miércoles, 22 de abril de 2015

Letter to Max de Eric Baudelaire/Carta a Max en 17 Bafici


Resalta en la Competencia Vanguardia y Género del 17 Bafici la película Letter to Max de Eric Baudelaire (fotógrafo, artista plástico, nacido en Utah) que fue muy bien recibida en distintos festivales el año pasado. Sustentada en un intercambio epistolar entre el Max del título y el mismo realizador, la misma recorre los últimos años de su protagonista (Maxim Gvinjia) en los cuales no solo fue testigo de la separación de Abjasia de Georgia sino donde que fue parte “funcional” de ese proceso.

Pero el documental no es (felizmente) nada parecido a ningún otro que aborda la vida de un político devenido en funcionario público. Es, en todo caso, una reflexión sobre el tiempo, la imagen y las posibilidades de esta de ser, o no, huella de una historia. Porque lo que no deja nunca lado Eric es la aproximación cercana a Max, amistosa y compinche (aunque en el final se pregunta si está bien un film contado solo desde su punto de vista).

En la vida de Max confluyen los últimos años de la convulsionada historia entre Georgia y sus vecinos, los estragos de la guerra, y al mismo tiempo la propia historia personal de Max. En algún sentido, y eso es lo que hace simpático también el retrato, Max es el anti- político: alguien muy poco preocupado por el dinero, por el poder, “muy poco ambicioso”, “frágil”, como él mismo se define.

Por las cartas que son enviadas desde Francia por Eric, Max va respondiendo y compartiendo de manera oral trozos de su vida: su relación con sus papás, su esposa, hijos y amigos. Mientras tanto, las imágenes nos ilustran un presente pero que podría ser pasado, donde los objetos de Abjasia (sus monumentos sin restauración, sus piezas de ingeniera en desuso, sus casas derruidas) conviven con una naturaleza expectante, silenciosa.

La cámara, muchas veces tiembla delicadamente, como emocionada frente a lo que descubre. En algún sentido, la película es una road-movie pero de la memoria: al recorrer a través de las cartas  lo que Max fue haciendo en su vida, asistimos a su viaje interior, conocemos sus  secretos y anhelos. Conocemos los sueños de Max: el hombre que bien podría haber sido el protagonista de La Terminal (2004).


martes, 21 de abril de 2015

17 Bafici/Court de Chaitanya Tamhane

Hay películas en algunos aspectos imperfectas pero que tienen la virtud de permanecer en la memoria, que cuestionan nuestros saberes desde algún lugar. Este es el caso de Court del dramaturgo indio Chaitanya Tamhane. En el linaje de la IPTA, aquella agrupación de teatristas devenidos en cineastas que ejerció el realismo social en la convulsionada India de los años ’40, el film de este hombre nacido en el ’87 toma la historia de un cantautor acusado de de distintos cargos y expone no solo lo fallido que puede ser el sistema judicial sino, fundamentalmente, las diferencias sociales y la marginalidad de aquellos indios que no tienen acceso ni a una educación, ni a una pensión digna, aquellos que el Estado en vez de proteger, aísla y persigue.

Sin embargo, si bien la película toma un tema social, lo desarrolla casi como si fuera una película de juicio al estilo de la Ley y el Orden. O sea, el director no se deja llevar (excepto en el final) por el dictado de los cánones festivaleros, es coherente con lo que quiere contar y con como lo quiere contar. En casi todas las películas llamadas independientes (no me pondré ahora a discutir el concepto) hay alguna escena de baile que es como un descanso en la trama, que no tiene nada que ver con lo que se está contando. Aquí, por el contrario, esas escenas son totalmente funcionales a la trama y alejadas del exotismo. 

(Imagen de Court)

Es sorprendente la mirada global que el director de apenas 28 años tiene sobre todos los personajes de su historia: el poeta, el abogado, la abogada acusadora. Incluso es elocuente como muestra las diferencias entre ellos. Generalmente, las películas que circulan por festivales realizadas por muchachos en los veinte adolecen de una lectura socio-política tan bien sustentada. Por ejemplo, Los exiliados románticos (que compite con Court) refiere a cuestiones políticas pero las elude rápidamente, se aliena de ellas, como si no pudiera tocarlas de frente, como si tocarlas atentara contra cierto equilibrio.

