayo de la revista Caras y Caretas.


Por Lorena Cancela

Un género que algunos consideran menor, el documental, a veces termina siendo más interesante que muchas ficciones. Y el estreno este mes de El Gran Simulador la película de Néstor Frenkel sobre Héctor Lavandera, más conocido como René Lavand, es una prueba. A tiempo,  el genial ilusionista que prefiere reconocerse como “experto en cartas y artista”, y tuvo una participación cinematográfica en Un Oso Rojo, tiene una película que lo honra, lo descubre, lo muestra con el respeto y la admiración que un hombre como él, mundialmente reconocido, se merece. Como dice Frenkel: “Lavand es en lo suyo equivalente a  Maradona, (o al Papa!)”

La historia de René Lavand es conocida entre de sus seguidores: A los 9 años un accidente hizo que perdiera su mano derecha, pero no su interés por las barajas. Pero El Gran Simulador no es una película sobre el giro trágico de su vida, es sobre el hombre, el artista que es seguido por miles y miles de personas a lo largo y ancho del mundo: España, Francia, Estados Unidos, Japón, y también Colombia, Venezuela, México. “Alguien que desarrolló un arte para el que aparentemente tenía todas en contra, y pudo convertir las dificultades en ventajas revela una fuerza, una fe y una inteligencia poco comunes.”, sostiene Frenkel.

El documental se posa en el presente de Lavand con su esposa, en su casa de Tandil y su laboratorio, como le gusta llamarlo, con su paño verde donde todas las mañanas se sienta a practicar y a crear. “Cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando” dice Lavand citando a Picasso. Y también arremete: “La gente cree que soy culto pero en realidad soy un traficante de frases, aunque algo he aprendido en esta vida”. Ese aprendizaje tuvo que hacerlo solo (de allí su autodidactismo) porque en el mundo del ilusionismo no existían libros para zurdos y mucho menos que les falta una mano. “Aprender a aprender” es uno los lemas que le trasmite a algunos discípulos, muy pocos, porque Lavand se rehúsa a ser un “fabricante de artistas”.

La fama transnacional de René es tal que, incluso, fue invitado al famoso programa norteamericano “Ed Sullivan Show”. A propósito de cómo consiguió el sorprendente material de archivo de la película Frenkel nos cuenta: “Estuve buscando entre coleccionistas varios, además del propio archivo de René. Miré muchas horas de material y traté de privilegiar lo que me sirviera desde lo cronológico que no fuera lo más visto o conocido, que lo mostrara a René en distintas partes del mundo y que no redundara en  los juegos que yo mismo había registrado con mi cámara. Además, tuve la suerte de conseguir un material  desconocido, incluso para René: una filmación casera en 16 milímetros del año 1960 que aparece en los créditos.”

Dentro de este material de archivo los espectadores podrán ver una entrevista que un periodista español le hace a Lavand donde le comenta que existen rumores sobre su persona como por ejemplo que  usa solo una mano para hacerse el pícaro, o que no la usa porque recibió un disparo pues andaba en asuntos no lícitos. Pero como dice el ilusionista lo suyo solo son las “nobles trampas”. Lavand demuestra un humor, y un buen humor, a prueba de todo. Pero cuanto tiene que ponerse serio no duda en afirmar que necesitó de mucha fuerza y voluntad para sobreponerse del golpe que le dio la vida.

El documental de Néstor Frenkel – realizador también de Construcción de una ciudad  y Amateur- describe, se acerca al misterio Lavand y a su sorprendente universo (con su colección de bastones, su casa de madera con ascensor, su gato negro, una mano colgada como timbre, buen vino y buena grapa) con interés genuino: “Filmar la intimidad de su laboratorio me dio la posibilidad de ver su trabajo despojado de ciertos ornamentos que usa en sus apariciones públicas, y así conseguir un retrato cercano y cálido.” cierra Frenkel.


