martes, 16 de abril de 2013

15 Bafici/Kiarostami/Kitano/Weerasethakul

Son grandes, sin sus películas los últimos años del cine del Siglo XX serían otros. Sus filmografías trascienden estéticas. Por eso, no necesariamente tienen que hacer obras maestras con cada nueva película.. Me refiero a los cineastas Kiarostami, Kitano y Weerasethakul  cuyos últimos trabajos se están exhibiendo en este festival.

El primero desembarcó simbólicamente en Buenos Aires con Like someone in love una historia que (al igual que Copia Certificada) otra vez lo saca de su país natal Irán en este caso para trasladarlo a Tokio y alrededores. Like someone in love cuenta la historia de una estudiante de sociología (Akiko) que, y valga la ironía, tiene como trabajo ser dama de compañía. La primera escena de la película es, verdaderamente, una maravilla del séptimo arte. La muchacha está sentada en la mesa de un bar mientras conversa por teléfono, no exactamente en buenos términos, con otro. Mientras tanto, en otra mesa, otra muchacha la interrumpe y comenta sobre su conversación. Este enredo acústico se termina cuando un hombre (Hiroshi) se sienta frente a la primera muchacha y empezamos a entender de qué va la cosa.

Por intermedio de Hiroshi, Akiko entabla una relación con un hombre mayor (Takashi) que termina defendiéndola de las fauces de un novio violento. La inversión es un poco inquietante: “el bueno” de la película es el que contrata mujeres jóvenes para pasar el rato. Pero quiero creer que el cineasta utiliza esto como excusa para referirse a distintas cuestiones. Por un lado, a la soledad en la cultura tecnologizada. En este sentido, la escena paradigmática es cuando la señorita en cuestión rodea con un auto a su abuela que la esperó todo el día y le dejó varios mensajes imposibilitada de bajarse para ir abrazarla. Es una escena de auténtico terror y además está filmada excepcionalmente.

Como otras películas de Mr. Abbas, una parte importante de la película transcurre en un auto: “Mi auto es mi amigo, mi familia, mi oficina, mi casa y también mi auto, (…) En mi experiencia, las conversaciones que he tenido en un auto fueron realmente importantes.”, me confesó en una ocasión.”


Por otro lado, la película también se refiere a la alienación de los roles o las relaciones. Mientras que Akiko no puede mantener con su verdadera  abuela un vínculo real sí puede jugar a que Takeshi sea su abuelo. El “like someone…” del titulo tiene que ver con esto con “como alguien, no alguien.” En este punto se podrían plantear vínculos entre esta película y Perdidos en Tokio de Sofía Coppola (en ambas los protagonistas entablan vínculos de alguna manera disonantes), con la diferencia de que mientras los actores de Coppola son norteamericanos, los de Abbas son japoneses.

Por último, puede entenderse al film como el verdadero homenaje o la verdadera relectura que Kiarostami hace de Ozu en el Siglo XXI. Abbas participó del homenaje a Ozu en el 2003 con Five pero en esta había privilegiado el aspecto contemplativo de la obra del japonés. En este caso, ahonda en la mirada que tenía Ozu sobre las relaciones parentales, sociedades en este caso tecnologizadas y no ya industrializadas, mediante.

En Outrage Beyond Takeshi Kitano vuelve sobre las historias de yakuza. La intricada trama cuenta de una guerra entre distintos clanes (del Este, Oete, de acá de allá) que pelean hasta la autodestrucción movidos por un policía que hace las veces de director de orquesta. El primer plano de la película es impactante: desde el mar un auto está siendo rescatado. Después no va a haber mucha más agua en la película, más bien fuego, pero esa secuencia basta para entender por qué Kitano es una gran cineasta. Desde ya, es un gran actor también, y la escena que replica al plano mítico del “ojo tachado” (más bien agujereado en este caso) lo muestra de pies a cabeza.

Mekong Hotel de Apichatpong Weerasethakul es - teniendo en cuenta los parámetros del realizador en lo que a la duración de largometrajes se refiere - casi un mediometraje. En el hotel del título una serie de personajes se encuentran con sus existencias actuales, y también reencarnadas. A tono con sus anteriores producciones se dan cita en este hotel leyendas y/o mitos populares, pero también se refiere al contexto social. Sobre todo, a la relación entre Laos y Tailandia. Supongo que la entrada de este tipo de contenido tendrá que ver con el incipiente interés que el realizador manifestó, de visita en Buenos Aires hace unos años, en la política.