Por otro lado, la manera en la cual el dramaturgo se refiere a Bollywood es más que interesante. En vez de incorporar una cita, o una queja, refiere al mastodonte de la Industria cinematografía India desde un lugar lúdico y al mismo tiempo cuestionador. En síntesis, en Court la Competencia Internacional tiene una representante a la altura y nos acerca a un director que ansiamos desarrolle una gran carrera para mostrarnos su mirada sobre India. No olvidemos que en esta sección del Bafici se presentaron años atrás los primeros trabajos de directores como Apichatpong Weerasethakul.

También en Competencia Internacional se encuentra The kindergarten teacher de Nadav Lapid. El realizador israelí que obtuvo hace unos años el Premio más importante por Policeman, vuelve con una película por momentos muy interesante. Una maestra de jardín de infantes se interesa por demás por un alumno que tiene el don de escribir estupendos versos. Obviamente, el talento del niño, y como reacciona su entorno ante este, funciona como metáfora de una sociedad. El director pone la mirada en situaciones reveladoras pero en algunos pasajes no termina de desarrollar del todo a su personaje principal.

La maestra, por momentos, me hizo acordar a una de las mujeres atormentadas de las películas de Antonioni. Luego de ver WHY?, el corto que Lapid también presenta en el festival, concluí con que no estaba tan errada al relacionarlo con el cine italiano de historias de alienación. 

viernes, 17 de abril de 2015

17 Bafici/Apertura/Ragazzi/Los exiliados románticos

Viajes...

Realmente, no pude tener mejor comienzo de este 17 Bafici que con esta película. Disfruté enormemente El Cielo del Centauro de Hugo Santiago, gocé estéticamente con este viaje por una Buenos Aires ficcional pero que se parece bastante a como a veces la percibo. Un marinero francés llega al puerto de la ciudad para entregar un paquete que le es robado por una pandilla. La película está plagada de referencias (a las películas de pandillas, al mismo nuevo cine argentino a través de la presencia de determinados actores) pero también a la literatura y la pintura local. Siendo porteña pero habiendo vivido muchos años fuera de la misma por momentos compartí esa mirada turística, lúdica, que tiene el narrador sobre una situación que le pertenece y al mismo tiempo le es ajena. La apuesta de Santiago no es realista, ni naturalista, es más algunos de los objetos que aparecen (como si fueran el síntoma de una fusión de culturas y referencias cruzadas entre el tango y la filosofía asiática) fueron especialmente diseñados. Quizás la clave de esta apuesta haya que buscarla en una escena emocionante donde el personaje femenino le explica al marinero cómo Cándido López pintaba la guerra contra el Paraguay: como algo plácido, casi naif podríamos decir, y no como lo que verdaderamente fue.

De un viaje también trata Los exiliados románticos de Jonás Trueba. En su nueva incursión en el largometraje, el hijo de Fernando filma una road movie con un  grupo de amigos que discurren sobre el amor como en algunas películas de Eric Rohmer pero en un tono más jocoso. La película tiene momentos muy interesantes y en algún punto se puede relacionar con la anterior porque acá también todo parece lindo. Como si el hecho mismo de viajar hiciera al mundo más hermoso (más allá de los conflictos sociales o interpersonales). El viaje, el desplazamiento físico como forma de vida es la marca de esta película que también homenajea, insisto en un tono más cómico e incluso paródico, al cine de Linklater.

(Imagen de Ragazzi)