Su mayor acierto como documentalista es no querer ser más, como realizador, que al gran artista que retrata e intenta conocer sin preguntas capciosas, con las ganas de compartir con nosotros, o de tratar de entender, que hay detrás, o delante, de este hombre excepcional que afirma: "No se trata de que la trampa no se vea, se trata de que ni siquiera se sospeche" El Gran Simulador se podrá ver este mes en: Malba, Monumental y Cosmos UBA.

jueves, 23 de mayo de 2013

Los Posibles en la Lugones




Una recomendación para aquellos que estén interesados en una propuesta cinematográfica argentina diferente: extrañamente narrativa y al mismo tiempo abstracta. A partir de hoy se proyecta en la Sala Lugones del Teatro Municipal San Martín de Buenos Aires Los Posibles por 6 únicas funciones. Es muy difícil filmar danza sin caer en los clichés propios del "género danzarín" como la frontalidad rigurosa de la cámara para filmar la coreografía (recurso, por otro lado, tan utilizado en los musicales cinematográficos que ilustran las obras de Broadway como Chicago). Pero la película sortea el obstáculo sin caer en la tentación de encuadrar de frente y reducir así la danza a una cuestión puramente ornamental. Presupongo que la elección de rodar y montar no como el ojo humano ve la coreografía in situ sino como la coreografía se ve en la pantalla, o monitor, es uno de los aciertos de este trabajo.

Es que la danza es un arte del espacio y al sumarle como en este caso la imagen- movimiento puede transformarse, también, en un arte del tiempo. La segunda secuencia de la película (donde el movimiento acompaña a la percusión) es ejemplificativa en este sentido. Los Posibles es, además y aún en su abstracción, la prueba de que lo que algunos consideran imposible (que el arte puede salvar al mundo o, para no ser tan grandilocuente, a un grupo de pibes) todavía es posible. Los Posibles, y valga el título, bailan en búsqueda de una identidad alejada del estigma que a veces impone la sociedad. Y Mitre y Onofrí (el autor de la coreografía que se pudo ver en el hermosísimo teatro de La Plata) son también la prueba de que hay muchas facetas para seguir explorando dentro del cine argentino.

Un cine argentino que, en su faceta espectacular, se está caracterizando por buscar historias de personajes grandilocuentes, interpretadas por actores de renombre, y que viven situaciones límites. Los Posibles es exactamente el reverso de esta tendencia y, excepto por la idea de que un personaje funciona con relación a un grupo (desde adentro o enfrentado), tampoco tiene mucho que ver con la anterior película de Mitre: El estudiante. 

sábado, 18 de mayo de 2013

El Gran Gatsby/Baz Luhrmann


Tratar de explicar a El Gran Gatsby de Baz Luhrmann comparándola con otras transposiciones que se han hecho de la novela de Scott Fitzgerald sería, quizás, meterse en un callejón sin salida. Fundamentalmente porque, y como señalan los créditos del film, la película está “basada” en la novela homónima. O sea, Luhrmann no elige hacer una relectura de la obra sino tomar algunos elementos para ponerlos al servicio de su  puesta en escena que gusta de la parafernalia y el manierismo.


O sea, aquel que está buscando enfrentarse con una mirada sobre esa época tan especial, y mítica, de la historia de Estados Unidos, mejor que busque ver otra película. El Gran Gatsby de Luhrmann no es una reflexión sobre el dinero, su circulación, la corrupción u otros temas contemporáneos sino que es la historia de un personaje (Gatsby) que está profunda y caprichosamente enamorado de una mujer. De todas las lecturas posibles (entendiendo a estas como el relleno de ciertas lagunas de la historia por parte del lector) Baz acentúa y se focaliza en esa parte de la historia: el melodrama.