Aunque, obviamente, no es Mekong Hotel una película exactamente política sino más bien de tiempos paralelos y existencias superpuestas. Tratar de entenderla, o explicarla, con la lógica de la cronología o la mirada occidental no sirve de mucho. Es una película que está fuera de los parámetros de: primero pasó esto, y luego esto otro. O este personaje se relaciona con este, y este con el otro. Tampoco es posible explicarla determinando claramente cuál es la relación entre las imágenes: si son mentales, reales, u oníricas. Lo que en este caso une todo es la música, unos acordes de guitarra que terminan repitiéndose (como un mantra) e inundan los diálogos, las escenas, las imágenes. A veces la música funciona como contrapunto, a veces como acompañamiento, otras veces tapa las conversaciones.

Si en algunos directores se llegó a hablar de la experiencia de sentir el tiempo, aquí es como si el sonido se hiciera corpóreo y ocupara otro plano más allá de la imagen.

En fin, cerraré este post enfatizando que celebro que en mi ciudad, Buenos Aires, en su mítico festival (Bafici), se programen los trabajos de realizadores que han hecho, y hacen, una diferencia en la historia del cine.

domingo, 14 de abril de 2013

15 Bafici/Vanguardia y género/3


El título está bien puesto. Son en su mayoría películas de géneros (aclaro: cinematográficos) y /o vanguardistas. Son esas películas que a lo mejor los programadores se preguntaron: “¿y dónde las ponemos?” La novedad es que es además una sección competitiva que también le dará trabajo a los jurados porque las películas que la integran son muy distintas entre sí.

Por ejemplo, Vamps de Amy Heckerling (sí la misma realizadora de Mira quién habla) es una película de nuevos vampiros (me refiero a esos que no se alimentan de sangre humana como los de Crepúsculo, o True Blood) pero en tono de comedia de enredos estudiantiles. Por momentos, tiene una estética más televisiva que cinematográfica (por el tipo de emplazamiento de la cámara, o la manera en la cual estructura la trama que remite a una sitcom) pero eso no la hace menos interesante. La película de Amy no es exactamente una película “bafici” aunque está bueno que de tanto en tanto el festival le de entrada a propuestas como esta que, por otro lado, seguramente tampoco lleguen al estreno comercial porque se nota que no tienen mucha "banca" detrás en las Majors.

La historia es simple: dos amigas vampiras estudian, trabajan y se enfrentan a todos los problemas de la juventud y a los problemas que tienen que enfrentar porque hace muchos años que son jóvenes y no se pueden mostrar en la luz, claro. Una de ellas Goody se resiste a las nuevas tecnologías. La otra, Stacy, no. Los diálogos de Vamps son inteligentes y desopilantes. Algunos de ellos tienen lugar en el seno de los encuentros de Sanguíneos Anónimos. Sí, un grupo de autoayuda que contiene a los vampiros por su abstinencia a la sangre humana.


Pero Vamps, aparte de ser una más, u “otra más de vampiros”, es una película sobre la amistad femenina en su faceta más lúdica y luminosa. Goody es Alicia Silverstone –sí, la del video de Aerosmith o la chica de la película Clueless también de la Amy. Alicia conserva ese no sé qué en la interpretación que le permite construir a su personaje al mismo tiempo inteligente y despistada, sensible y mala (si es necesario). Se ve que Amy sabe dirigirla muy bien.

Ahora, sí de mujeres vampiras (de las de antes) y caníbales hablamos no podemos dejar de referirnos a dos películas que forman parte de esta sección y que están, de alguna manera, muy conectadas: Las amigas y Mujer Lobo. La primera, de Paulo Pécora, cuenta la historia de un grupo de amigas que se alimentan de carne humana. Estas arpías, que recuerdan a las Ménades de Dionisios y - ¿por qué, no?- de Cortázar - arrasan con los humanos que encuentran (no importa si son hombres y/o niñas)  para saciar su sed hasta que terminan arrasándose a ellas mismas. O sea de amigas: poco y nada.