Con Ragazzi Raúl Perrone continúa buceando en lo que inició con P3ND3JOS y antes también: mirar a los pibes, los ragazzi del título, tratar de entender sus códigos, pensamientos, formas de estar y sentir al mundo donde los adultos no contienen. Pero en este caso la exploración está hecha desde un lugar onírico, incluso lisérgico. Hay distintas tramas simultáneas en el film divididas por movimientos; la de un grupo de pibes que juegan al fútbol, la de la referencia a Pier Paolo Pasolini, su legado y/o muerte (de hecho algunos de los textos que aparecen son del teórico y cineasta italiano), la trama de los pibes en el río. Hay cruces de variadas estéticas visuales (cine mudo, encuadres que remiten a una super 8, sobreimpresión) y auditivas como lenguas inventadas (en realidad es audio dado vuelta) y ópera y cumbia. Por momentos la película parece una suerte de Un perro andaluz pero filmado a dúo por Mekas y Pasolini. El entorno, Ituzaingó, está prácticamente borrado: las vueltas a la plaza principal con sus inevitables carteles (como el de la tienda Londres) no funcionan desde un lugar icónico. De todas maneras, en algunas escenas está el Perro del origen: por ejemplo cuando se detiene a observar un grupo de canes que quieren servir a una perra y ella no se deja. Cosas de la memoria, la escena me hizo acordar al diálogo picante que tienen las amigas de 5 pal peso al lado de la pileta donde hablan de sexo con cierto detalle. Obviamente, acá el foco están puesto en lo salvaje, lo animal, pero la escena ¿no podría funcionar transitivamente? En fin, eso también da cuenta de los viajes que tenemos los que estamos sentados en la butaca.  


viernes, 10 de abril de 2015

Adelanto 17 Bafici: corto En Las Nubes


Amor global

El Bafici proyecta un aluvión de películas pero los cortometrajes también tienen su espacio y sus adeptos. Hoy tuve una grata sorpresa al encontrarme con En las nubes un trabajo de Marcelo Mitnik, que viene de ganar un premio en el festival de Phoenix, y explora la comedia romántica de enredos con un tono fresco y al mismo tiempo local y foráneo.

No develaré detalles de la trama solo comentar que versa sobre el casamiento y la importancia, o no, que este puede tener para los personajes. O sea, dentro del género de la comedia el corto explora ese, digamos subgénero, de la propuesta de casamiento que el cine de Hollywood ha sabido explotar muy bien infinidad de veces.

Mitnik logra aquí una fusión interesante, y una vuelta de tuerca cómica, entre ese subgénero y el componente local de la indagación del amor en tono existencial. Personalmente, creo que la película tiene la virtud de al tiempo que explora el amor indagar en dos idiosincrasias (aunque en el final se borren las fronteras).

Hablado en inglés y español (el mismo director tiene una vida bilingüe), En Las nubes elige como locación una zona de Buenos Aires poco explorada que aquí se entrelaza muy bien con la trama. Los actores acompañan muy bien la "propuesta". 

Se puede ver: Miércoles 22 a las 20:15 hs en Village Recoleta Sala 3, repite el Jueves 23 a las 14:40 hs en Village Recoleta Sala 3 y el Sábado 25 a las 20:00 hs se puede ver en el Cultural San Martín Sala 2.



jueves, 2 de abril de 2015

17 Bafici


El próximo 6 de abril comienza la venta de entradas (entre 25 y 30 pesos) para la 17 edición del Bafici (Festival de Cine Independiente de Buenos Aires) que se desarrollará entre el 15 y el 25 de abril. Más de 400 títulos y una variada programación en la que conviven clásicos del cine de arte con los cineastas más avant-garde (sobre todo en una sección que viene cobrando protagonismo llamada Vanguardia y Género) se exhibirán en el Village Recoleta (sede central)  y sus 10 salas, junto a las tradicionales Alianza Francesa, Malba Cine y Centro Cultural San Martín, Fundación Proa, Planetario, Arte Multiplex Belgrano, Village Caballito y Anfiteatro del Parque Centenario donde se realizarán las funciones gratuitas.

martes, 31 de marzo de 2015

Ave Fénix, obra magistral de Christian Petzold

Con Ave Fénix Christian Petzold construye un relato intertextual (entre el drama de posguerra y el thriller) con múltiples capas de sentido que tienen al amor y la pareja, como pregunta, en el centro de la escena, para a partir de allí disparar sentido hacia otras zonas. Apelando a una narrativa clásica, con reminiscencias a Fassbinder, el guión que Petzold escribió con Farocki, está lleno de detalles, y de informaciones a tener en cuenta para comprender la profunda reflexión que plantea el film.

(imagen)

Una mujer que sobrevive a un campo de concentración con la cara desfigurada retorna a su lugar donde le practican una cirugía “recreativa”, como le dice su amiga Lena. A Nelly le cuesta adaptarse a este rostro, tiene heridas abiertas (literales y metafóricas) y una crisis de identidad. Su principal anhelo es reencontrarse con su esposo Johnny, a quien finalmente encuentra aunque este no logra reconocerla.