Por eso, el intertexto de la película son sobre todo otras películas grandilocuentes sobre personajes que atraviesan momentos cúlmines (Titanic, o El Aviador por nombrar dos títulos que también lo tienen a Leo Di Caprio como protagonista) que otras versiones, o películas, que trataron de desentrañar qué hay detrás de un hombre que vive en un castillo como, por ejemplo, El Ciudadano, o incluso Sunset Boulevard a la que Luhrmann alude casi  lúdicamente en el final.

¿De qué va entonces la trama de El Gran Gatsby? Un debutante escritor Nick Carraway (Tobey Maguire), y por indicación psiquiátrica, empieza a contar su vida y, por ende, la del enigmático personaje Gatsby. Es que Nick ha sido testigo privilegiado (y su posición como tal no la cambiará a lo largo de toda la película) de la vida de Gatsby. Así, entre idas y venidas del presente (la escritura) al pasado (todo lo que rodeó a Gatsby) se va tejiendo el entramado de la historia en la que se acentúa el melodrama. Es que Jay Gatsby está totalmente enamorado de Daisy Buchanan (Carey Mulligan) pero ella está casada con Tom Buchanan (Joel Edgerton), el antagonista y villano en cuestión.


El resto, despliegue de vestuario, de escenarios, de colores, de texturas  que en este caso se ven potenciados, sobre todo en los minutos iniciales, por el recurso del 3 D. Ahora bien, este recurso no es esencial a lo largo de todo el film. Tiene “efecto” sobre todo cuando se pone en juego cierta gramática (las tomas en picado a alta velocidad o determinados movimientos con las telas) y después deja de ser imprescindible. El Gran Gatsby se puede ver perfectamente en 2 dimensiones.

Con esto no quiero decir que la película no construya, aunque superficialmente, algún tipo de contenido. En este sentido, se podría sospechar que a Luhrmann le gusta menos la aristocracia (en el desenlace son los únicos repudiados) que los mafiosos. Es más, se podría especular con que siente algún tipo de admiración por los personajes como Gatsby, un mafioso importante, al que en su película redime. Pero no hay que pretender de esta versión más de lo que es: una película que responde al cine entendido como espectáculo.

Aún cuando podría reprochársele que no haya sido del todo cuidadoso con la continuidad de ciertas escenas  (podrían ser saltos temporales pero el vestuario de los personajes -sobre todo cuando Daisy conoce el castillo de Jay- cambia de un momento sin mucha explicación) es un buen espectáculo, es un show con mucho presupuesto detrás. 

Dicho es Gatsby de Luhrmann ¿una mala película? ¿O una película que no cumple con sus expectativas? La crítica no la recibió laudatoriamente, ahora ¿qué esperaban del director de Moulin Rouge? El Gran Gatsby de Luhrmann es totalmente Luhrmann: visualmente desbordante, arrolladoramente vertiginosa en sus minutos iniciales, fascinante en términos de cruces de texturas: las de la propia imagen (la percepción de distintos tamaños del grano) y las texturas de las telas. Es, como Moulin Rouge, una película que contrapone un escenario de época con canciones contemporáneas (algunas versionadas).

Por momentos, El Gran Gatsby parece un dibujo animado hecho con toda la tecnología a su favor. En este sentido, es que encuentra en Di Caprio a su gran actor. Dos o tres gestos del actor (Di Caprio se mantiene en general en pocos cambios de registro) bastan para trasmitir esa personalidad entre angelada y endemoniada que Luhrmann le imprime a Gatsby. En fin, El Gran Gatsby -que hasta ayer en la Argentina no se había asegurado su lugar entre las tres primeras en la taquilla- es lo que es: una película de efecto visual, manierista como otras películas de su director aunque en la que, quizás, el estudio ha metido la cola un poco más.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Estreno en Buenos Aires: En otro país de Hong Sang-soo


Por primera vez en Buenos Aires estreno en salas de En otro país de este magnífico director sur coreano.