El  Super 8, le permite al realizador explorar en el género de terror (y/o suspenso) con pocos recursos pero obteniendo buenos resultados con la iluminación, o los contrastes entre blancos y negros. Además, le da una patina extemporánea al mediometraje (dura ’30) que suma mucho para la historia. ¿El casting? Muy bueno: Mónica Lairana, Gladys Lizarazu, Natalia Festa y Ana Utrero.

Mujer Lobo de Tamae Garateguy tiene relación con Las amigas no solo porque repite una de sus actrices (Lairana) y es en blanco y negro sino porque también trata de mujeres que seducen para matar. Tiene ingredientes de género pero no responde a ninguno en especial: por momentos es porno soft, por otros momentos policial, por otros de terror, hasta transformarse en una historia de amor desafortunado. Aunque el lei motiv es siempre el mismo: una mujer seduce a un hombre, tiene sexo fuerte (o hardcore, como quieran llamarlo) y lo mata con suplicio incluido.

La historia es similar a la de la reciente estrenada Mala de Caetano y la estructura también: el personaje de la Mujer lobo lo interpretan tres actrices (Docampo, Lairana y Ariza). Pero mientras que en la de Caetano se develaba porqué la asesina mataba, aquí nunca lo sabremos. Con pocos recursos, pero con un trabajo de estética y de dirección de actores y actrices interesante Mujer Lobo demuestra que el cine argentino está vivo y hay zonas para seguir explorando.  

sábado, 13 de abril de 2013

15 Bafici/ 3 películas en Competencia Internacional


Difícil tarea van a tener los jurados de este 15 Bafici porque las películas en Competencia Internacional son muy diversas entre sí lo que prueba la vitalidad del cine producido en las afueras de la Gran Industria. ¿Qué une, a nivel de producción y estética, a Tanta Agua con Su Re? ¿O a esta con Call Girl? Casi Nada.

Tanta Agua es un proyecto que tuvo el apoyo del Bal, y cuenta con aportes de distintas entidades como la Hubert Bals Fund, e Ibermedia y está dirigida por Ana Guevara y Leticia Jorge. La historia es simple: Un padre, divorciado, lleva a sus hijos a vacacionar q Salto pero las cosas no terminan siendo exactamente cómo lo planearon, fundamentalmente porque el clima no acompaña. A partir de allí se suscitarán una serie de encuentros y desencuentros entre padre e hijos, pero también entre estos y las amistadas que entablan en este verano especial. En la la línea de las películas producida por Rizoma pero un poco más luminosa (aunque el paisaje esté tormentoso), el gran acierto de Tanta Agua es su personaje femenino protagonista: Lucía, interpretada por Malú Chouza.

Su Re es una versión de la Pasión de Jesucristo de Giovanni Columbo. A diferencia de la controversial La Pasión de Cristo de Mel Gibson, las escenas de violencia en la película transcurren mayoritariamente en el fuera de campo. Lo que no impide padecerlas porque el sonido (la respiración forzada y sufrida del actor que interpreta a Jesucristo) tiene una fuerza que trasciende la imagen. Varios aspectos distingan a esta pequeña gran película de sus antecesoras, uno de ellos es que la cámara se ubica la más de las veces a la altura de la estatura humana, y que el tiempo es discontinuo: es decir, no sigue el orden cronológico. El escenario cavernas, cuestas y laderas montañosas mostradas sin ningún tipo de adorno o espectacularidad. Y, si bien está filmada en DCP (y eso indefectiblemente le da un aire contemporáneo) sorprende porque los rostros (que remiten a las pinturas de Caravaggio) parecen de otra época. La fisonomía de Jesús es también “extraña”, tiene boca carnosa, y pelo oscuro casi crespo, y un cuerpo enjuto y robusto (con si en este confluyeran no solo las tradiciones occidentales). Por momentos, Su Re me remitió a El Molino y la Cruz construye un clima y un ritmo de época sin efectos especiales. También porque, como la película de Majewski,  Su Re es erudita, los personajes, por ejemplo, hablan sardo.