La anécdota remite rápidamente a Vértigo de Hitchcock  y por supuesto a Más allá del olvido de Hugo del Carril. El retorno del ser amado como la continuación de un amor más allá. Sin embargo, el guión magistral que Petzold escribió con Harun Farocki (quien no llegó a ver la película terminada) tiene ribetes, detalles más oscuros, vueltas de tuerca que llevan la historia hacia un lugar menos romántico.

En general, los personajes que retornan lo hacen por un motivo: para aclarar algo,  comprender algo o reencontrarse con alguien. Y el personaje de Nelly (interpretado por Nina Hoss, actriz fetiche de Petzold, sublime en su rol) no es la excepción. Nelly vuelve a encontrarse con su marido, con su verdadero marido: un ser mucho menos ideal que el que ella recordaba cuando estaba detenida. La reflexión sobre la “naturaleza” del amor en Ave Fénix no un tema menor

Ese hombre que no la reconoce, que en su recuerdo le salvó la vida (la memoria es selectiva) le propone un trato, una estafa: que se haga pasar por su esposa muerta para cobrar una herencia que repartirán a porcentaje. ¿Qué ha pasado con él? ¿Se ha vuelto así por la guerra? ¿Es esta la que lo ha llevado a ser un hombre frío y calculador? ¿No era acaso un músico sensible?

Nelly, para recuperar a su esposo, acepta el juego, y mientras lo hace aprende de nuevo a ser ella misma. Y mientras juega, tiene la ilusión de que de un momento a otro su esposo la volverá a recordar. Y nosotros, espectadores, ansiamos que eso ocurra para que Nelly pueda, o tenga la posibilidad, de obtener lo que tanto deseó. Pero el guión nos va brindando pequeñas informaciones que aunque sueltas, son contundentes: Johnny no fue el príncipe azul que Nelly recordaba.

De todas maneras, nunca accedemos a él. Toda la película (tal en otras películas de Petzold como Yella o Bárbara) vemos las situaciones desde el punto de vista de la mujer: es a Nelly a quien observamos sufrir, pensar, amar o actuar. A Johnny, exceptuando la mueca final, cuando es finalmente descubierto, no podemos acceder. Pero ¿es Johnny un malvado?

En todo caso, es un negador. Él está convencido de que su esposa ha fallecido, por eso no puede aceptar su retorno. No puede aceptar a una esposa con heridas. La historia no profundiza, ni corrobora lo que Lena le dice a Nelly: que fue Johnny quien la entregó. Hay  puntos oscuros, sueltos, que lo sugerirían, pero esto no se aclara del todo.

La posguerra, es el escenario donde se articulan estas cuestiones, Petzold acentúa el aire de maqueta de los exteriores, y de los interiores también. Por eso lo que empieza como una película sobre la guerra (aunque esta con su horror acecha) muta en un film de suspenso y después en una profunda y dolorosa reflexión sobre “la naturaleza” del amor.

Había leído tanto que la película hablaba de la identidad que especulé con que me encontraría con una reflexión en este sentido. Por supuesto, hay toda una línea argumental que se explayar sobre y esto y también le permite a Petzold ir sobre un tema social: el día después de la guerra cuando se levantaron las fronteras, volvieron los sobrevivientes, los norteamericanos están por acá y por allá, las familias de los nazis también. O sea, la historia privada, íntima funciona como alegoría de un conflicto mayor que el cine no ha explorado mucho.

Pero también está el otro tema: el de la desgracia del amor. Porque Nelly, como personaje individual, descubre que mientras casi todos la reconocen (la Sra. Elisabeth, la dueña del hospedaje que la ocultó, su amiga Lena, los supuestos amigos) Johnny no logra reconocerla hasta el final, quizás porque antes tampoco la había conocido realmente.

Cuando Nelly termina de aceptar esto (casi le es más fácil comprender que él podría haberla delatado, el diálogo en la bicicleta es paradigmático en este sentido, que el hecho de que él no la reconozca) es cuando resurge con un canto como un Ave Fénix. Resurge de sus propias cenizas y crece (solo por ese desenlace a Hoss deberían darle unos cuantos premios), se eleva.