Quizás no sea el surcoreano Hong Sang-soo el más virtuoso de los cineastas del continente asiático: utiliza repetidamente el zoom (un recurso más afín a la t.v que al cine) y sus películas, en general, son parecidas entre sí. Tampoco, y a diferencia de algunos de sus colegas como su compatriota Kim Ki-duk, ha demostrado mucho interés en los temas folclóricos. Por otro lado, si las películas asiáticas en general se caracterizan por largos silencios, en las películas de Sang-soo los personajes hablan casi todo el tiempo. Sin embargo, esto no transforma a Sang-soo en un cineasta menor. Es justamente lo que él hace diferente del resto, lo que lo hace interesante y atrapante.

Contrariamente a gran parte del cine contemporáneo que se exhibe en festivales Hong Sang-soo es un director optimista. Podría ser, y como para bautizarlo cinéfilamente, el anti Haneke, a pesar de que en la película que nos ocupa (En otro país, filmada en inglés) “use” a la actriz fetiche del austríaco. Es que en la filmografía de Sang-soo (14 largometrajes hasta la fecha y un par de cortos), aún cuando las cosas terminen mal, terminan bien. Y mientras Haneke narra las relaciones interpersonales con el apego  y el drama intrínseco a la cultura occidental Sang-soo, por el contrario, narra las relaciones  con cierto desapego.

Sin llegar al extremo de Amour (la coda romántica de una pareja que se amó y autoabasteció toda la vida) pensemos en el personaje de La Pianista: una mujer joven aferrada a sus obsesiones y rituales obsesivos,  y comparémosla, por ejemplo, con una personaje de más o menos la misma edad de la filmografía de Sang-soo, como el protagonista de Nobody´s Daughter Haewon. Evidentemente, no tienen nada que ver. Tampoco puedo imaginarme que el personaje femenino de esta misma película (una estudiante apuesta e inteligente que desestabiliza a los hombres con los que se topa) devenga en un personaje como el de la pianista en el futuro.

Eso no significa que los personajes de Sang-soo no carguen con sus frustraciones y neurosis. Lo que los diferencia, en todo caso, es que pueden entrar y salir de ellas, no se quedan atrapados. La fluidez, que muchos usan para describir sus películas, tiene que ver con esto, con la posibilidad de entrar y salir, de apegarse y desapegarse lo cual deja como resultado una atmósfera, en el mejor sentido, liviana. Incluso a veces los personajes que pueblan sus películas tienen comentarios auto- concientes sobre su accionar. Eso los hace, al mismo tiempo, reflexivos y por momentos… patéticos.

Lo interesante del caso (el guiño) es que muchas veces este tipo de personajes - como en el caso de En otro país, Nobody´s Daughter Haewon o The day he arrives-, son intelectuales: estudiantes de humanidades e incluso, cineastas y/o profesores de cine. Si hubiera que extrapolar personalidades entre Occidente y Oriente, podríamos decir que algunos de los protagonistas de sus películas tienen giros woodyallenescos.

La palabra junto con la comida son engranajes siempre presentes en su filmografía: Comer y hablar, hablar y comer (y… ¿por qué no?) no siempre en ese orden, aparecen más tarde o más temprano en sus films. Otro aspecto que emerge, casi como un personaje más, es el clima. Sí, los personajes están como condicionados por este y muchas veces su accionar (o humor) depende de si está nublado o… hay sol.

En En otro país la interrelación con el clima es bien explícita: En las tres historias llueve, o está a punto de llover. El paraguas, que juega como un objeto chaplinesco, es el hilo conductor entre las tres Anne (siempre interpretada por la francesa Hupert): una mujer que transita distintas circunstancias en el mismo entorno: un complejo vacacional, las calles del pueblo, un posible faro, la playa- La mujer, aunque sea una Anne distinta, también se topa con los mismos personajes, como el del guardavidas.