Call Girl es lo opuesto a Su Re. En primer lugar porque la estética toda remite a la década de los años ’70: el vestuario, los peinados, incluso la manera de filmar y encuadrar remite a las series de la época. Según comentó su realizador, Mikael Marcimain, la historia está basada en un hecho real que sacudió a la opinión pública sueca. De acuerdo con la película: en medio de una campaña electoral, varios políticos y funcionarios estuvieron involucrados con temas de corrupción, y prostitución de menores. Call Girl sigue, para bien y para mal, las leyes de la ficción: la historia está bien muy armada y los personajes son muy verosímiles, pero  por momentos se vuelve un tanto esteticista y deja de lado el grave tema que narra.

15 Bafici/De hombres y profesiones


De Hombres y profesiones


Dos películas argentinas muy distintas entre sí, pero igual de interesantes son exhibidas en este Bafici. La primera El Crítico de Hernán Guerschuny conocido por ser uno de los fundadores de Haciendo Cine. Interpretada por Rafael Spregelburd, El Crítico cuenta la historia del hombre del título que atraviesa, valga la redundancia, un momento crítico de su vida. Al igual que en   Vaquero de Juan Minujín aquí también conocemos los pensamientos, no del todo felices, del protagonista a través de una voz off, pero en francés. Téllez despotrica contra todo (está de alguna manera “solo contra todos”) hasta que una señorita entra en su vida. A partir de allí el anestesiado Téllez va a cambiar su punto de vista sobre el mundo y… las películas.

El Crítico se refiere, desde un punto de vista, a la crítica de cine y sus practicantes o prácticas (igual de brillantes y a veces igual de viciadas) pero es sobre todo una reflexión sobre el encuentro amoroso. En este caso, hay películas de por medio, pero El Crítico se pregunta por hasta dónde realmente aceptamos eso distinto a nosotros, ese lugar del otro al que no podemos acceder, que no entendemos y nos molesta. En este caso, insisto, hay películas de por medio. Por eso, será, como dijo Roger Ebert que ¿es mejor relacionarse sentimentalmente con personas que gustan de las películas que nos gustan? ¿Hasta dónde podemos realmente aceptar el gusto del otro? A Téllez, por ejemplo,  en un momento le da un ataque de asma porque su amada “copia” el mítico gesto de la película Titanic.

Fusión de géneros (romance, suspenso, costumbrismo), de estéticas, giros de la trama inesperados, o no tanto, la aparición de integrantes del “ambiente” del cine local hacen de El Crítico una película atractiva e inteligente. 

El Gran Simulador es un documental sobre Héctor Lavandera, más conocido como René Lavand. Materiales de archivos inéditos, incluso para el mismo protagonista, una cámara atenta, respetuosa y curiosa, descubren a este genio del Ilusionismo, reconocido mundialmente, que es Lavand. A diferencia de otros documentalistas, uno de los aciertos de Frenkel, como director, es que no quiere ser más que el personaje que retrata.

El documental de Néstor Frenkel – realizador también de Construcción de una ciudad  y Amateur- describe, se acerca al misterio Lavand y a su sorprendente universo (con su colección de bastones, su casa de madera con ascensor, su gato negro, una mano colgada como timbre, buen vino y buena grapa) con interés genuino: “Filmar la intimidad de su laboratorio me dio la posibilidad de ver su trabajo despojado de ciertos ornamentos que usa en sus apariciones públicas, y así conseguir un retrato cercano y cálido.” Sostiene.

Los que no puedan ver a El Gran Simulador durante el festival no se preocupen porque el estreno comercial está anunciado para mayo. 


viernes, 12 de abril de 2013

P3ND3JOS/15 Bafici


Que un festival se desarrolle en la ciudad en la que uno habita tiene sus ventajas, y sus desventajas. Las primeras son obvias y no hace falta explicitarlas. Las segundas: a veces es dificultoso congeniar las responsabilidades cotidianas con el hecho de ver y querer ver muchas películas. De todas maneras, no me tomo esto como una carrera. Vi un par de películas ya pero voy referirme a la última que vi: P3nd3jos de Raúl Perrone porque es la que más me impactó. Pero antes una pequeña mención al corto de Trapero (Cielo) sobre el backstage del rodaje de Gatica, el Mono de Leonardo Favio: conmovedor.