Quizás, también, en algún punto la historia de Nelly sea la Historia, con mayúsculas, de Alemania: un país que en el final de la guerra se quedó sin identidad, se quemó al ver el horror que ella misma había cometido, y tuvo que “recrear” (no reconstruir) sus ciudades y sus nuevos monumentos.




domingo, 29 de marzo de 2015

Mommy, de Xavier Dolan

Sería cómodo criticar a Mommy de Xavier Dolan por sus “flaquezas” estéticas – que las tiene- o enojarse porque en el pasado Festival de Cine de Cannes compartió el Premio Especial del Jurado con el mismísimo Jean Luc Godard. Y sin embargo, después de haber visto las dos películas (Adios al Lenguaje y Mommy) entiendo e incluso celebro este premio compartido. Sí, yo misma en su momento  cuestioné este decisión – cómo podía ser que le hicieran esto a Godard- pero después de ver el trabajo de Godard y el de Dolan la decisión no me parece desacertada.

En primer lugar, Adiós al lenguaje no es una obra maestra. Es una película más – desde ya inteligente, provocadora- dentro de una extensa filmografía de un cineasta genial y original que a sus 80 años sigue tan rebelde como hace 50 años atrás. Godard es un irreverente y construye desde la rebelión: en los años ’60 contra el raccord y el montaje en el eje, en el Siglo XXI contra el 3 D. Pero sus rebeliones, casi dadaístas, a veces son solo eso: películas perturbadoras, meramente conceptuales, con poca historia o trama y profundamente metatextuales.

Mommy, sin embargo, no me pareció una película rebelde, me pareció brutal, difícil, fresca y sumamente contemporánea. No es rebelde - aunque su protagonista sí lo sea y probablemente su director también: carezco de datos sobre la vida y/o personalidad de Dolan excepto que tiene veinte y tantos- porque Dolan naturaliza lo que en Godard era rebeldía. Por ejemplo, el quiebre del raccord de mirada (la forma de articular el plano  contra plano como lo utiliza casi siempre el cine de Hollywood), o el hecho de cambiar abruptamente de punto de vista (en el comienzo del film esto es muy palpable) son formas, usos cinematográficos que en esta película son totalmente funcionales a la historia, como si el relato (el como) y el qué aquí sean lo mismo.

Es que esta manera cubista de contar, tiene mucho que ver con las emociones y el estado psíquico y emocional de los personajes. Dolan cuenta la historia desde ellos, como si fuera uno más, mantiene muy poca distancia de sus personajes y quizás por eso al comienzo abruma con los gritos, los primeros planos, los primerísimos planos. Pero ¿criticarlo por eso? Dolan es un cineasta de la era selfie y la cercanía del lente con el objeto es para él algo de todos los días – insisto más allá de que se saque o fotos de este tipo, algo que no sé-.

Por eso, creo que este premio ex aequo es bastante sutil: La filmografía de Godard es en muchos aspectos una experimentación, o búsqueda, sobre la forma y algo de lo que encontró, es tomado por Dolan que lo hace suyo y encima cuenta una historia.

¿Le faltaría mucho más? Sí, desde ya. John Cassavetes, que también era muy joven cuando filmaba,  se mantuvo cerca de sus personajes y sus historias disfuncionales y al hacer eso retrató una parte de la vida norteamericana que el cine de Hollywood no mostraba. El caso de Dolan es más acotado (como el formato de pantalla de gran parte de Mommy), centrada en tres personajes y sobre todo centrada en la relación entre una madre y un hijo atravesados por un vínculo violento e insano. Que la maternidad es un tema hermoso y a veces complejo, muy complejo, es algo que aparece en algunas películas cada tanto el asunto que Dolan, fiel a su edad quizás, lo lleva al extremo, a una bacanal de imágenes y sonidos, cambios de puntos de vista, saltos en el eje, y canciones.


Cada espectador juzgará, o no, a estos personajes de acuerdo con sus propias vivencias, cada espectador se enganchará con algunos detalles o ribetes de la trama de acuerdo a sus recuerdos. Cada espectador disfrutará más, o menos, de algunas imágenes o pasajes del film. Lo que seguramente no pase es que se quede impávido. Y eso es ya bastante decir.