En el primer “capítulo”, Anne es cineasta y está en el pueblo costero por mediación de otro cineasta que tiene a su esposa embarazada. Sang-soo muestra a esta última un poco déspota y manipuladora. El hombre es despistado y parece no del todo comprometido con la realidad de su situación. La directora francesa es displicente, distante y “colgada”. Al punto tal que “olvida” que en el intermedio de un festival de cine se besó con su anfitrión. La escena, aparte de ser muy graciosa, da cuenta de la intensidad o la supresión del recuerdo, en uno u otro caso. Esa es otra de las “marcas” Sang-soo, referirse a cosas serias, pero en un tono cómico.


En la segunda historia Anne está en el pueblo esperando a un amante. Aquí el sueño y el ensueño tienen un papel fundamental y Anne está todo el tiempo como entre realidades. Sang-soo confunde al espectador a propósito de si el amante finalmente llega, o no.


En la tercera y última historia Anne es una recién separada invitada al pueblo por intermedio de una amiga. La mujer, europea, se muestra un tanto caprichosa e infantil. En esta historia, hay un contraste muy marcado entre la mujer occidental y la oriental (esta es casi el reverso de la mujer oriental de la primera historia). Mientras la primera considera que el entorno tiene que satisfacerla, la segunda parece muy independiente. “La escena” de esta segunda historia es la del encuentro con el monje. Otra vez, de manera liviana (que aquí no debería ser sinónimo de light) tiene lugar un inteligente diálogo entre las tres partes sobre el apego y el despojo.
Leí en algún lugar que En otro país no es la mejor película de Hong Sang-soo.  Quizás no lo sea aunque… ¿es eso importante? ¿El cine tiene que catalogarse como una competencia deportiva? Desde este  punto de vista, considero que es una suerte para los cinéfilos que una película de este realizador coreano se estrene comercialmente y finalmente en Buenos Aires y es, además, una suerte que todavía existan películas de Sang-soo en el mundo: con sus personajes emocionalmente inestables, sus idas y venidas, su baja autoestima o vanidad, su gusto por el sexo y la comida. En fin, un cineasta que ve eso que, aún con sus momentos agridulces, define a las personas en su tránsito por la vida.

Copyleft Lorena Cancela.

martes, 23 de abril de 2013

15 Bafici/Epílogo I y II


Un par de años atrás llegaba a Rotterdam para asistir al festival de cine que se desarrolla en esa ciudad. Estaba sola, hacía bastante frío, cargaba una valija muy pesada, los brazos se me acalambraban, no había escaleras mecánicas en los subtes (o mejor dicho yo no las encontraba porque no entendía nada de holandés) y se estaba haciendo de noche. La cinefilia me había trasladado a un festival considerado por muchos como el más importante en lo que a proyección de películas de las más diversas estéticas, y lugares, se refiere, pero en ese momento no dejaba de preguntarme “¿quién c… me mandó a estar acá? ¿Qué hago acá?”.

Pero… el habla (no así la lengua) es patrimonio de todos y, por suerte, me pude hacer entender con otro transeúnte. Le conté por qué estaba allí y con mucha amabilidad me explicó cómo llegar a donde tenía que ir, y también me habló del festival. Ahí comprendí que el festival era verdaderamente un asunto ciudadano (en los días subsiguientes me volví a cruzar con esta persona que contenta me contó las películas que había visto) y que había hecho bien en hacer el “sacrificio” de estar allí.

El festival de Buenos Aires es y tiene que ser un tema de la ciudadanía

Este año, en el que Marcelo Panozzo asumió la dirección del Bafici, el festival cambió de sede. Cuando se anunció el cambio (del Abasto al Village Recoleta) muchos se quejaron. “¿Cómo es posible que se vaya a Recoleta?”, según algunos el lugar cajetilla por excelencia. Esa queja desde el lugar común (habría que ver dónde se concentran los porteños más “pudientes” hoy) escondía otra cuestión: que en realidad el Bafici se trasladaba de un complejo… a otro!

Lo que quiero decir, la discusión no tendría que ser sobre qué Multiplex es mejor sino sobre si es posible contar con un edificio público donde pueda desarrollarse un festival de esta magnitud, y qué más se puede hacer para hacer del festival un evento accesible a todos los habitantes de la ciudad. Todos. Incluidos los que viven en los barrios más marginados.