No quiero caer en esa de “es la mejor de Perrone” – eso después da lugar a “la peor de”- pero ciertamente P3ND3JOS es una película sorprendente. Es más, creo que después de este “último” trabajo (¡el Nº 30!) a Perrone deberían dejar de llamarlo “El Perro” y rebautizarlo “la Bestia”. Porque si bien la película vuelve sobre algunos temas que en los últimos años han sido objeto de su interés (los pibes en tránsito, el skate) la forma en que son abordados es complemente diferente: a través del formato 4:3 en blanco y negro, en tres actos, una coda y una duración de 2 horas y media aproximadamente.

El mismo Raúl Perrone sostuvo en la presentación de la película en este festival (colmada de pibes y pibas) algo así como: “siempre dije que las películas tenían que durar 70 minutos pero no sé qué me pasó, creo que me comí un pochoclo y la película dura esto y está bueno verla de corrido.” P3nd3jos es entonces una rara avis dentro de la filmografía de Perrone. No quiero decir que es hipnótica porque es un adjetivo que se puso de moda para describir a las películas del tailandés Weerasethakul entre aquellos que no entendían bien de qué la iba, o a los que no le llegaban sus películas, pero por esa extraña costumbre de tener que decir algo decían “hipnótica”.

En primer lugar, si bien P3ND3JOS transcurre en Ituzaingó, la ciudad no es retratada como en otros trabajos, digamos, de manera realista. Es más, es una película mucho más de interiores que de exteriores, de formas y figuras antes que de gente haciendo sus tareas cotidianas. El formato ayuda a ciertos efectos como a los primeros planos del rostro (tomados desde un encuadre parecido a la manera en que lo hace la película homenajeada dentro de P3nd3jos: La Pasión de Juana de Arco de Dreyer) y las palabras aparecen  a través de intertítulos que no son muchos pero dicen muchísimo de las relaciones entre estos chicos y sus padres (quienes apenas se muestran) y entre ellos. El resto música y sonidos.


Han dicho por ahí que es una película abstracta en oposición a  narrativa. Sin embargo, si bien hay secuencias que podrían considerarse así como la “danza” de los skaters, o la banda de sonido ambiental (la mezcla de cumbia, ópera, sonidos del contacto entre el skate y el piso, sonidos del tren) a mí me contó muchas cosas. Desde mi punto de vista, hay una comprensión y un conocimiento muy grande en Perrone sobre sus personajes. Por eso, sostengo que si bien la película puede ser en algunos pasajes abstracta, cuenta como ninguna el mundo de estos pibes en tránsito, sus rituales, sus hábitos, sus formas de relacionarse y la violencia que los acecha.

Por otro lado, también está la marca suburbana que, insistimos, no aparece de manera realista, pero está para aquel que la escuche y pueda reconocerla. Me refiero, por ejemplo, al ruido del tren. El paso del vagón por los rieles hace una cadencia muy particular y esta, depende como sopla el viento (y la hora del día), se escucha más o menos integrándose definitivamente a los actos cotidianos, a la rutina del ser suburbano. En este película no hay ruidos de aviones (y se agradece) hay ruidos del tren que pasa. Y esos ruidos forman parte del “extraño” paisaje que habitan estos pibes. Igual que los ruidos guturales que aparecían en El hombre Elefante, de Lynch, acompañaban por momentos a su personaje.

P3nd3jos es la película más cerebral que vi de Perrone. Y aunque hay marcas reconocibles (las descriptas y los famosos cielos) asoman nuevas cosas. Es también, a pesar de su aire sombrío y por momentos crepuscular, una película que le da entrada al humor. Un humor que, por otro lado, las veces que traté a Raúl pude percibir y disfrutar. Este humor asoma paradigmáticamente en la escena donde un hombre adulto se calza unos patines del “año del Ñaupa” (los de tiritas naranjas) y se manda a la pista de skate. No hace falta agregarle palabras a este momento realmente genial.

En fin, habría mucho más para decir de la película, pero como digo últimamente me contento con haber dicho algo. El próximo post también va a ser de películas argentinas distintas estéticamente aunque unidas porque sus personajes tienen ocupaciones particulares.

miércoles, 10 de abril de 2013

No/Pablo Larraín/Apertua 15 Bafici


No, de Pablo Larraín

Apertura 15 Bafici


En el mundo internáutico a veces se pierde el contexto de las cosas. Se puede encontrar un texto sobre un tema sin conocer dónde fue producido. A veces pareciera que las páginas, los sitios, los blogs,  pertenecen sola a una nación: la de internet. Pero en el mundo hay naciones, países y ciudadanos con una u otra historia individual y social y, las más de las veces, eso que se llama identidad se forma en el cruce de esas instancias.

Por eso, empiezo a escribir este texto manifestando que soy argentina. Pero además de mi existencia ciudadana, tengo otra identidad: Soy cinéfila y, a falta de una palabra mejor, crítica de cine. Digo a falta de una palabra mejor para no entrar en el debate de lo que pienso sobre este rótulo, idea que profundicé en mi último libro Estado Transitorio. Cinefilia en el Siglo XXI. No me quiero desviar: soy cinéfila entonces y me dedico al cine lo que me llevó a ver todas las películas del chileno Larraín. La primera de ellas, Fuga, la vi en el Festival de Lima.

Las películas de Larraín son muy distintas entre si, excepto porque las tres últimas transcurren durante el mandato del dictador latinoamericano Pinochet en sus distintas etapas: en el comienzo (Post- Morten), en el desarrollo (Tony Manero) y en el final (NO). Aparentemente la familia del realizador fue, en parte o en algunas de sus partes, funcionaria, o funcional, al dictador, pero a mí me parece que no tengo que tomar esos datos para explayarme sobre la película por varias razones: no conozco a Larraín, ni nada de su historia familiar. En segundo lugar Larraín no habla directamente de él, ni de su historia personal, en sus películas. Larraín no explicita “esta es mi historia, o esto está basado en mis vivencias”. Aparte porque valorar, o no,  el trabajo de una persona por su historia familiar me parece bastante determinista.

Creo que NO solo puede relacionarse con otra u otras películas. Y allí, entonces, vuelvo al comienzo de este texto: soy argentina y soy cinéfila. Soy argentina, hija de un país con desaparecidos, con abuelas que buscan a sus nietos, y con todavía lagunas a propósito de algunas cosas. Soy cinéfila: vi todas las películas de Larraín, pero también vi, por nombrar algunas, las películas de Albertina Carri, de Prividera, de Benjamín Ávila, de Ana Poliak y fundamentalmente en este caso, del chileno Patricio Guzmán.

La verdad, me costó ver NO sin acordarme de NOSTALGIA DE LA LUZ, el último trabajo de este eximio documentalista que es Guzmán, una obra maestra del Siglo XXI (en este blog se puede buscar texto y entrevista con Patricio). Pero claro, NO no es un documental. ¿Por dónde empezar, entonces? Por decir que NO es una ficción muy bien hecha: los actores están muy bien (Alfredo Castro, Bernal, Antonia Zegers por nombrar algunos), fue filmada en un soporte de la época en la cual transcurre, la historia está bien llevada, y tiene un material de archivo realmente impresionante.

De alguna manera, NO está en la línea de películas como Secretos de Estado (2011, G. Clooney), e incluso Argo (2012, B. Affleck) donde no se discuten tanto ideas políticas o concepciones del mundo sino más bien se siguen los pasos del personaje principal, y/o sus antagonistas, y el contexto social funciona con relación a lo que hacen o dejan de hacer estos. Esto está marcado desde la primera escena de la película. El protagonista René Saavedra (García Bernal) habla casi a cámara de un cambio social, de la experiencia de libertad y la imagen que sigue es de un comercial de una gaseosa.   

Es que René es creativo en una agencia de publicidad mientras se está desarrollando la campaña por el Sí o el No sobre la continuidad (basada en el plebiscito de 1988) en el poder de Augusto Pinochet. René es consultado por aquellos que militan por el No. Si bien al principio René se muestra distante con el tiempo se va interesado y cambiando algunas ideas previas. En el camino de ser la cabeza de la campaña pronuncia ideas abyectas como que hay que mostrar “lo lindo”, y no “lo feo”. Entiéndase lo feo como las madres o esposas de de desaparecidos y los fusilados durante la dictadura de Pinochet.