Dada la situación, paradójicamente el Bafici desde su nacimiento se desarrolló en un Multiplex, el cambio del Abasto al Village no me pareció dramático entre otras cosas porque en el Village la entrada es directa al cine y los únicos negocios linderos a esta son el de un café de la M, y una librería. O sea, si bien es un Shopping Mall en la entrada a los cines lo disimula bastante. A diferencia del Abasto donde para llegar a los cines, y sobre todo si se bajaba del subte, en uno u otro momento te cruzabas con las casas de marcas de variados artículos en el Village ese tipo de “encuentro” se puede eludir.

Quizás, la contra más grande del Village es que, a diferencia del Abasto, no tiene una boca de subte tan cercana y eso, es cierto, retrasa. Esto lo compensa el hecho de que al alejarse unos metros del Complejo hay un poco de verde, un espacio abierto sin tanto cemento donde, si pinta, da para sentarse y hacer un pic nic allí. Y un poco de hipismo al Bafici no le vendría nada mal.

Las cifras impactan. Unas 370 mil personas se acercaron a las 11 sedes del Festival donde se proyectaron un total 473 películas (165 fueron cortos, 36 mediometrajes y 272 largometrajes), exhibidas en 1004 funciones comerciales y 77 funciones de prensa, con un 85% de entradas vendidas.

Más películas/The Silent Star

En distintos post me he referido a varias películas. Tengo la sensación de que este año, quizás, algunas películas fundamentales estuvieron ubicadas de manera no tan visible. Es cierto que el Bafici es un festival esencialmente de cine contemporáneo, y esa es su mayor virtud, pero este año se programaron gemas como la serie de películas de la DEFA, realizadas en la Alemania Oriental después de la conformación de las 2 Alemania, que realmente merecían la pena estar en primer plano. Por ejemplo, The Silent Star una exponente de la ciencia ficción del período post Segunda Guerra Mundial sorprendentemente parecida a Star Trek.

Las similitudes aquí van desde el elenco multiétnico hasta la voz en off del capitán de la nave que cuenta lo que va ocurriendo. Sí acá también el capitán, como hace Kirk en Star Trek, lleva un diario de viaje. Dicen que la película de proyectó en Estados Unidos un tiempo antes de la filmación de la serie mundialmente referenciada. Tener la oportunidad de ver en pantalla grande The Silent Star fue para mí unas de las experiencias más enriquecedoras de este festival.

Animals

No se puede reprochar al festival que no haya programado lo que está pasando en el cine contemporáneo. Estuvieron los grandes nombres, los nombres, y los nuevos nombres. No estoy segura de que haya sido un año muy significativo para los nuevos nombres. De todas maneras, mis apreciaciones (como insisto siempre) son parciales, no reflejan de ninguna manera el todo porque obviamente no vi todas las películas, y seguramente muchas también me perdí.

Animals es, un poco como sus protagonistas, una película como de graduación con hermosas intenciones que personalmente agradezco (sobre todo en lo que respecta a su mirada sobre los animales y la naturaleza) pero que, teniendo en cuenta sus compañeras de sección (Mujer Lobo, Arraianos, etc), quizás estaba un poco por debajo del standar. Es que Animals tiene un aire un poco amateur. De todas maneras, los últimos días me crucé con un par de películas prolijas, muy bien hechas, pero muy similares a otras que ya había visto y agradecí que existieran películas como Animals.

Joven y alocada

Dentro de la sección Vanguardia y género me sorprendió gratamente Joven y Alocada de la chilena Marialy Rivas con producción de Pablo Larraín. Esta cuenta la vida de Daniela de 17 años y su blog (homónimo al título del film) donde discurre a propósito de sus deseos y encuentros sexuales en tono soez. Lejos de cualquier tipo de pose, la película se mete de lleno y sin auto censuras en el ecléctico momento del despertar sexual en la adolescencia en medio de un contexto no exactamente contenedor o inspirador. Es que Daniela es hija de una madre, y alumna de una escuela represiva en estos asuntos lo que la lleva a pivotear de un lugar a otro. Aparentemente, la Daniela existe en la vida real y fue autora de este blog tan particular donde se mezclan la fe religiosa con las hormonas en ebullición y los castigos familiares que, como queda claro, no siempre son ejemplares, ni sirven para algo.

Los Posibles

Los posibles, proyectada en la Selección Oficial Fuera de Competencia (junto a las reseñadas El Crítico y El Gran Simulador entre otras), es el último trabajo de Santiago Mitre, el director de El estudiante, quien en este caso codirigió con el coreógrafo Juan Onofrí Barbato. Es muy difícil filmar danza y salir airoso, pero Los Posibles sortea el obstáculo sin caer en la tentación de encuadrar de frente a la coreografía (como lo hacen los musicales tipo Chicago) y reducir así la danza a una cuestión puramente ornamental.

Es que la danza es un arte del espacio y al sumarle como en este caso la imagen- movimiento puede transformarse, también, en un arte del tiempo. La segunda secuencia de la película (donde el movimiento acompaña a la percusión) es ejemplificativa en este sentido. Los Posibles es, además y aún en su abstracción, la prueba de que lo que algunos consideran imposible (que el arte puede salvar al mundo o, para no ser tan grandilocuente, a un grupo de pibes) todavía es posible. Los Posibles, y valga el título, bailan en búsqueda de una identidad alejada del estigma que a veces impone la sociedad. Y Mitre y Onofrí (el autor de la coreografía que se pudo ver en el hermosísimo teatro de La Plata) son también la prueba de que hay muchas facetas para seguir explorando dentro del cine argentino.

Vic y Flo vieron un Oso

Y si de estigmas se trata vale mencionar a Vic y Flo vieron un oso del realizador canadiense Dënis Cóté. A diferencia de Los Posibles, en este película no hay salvación en el horizonte, no hay posibilidad para Vic y Flo (una pareja de mujeres) de integrarse a una sociedad que le pone trabas, metafóricas y literales, en el camino. Quiero ser sincera, la película no me deslumbró. Quizás iba con demasiadas expectativas. Al comienzo me pareció un cuento de hadas alucinante en el que dos mujeres, finalmente y a pesar de todas las heridas, pueden consumar su amor en un entorno bucólico. Pero no, a mediados del film Cöté nos da indicios de que esto no va a ser posible y todo muta en el peor cuento de terror. No digo que la película no sea interesante, digo que me imaginé mucho más. Tampoco es tan grave, claro, y estuvo bueno poder verla. Vic y Flo vieron un oso fue, además, mi última película de este 15 Bafici.

Epílogo II

(Russo, Frías, Oubiña)

Distintos conversatorios existieron en el 15 Bafici pero solo pude asistir a la presentación del libro El nuevo cine latinoamericano de los años sesenta: Entre el mito político y la modernidad fílmica del peruano Isaac León Frías, más conocido como Chacho. Co condujeron la presentación los argentinos David Oubiña y Eduardo Russo. Como siempre estas charlas donde se repasa la cinematografía latinoamericana son interesantes  y enriquecedoras no solo por los conceptos que se ponen en juego sino porque, inevitablemente, surgen anécdotas. Algunas de las cuales integran este libro y fueron contadas por el autor que asistió a la primera edición del  a esta altura mítico Festival de Cine de Viña del Mar en los años ‘60.
Locuaz, interesado, atento a repensar la historia del cine en América Latina, y con la convicción, que personalmente comparto, de que todavía queda mucho por descubrir y revisitar, el conocido crítico peruano dio una lección de cinefilia.

Una cinefilia que, como lo demuestra cada año el Bafici, sigue viva.