¿Dónde se desarrolla la película, entonces? Se desarrolla sobre todo dentro la vida de René, y en el  interior de los dimes y diretes de agencias de publicidad y sus creativos. Por momentos se discute más de estética que de política. Desde ya, no diría que René es un alter ego del cineasta (habría que preguntarle al director si se identifica, o no, y en qué con su personaje). Lo que sí puedo decir (con el conocimiento que me dieron los documentales como El caso Pinochet) que la películam aún con las leyes de la ficción, no cuenta tanto la historia de Chile como la historia del publicista René.



viernes, 5 de abril de 2013

Testigos de un Tiempo Maldito/Love Wars


En el post sobre María de Mónica Lairana comenté que estaba oficiando de Jurado en el 5 to Festival Libercine y que por eso no podía referirme públicamente a las películas que tenía que valorar en la Competencia Internacional. Pero el tiempo disuelve la coyuntura y hoy, unas semanas después, voy a detenerme en dos realizaciones de España (Testigos de un Tiempo Maldito y Love Wars) muy distintas entre sí por su duración y estética (lo que prueba la vitalidad y diversidad del cine español actual) pero igual de interesantes por la manera en que abordan las identidades de género: desde un lugar creativo, ético, y alejado del cliché.

En Testigos de un Tiempo Maldito Javi Larrauri opta por el registro documental, la investigación y la entrevista. Aquí el foco, y el plano cercano, no está puesto en quien pregunta (no es un film en primera persona) sino en los que responden. Larrauri, bien documentado pero siempre fuera de campo, escucha a sus protagonistas sin prisa. Es que sus entrevistados tienen mucho para contar: Durante el franquismo, Ley de Vagos y Maleantes primero y de Peligrosidad Social luego, fueron perseguidos por tener una identidad sexual y/o género diferente, por ser (y aunque los caballeros de la Inquisición no entendían bien las diferencias) homosexual, lesbiana o transexual.

Los títulos de las leyes son la prueba misma de la necedad. En el relato de cada uno de los entrevistados se puede comprender la organización maquiavélica, perversa e ignorante de los que tenían el poder (y como intimidaban y amedrentaban a sus víctimas) pero también se vislumbra la vida de cada uno de ellos: Félix, Coral, Andrés, Candela, Enrique, Lola, Octavio son abordados en su espesor, con sus inquietudes, sus lazos afectivos, sus anhelos y heridas, sus gustos y disgustos. Larrauri hace un documental sobre un tema específico pero que lo lleva hacia otros lugares y a nosotros, espectadores, también.

Testigos de un tiempo Maldito funciona, en el mejor sentido de la palabra, como nueva información y como prueba de que todavía hay mucho para decir, mucho para investigar sobre los actos cometidos contra la humanidad bajo los gobiernos totalitarios. Donde parecía todo dicho, y valga esto también para algunos que todavía sostienen que no es importante mirar hacia atrás para construir y pensar un presente mejor, aparece la cámara atenta, sin ansiedad de Larrauri escuchando y retratando a estos hombres y mujeres, algunos de ellos ya muy viejitos.

En España, la película, estuvo acompañada de una exposición de pinturas realizadas por el mismo Javi con los rostros de cada uno de los entrevistados.


Desde el título LOVE WARS de Vicente Bonet plantea una alusión a la película de George Lucas y efectivamente el corto arranca en el interior de una nave intergaláctica donde dos soldados ataviados de blanco (¿imperiales, clones?) conversan. Pero no hablan de cualquier tema sino de la relación que los une (son pareja) y los indignados.

En pocos minutos, el corto tiene muchos aciertos. Por un lado, dota a estos personajes prototípicos en su contexto originario de un espesor psicológico y de una voz. Por otro lado, estos personajes parlantes no dicen cualquier pavada. Uno de ellos, el más entusiasta y esperanzado, equipara la lucha por la igualdad de derechos sobre la identidad sexual con la lucha social de los indignados. Por último, genera sobre una forma predeterminada (la película referida) un nuevo contenido.

A una forma conocida (La Guerra de Las Galaxias) se le suma una nueva información casi sin alterar nada, dándole la posibilidad del habla y la expresión de sus sentimientos e ideas políticas a sus personajes. Lejos del cliché en el que caen a veces algunos realizadores cuando se refieren al amor entre hombres (mostrando personajes afrancesados, payacescos o débiles) estos soldados, especialmente uno, y como diría un tío mío, “tienen pelotas”.

Aquí dejo un link a la página del corto donde se puede ver: